Repelencias 236

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Llegamos de Pregonero y fuimos testigos del apoteósico triunfo aquella tarde de Paco (Así le llaman los guelefritos que pululan en el callejón de la plazaMonumental sin tener nada que ver con las suertes taurinas). Orejas, rabo y patas. Pañuelos al aire y San Cristóbal Andina en las voces del aquel gentidalón. Los senderos que llegan a los kioskos espumosos, repletos de hermosas mujeres y tantos amigos con sombrero de caída asoleada, ofrecían una borrachera de feria. Desde la altura de la plaza, en su salida hacia el estacionamiento, intentamos llegar al carro de Melquiades. A mi tía Pulqueria se le “fue” una media y trataba de remendarla con pintura de uñas en la camioneta Apache de mí tío. La bajada por las escaleras sirvió para las promesas de -Nos vemos ahorita en el kiosko de RicardoVillamizar. Cosme miraba tanta gente arrejuntada e intentaba saludar a Víctor Hugo Mora, quien caminaba veloz a preparar el baile de la reina en el hotel Tamá con la orquesta Billo. En esas, Cosme cayó en un hueco sin rejilla que estaba cerca del Radio Club. –Qué te pasó, compadre, preguntó mi tío al ayudarlo a salir del foso. –Nada, Melquiades. Nada. Las muchachas que prometían una tarde-noche de emociones con nosotros, siguieron soltando la risa y tomando cerveza a galones. –Dónde quedará un baño, preguntó Fátima, víctima de esos riñones recién exprimidos. –En los pabellones hay baños, preciosa. Melquiades sabe cuándo piropear y brindar a una jeva. Las señoritas enfilaron, empujandito, a hacer aguas y ahí fue. De repente, Cosme cayó al piso, como fulminado por un rayo. –Ayyyy…Ayyyyy….Ayayayyy. El pobre hombre intentaba subir la manga del pantalón para dejar descubierta una raspadura enorme que le dejaba ver el huesito claro de su espinilla flaca, producto de su caída al hueco sin rejilla y que, por pretencioso machista, había disimulado tantas horas frente a las nenas. –No le den más miche a ese hombre, gritó José Antonio Muñoz, encaramado en el kiosko.

¿Será posible que la cuestión política nos devuelva la tranquilidad de levantarnos algún día sin este rostro angustiado al que nos acostumbró este gobierno? Los muchachos no creen que un maestro venezolano podía comer carne todos los días. Y pollo, huevos, pescado, verduras y hasta enlatados importados. Si, lo tildan a uno de mentiroso cuando les explicamos que un maestro tenía carrito y viajaba por toda Venezuela sin sobresaltos. A veces miran de reojo al que asegura que un maestro levantaba a una familia sin otra entrada económica que el sueldo que recibíadel Ministerio de Educación. Se ríen, incrédulos, al decirles que el maestro podía comprar ropita y calzado para toda su familia. ¿Será posible que el maestro venezolano logre hacer valer su importancia ante la sociedad? Le toca decidir eso al propio profesor, colegas.   

Jefferson Soteldo jugará este año con el Santos de Brasil. El chamín criollo va a demostrar sus habilidades y velocidad a la hora de un quiebre violento con tiro perfectos al arco. También Jhoandry Orozco va a probar suerte con sus asistencias en el Puebla de México. Ahí vamos, preparándonos para la Copa América, señores.

Carlos Orozco Carrero