Opinión
Notations/Opus 32/Coleccionismo de arte III.
viernes 4 septiembre, 2026
“No soy coleccionista. Soy un Museo” . “Teniendo mucho tiempo y todos los fondos del museo a mi disposición me puse el reto de comprar una obra de arte al día.” Peggy Guggenheim
Elvis Joan Suarez
En los pasados artículos sobre la historia del coleccionismo, escribí sobre su origen desde la antigüedad, pasando por Egipto, Mesopotamia, los objetos se coleccionaban por su rareza o por tan sencillo como querer exhibir en sus grandes palacios los botines de guerra, que simbolizarían el poder y la grandeza de estas grandes civilizaciones. En Grecia y Roma comienza la importancia y la valoración del proceso creativo del artista a través de su firma, los griegos van a establecer los primeros museos y pinacotecas de la historia de nuestra civilización occidental, por su parte los romanos desarrollarán el comercio del arte, con las “Subastas” públicas, que tenían como escenario las plazas de todo el Imperio con permiso del “César”, allí emergerá la figura del Marchante de arte, como un mediador entre el taller del artista y el coleccionista o el mejor postor. En la Edad Media el coleccionismo medieval se caracterizó por un retroceso en no reconocer la firma del artista, su rúbrica perdió valor, a cambio de la búsqueda de piezas mágicas o maravillosas, o la reliquia de algún santo, así como piezas con altos poderes curativos, a finales del siglo XIV, surgirá una élite pudiente que a través del pujante comercio: los burgueses, aprovecharán sus ingresos económicos para volver a un coleccionismo, basado en la búsqueda de obras, tanto de arte griego, como de arte romano, su afición por el arte logró ir más allá de acumular y atesorar, le sacó partido a su componente económico y mercantil, para realizar transacciones comerciales con obras de arte, trayendo como consecuencia un mercado del arte mas lucrativo e imponiendo preferencias de artistas. Los grandes representantes de esta nueva aristocracia fue la familia de los Medici, que fueron tanto grandes coleccionistas como mecenas de los colosales artistas del humanismo floreciente en Italia. El siglo XV da inicio a una nueva etapa del coleccionismo, los amantes del arte, centrarán sus inclinaciones por las creaciones de la antigüedad clásica, a buscar fragmentos del pasado greco-romano: monedas, bustos de mármol y manuscritos, esto dará principio a la aparición de la cultura “Humanista” que va a contribuir al nacimiento del Renacimiento artístico, donde se inaugurará la moda de coleccionar esculturas, cerámicas clásicas, joyas y surgiría una nueva figura: la del “Anticuario”, que será la persona que vende-compra objetos que tienen un gran valor histórico y cultural, algunos servirán de restauradores, además se encargarán de investigar su procedencia y autenticar su originalidad. En esta misma época los coleccionistas, se encargarán de financiar excavaciones arqueológicas con la motivación de obtener más piezas originales y seguir recopilando obras para sus grandes colecciones, ejemplo de ello lo tenemos con lo sucedido en la ciudad de Roma en el año 1.506, en una viña cercana, que en la época del Imperio romano fue parte del Domus Aureo de Nerón, allí se haría un gran hallazgo que tendrá un gran impacto sobre los artistas renacentistas y el conocimiento del canon escultórico griego, se descubriría la famosa escultura Laocoonte, que representa la muerte del sacerdote troyano por serpientes marinas junto a sus dos hijos, según el arquitecto Sangallo y Miguel Ángel, enviados por el papa Julio II, sería esculpida por los grandes artistas griegos: Agesandro, Polidoro y Atenodoro, de acuerdo al escritor romano Plinio el Viejo, en su obra enciclopédica “Naturalis Historia”. Un hecho trascendental también dentro de la cultura del coleccionista renacentista, fue la publicación de parte del artista Giorgio Vasari de su libro “La vida de los más excelentes arquitectos, pintores y escultores italianos”, donde expone la vida de artistas renacentistas, este compendio contribuirá al conocimiento de parte de los coleccionistas para adquirir o encargar sus obras. Paolo Giovio, médico humanista construyó un palacio en la ribera del Lago de Como en Lombardía, Italia, donde exhibirá una gran colección de retratos y frescos del mismo Vasary y se conocerá como el museo más antiguo del mundo, además familias como los Medici y los Strozzi, compartirán sus colecciones con el papado y a su vez el Vaticano se encargará de abrir las puertas de sus museos al público. El humanismo hizo que surgiera la idea de un “gabinete de curiosidades” o el cuarto de las maravillas, no era más que un espacio, ya sea una habitación o un mueble especial, donde los coleccionistas exponían sus objetos, es decir, funcionaban como pequeños museos privados o enciclopedias visuales, allí guardaban objetos raros: fósiles, minerales, conchas, plantas y animales disecados que incluían a los del “nuevo mundo”, también obras de arte, instrumentos científicos o tecnológicos de la época, igualmente estos espacios llenos de objetos le servía a la burguesía para demostrar que habían logrado dominar o poseer los secretos del mundo, los “gabinetes de curiosidades” fueron la cristalización del paso de la cosmología medieval de síntesis espiritual a un modelo epistemológico de exhibición y dominación cultural. El coleccionismo del siglo XV al XVII funcionó como para tener posesión del mundo a pequeña escala, simbólicamente significaba dominarlo, la élite de la época utilizaba la cultura de lo material como legitimación social, esto conllevó a que el coleccionismo tuvo un gran papel en la geopolítica, con la llegada masiva de objetos de América, África y Asia, los coleccionistas transformarían sus colecciones en mapas vivos de la dominación imperial. En el siglo XVII el impulso ordenador del periodo barroco comenzó a dejar atrás el paradigma del gabinete de curiosidades, para sembrar las bases de la transición hacia el museo institucional y el método científico moderno, el desorden de lo “maravilloso e insólito” dio paso a la lógica a través del catálogo ordenado que sustituyó la fascinación mágica, por el control racional, haciendo que se mantuviera intacta la “Colección” como símbolo de capital cultural y prestigio de élite. El coleccionismo en estos siglos constituyó un eje de la intelectualidad, la construcción de una identidad de clase y una justificación de poder.
Destacados













