martes 3 agosto, 2021
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Regresar al 27 y 28 de febrero de 1989

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Julio Azara Hernández *

Se dice que el viaje en el tiempo no existe, algunos científicos incluso lo proclaman como imposible, pero el viernes 17 de octubre de 2019, Yo (y muchos conmigo), regresamos en el tiempo hasta el año 1989.

Si el 27 y 28 de febrero de 1989, vi y viví los mismos acontecimientos, transporte quemado, calles inundadas de manifestantes, consignas de fuera XXX ,  abajo XXX, basta de  XXXX, pero sin contenido verdadero. Todos decían estar cansados, pero nadie sabía de verdad de que estaban cansados, ya que cada uno señalaba una razón diferente. Eso sí, quemar, robar y saquear, era un lenguaje que se hacía común a muchos de ellos.

Lo sucedido en la Caracas de 1989, se reproduce en el Santiago de 2019. Ahora, ¿por qué digo que es viajar en el tiempo?; la razón es simple, el libreto es exactamente el mismo, aumento de precios del pasaje, descontento por el aumento, manifestaciones de calle e incendio de un país.

Si revisamos los hechos, son exactamente los mismos, se busca generar una presión social importante, con demandas sociales generalizadas, se plantean soluciones populistas e irreales por los líderes que “recogen el malestar popular” y por último,  se busca un detonante que actúe como fulminante, de la chispa y encienda la mecha que incendie todo.

EL llamado caracazo de 1989, fue considerado como una explosión social por mucho tiempo, se estudio en sus causas y efectos como un movimiento social espontaneo, pero 10 años después de su ejecución y con la llegada de Hugo Chavez al poder en Venezuela, la verdad salió a flote, el Caracazo había sido organizado por los activistas de la izquierda que recibían instrucciones del régimen cubano y la presencia de Fidel Castro en Caracas para la toma de posesión de Carlos Andrés Pérez, se había convertido en el Banderazo que dio inicio a la operación de desestabilización de las instituciones en Venezuela.

Ahora bien, ¿por qué regreso al pasado?, ¿qué tiene que ver con los hechos del Santiago de 2019?, como dice el personaje de Saladino en una excelente película “NADA” y “TODO”.

El libreto es el mismo, aplicado en Venezuela en su momento, hace unos días en Ecuador y esta semana en Chile.  La desestabilización es la misma, la preparación de cada país es diferente, Ecuador con menos infraestructura, sufrió daños, pero no había tanto que quemar. Chile por el contrario, con mejor infraestructura, dio bastante material de destrucción a los “manifestantes”, que sin ningún rubor quemaron el transporte, los supermercados, las farmacias y todo lo demás que pudieron.

Quemar el metro tiene un objetivo, crear malestar en los meses posteriores por los problemas de transporte, lo que va a desencadenar críticas al gobierno, culpable de la falta de transporte por una u otra razón, nadie va a recordar quien lo quemo, todos van a apuntar hacia el gobierno como responsable de mantener el servicio. Los daños a la Economía van a ser de gran magnitud, los puestos de trabajo que se perdieron van a demorar años en ser recuperados y mientras tanto se volverá a apuntar hacia el gobierno como culpable del desempleo. Otro efecto casi inmediato será la carencia de centros de abastecimiento y de farmacias cercanas, ya que las cadenas no van a reponer los supermercados y farmacias a corte plazo o quizás nunca, lo que implica un deterioro de la calidad de vida, más malestar y nuevamente caldo de cultivo para los que quieren desestabilizar.

Ahora bien ¿cuál es el efecto de este “levantamiento Social”?, la respuesta es simple, generar caos y desconcierto, desconfianza en la clase política, aupar un urgente cambio institucional, la renuncia del Presidente y demás autoridades, una nueva Constitución. ¿Suena conocido de nuevo?;  si, eso ya paso en Venezuela. No en balde el Secretario General del Partido Comunista de Chile, pidió formalmente la Renuncia del Presidente y la convocatoria de elecciones, su movimiento está perfectamente calculado, quiere capitalizar los efectos del momento, quiere instalar una idea de cambio institucional como solución a la crisis creada y así pavimentar el camino hacia  una institucionalidad que pueda ser coaptada por los movimientos de izquierda y pueda ser dominada, con lo que se instaure un gobierno afecto a sus ideas, que domine institucionalmente al país y lo convierta en un miembro más del club de países socialistas de Latinoamérica.

El libreto entonces es el mismo, se repite nuevamente, ya está probado que sirve, ya llevó a diversos personajes al poder, tales como Evo o Correa. Ahora se aplica la misma receta a Chile y queda la pregunta en el aire, ¿es la institucionalidad chilena lo suficientemente fuerte como para soportar este embate?. En los próximos días y meses lo sabremos, por lo pronto ya quedó sembrada la semilla, ya la ilusión de “poder para las masas” se generó; ya algunos empezaron a pensar en la posibilidad de la denominada “tercera vía”, el advenimiento de un mesías político de izquierda que viene a resolver todos los males y que desbordará bienestar para todos. Ya se creó la ilusión,  cómo la institucionalidad aborde el tema será fundamental para evitar el camino hacia el que lo quieren forzar, un camino de populismo izquierdista, que no tiene más objetivo que la toma del poder y la destrucción de las instituciones;  o para retomar la senda democrática de cambios y bienestar social, que construya y no que destruya lo ya conseguido.

*Abogado / E-mail: [email protected]

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