Relatos escolares

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Gustavo Villamizar  Durán

En las rondas permanentes por las escuelas tratando de atisbar su trabajo y sobre todo su incidencia real sobre la formación de los discentes, he tenido la oportunidad de acompañar al estimado Profesor Mario Salas en su proyecto de muchos años de las Olimpiadas Matemáticas, hoy ampliadas en Encuentros con las Matemáticas y el Lenguaje. En estos eventos participan como representantes de sus institutos públicos municipales y estadales, junto a los privados, los alumnos más destacados de 5° y 6° grados.

Aun cuando el propósito de tales encuentros es el de sondear las fortalezas y debilidades de nuestros educandos –y nuestra educación- en esas dos áreas fundamentales, hay en ellos actividades y elementos en las pruebas, que permiten ver un poco más allá de la estricta realización de tales eventos. En este caso encontramos en el área de lenguaje el requerimiento de elaborar relatos o composiciones relativos a temas de amplio conocimiento o a efemérides cercanas, como el día del libro y el idioma, el 19 de abril, la amistad y el día de la madre, entre otros. Demás está decir que estoy absolutamente claro que una prueba no puede ser asumida como un recurso infalible y menos, que pueda mostrar las capacidades y potencialidades de quien las realiza, pero sí, es un indicador, una referencia, más que  de los contenidos a evaluar, sí de los procesos de aprendizaje ejecutados  y las herramientas mentales activadas y desarrolladas por el alumno en esa labor.

Es bueno, igualmente, señalar la presencia en nuestras aulas de “otra infancia”, diferente a la que se conoció hasta los últimos años del siglo anterior. Se trata de niños muy tocados por los elementos tecnológicos, quienes a muy temprana edad ya manipulan con solvencia un teléfono celular dominando sus funciones y aplicaciones, manejan un léxico más amplio que el de años atrás y se expresan verbalmente con solvencia a veces sorprendente, abordando temas muy diversos considerados antes “para adultos”. Es fácil también, escucharlos en sus conversaciones ofrecer con soltura explicaciones y razones inimaginadas otrora. Sin embargo, estos detalles atinentes a una nueva condición infantil como características de su entender, razonar, comparar, confrontar y explicar, propios de la activación de las funciones superiores de la mente,  no se aprecian o aparecen muy débilmente en los relatos elaborados dentro de la escuela a solicitud del docente. Por el contrario se observa dificultad, a veces muy alta, para abordar el tema siendo este conocido, ordenar la redacción, darle coherencia e ilación, desplegar la información y menos, utilizar alguna figura literaria.

Ante la circunstancia relatada, uno se siente obligado a preguntar con el pedagogo italiano  Francesco Tonucci: “¿Dónde están los genios del preescolar?”  ¿Qué pasó con sus genialidades? ¿Qué fue de sus “certeras” respuestas a casi todas las interrogantes? ¿Dónde quedaron sus maravillosos relatos mezcla de realidad y ficción?  Y en este trance tenemos que mirar a la escuela, es en el modelo educativo donde están los orígenes de las limitaciones descritas. Es en el pánico de las evaluaciones, es en la copia y el dictado como único ejercicio cotidiano, es en el permitir que el discente hable no para  expresarse sino para  responder preguntas, interrogatorios, exámenes, quizz y demás prácticas tormentosas, es en  la creencia de que copiar es escribir y memorizar contenidos es leer, es en el “tu no sabes” martillado por el docente y en últimas, es en esa práctica de absurda repetición que asume hoy la tarea de enseñar y aprender, donde están los gérmenes de estas y muchas otras anomalías de nuestra educación. Solo a manera de verificar lo que aquí digo, los invito a observar a estos discentes limitados en su expresión en el trabajo del aula, comunicándose en las redes sociales o participando en un programa radial.