Repelencias 256

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Empezó la pelota sabrosa en el Club Latino. Muchos equipos, distribuidos en varias categorías, sacaron sus uniformes “alcanforinizados” para intentar romper la bola en cada lanzamiento de los pitcher contrarios. ¡Playy…baaall!

La fiesta de San Juan la celebraron los ermitaños el pasado lunes. En la plaza Páez se reunieron, previo a la santa misa, los insistentes habitantes de la zona y algunos invitados de lujo, quienes intentan mantener esta celebración en el recuerdo y la presencia activa de los nacidos en esas calles de armonía fraternal entre vecinos y amigos. José Mario, quien  difumina sus chasquidos rítmicos cuando está con Maura. Ricardo Montoya, Miguelito, los Omar, caraota y Pérez Díaz, junto a la siempre reina Lorena y el resto de guelefritos esperamos brindis y nos quedamos trozados de hambre, pero con la alegría de participar en esta gran celebración. Llevaron conjunto de cuerda excelente.

Con la visita de La Comisionada Por Los Derechos Humanos acomodaron un poco la casa. Así era en Pregonero. Cuando una autoridad amenazaba con visitar al pueblo en gira administrativa, corrían a arreglar la carretera para que pudiera transitar sin problemas. Después, nos quedábamos con esas vías despedazadas. Bueno, hoy día esas carreteras están en peores condiciones que hace 40 años y la señora Bachelet pasará agachada ante la situación del país y ni una patroleada por esas vías infernales.

El corte de pelo hay que llevarlo con categoría. Camilo Hermógenes, un muchacho dicharachero y muy de su casa, acostumbraba a tener su cabello al estilo copete en bucle. La mañana de un sábado soleado sirvió de marco para que nuestro compañero de infancia intentara ganar algún realito en una juega de ajiley. Perdía y ganaba. Tres bolívares…Un bolívar…Real y medio…Tres cincuenta. De Repente, un resto con cincuenta de mano. Camilito gritó desesperado: –¡La plata de la peluqueada!  La pata le mató ese ajiley con un cincuenta y uno en oros. Camilo, su padre, sabía qué hacer en casos de embolsillar las obligaciones con el barbero del pueblo.

La Vinotinto muestra cada día nuevas ideas para avanzar en su ascenso a lugares superiores dentro del futbol mundial. Tengo un sencillito para apostarle a Gerardo Colmenares cuando regrese de los EE.UU. Ojala traiga bocadillos.

-Me voy a España, sobrino. Melquiades siempre amenaza a  Pulqueria con huir de esta tragedia a la madre patria. -Usted ya está muy viejo para esas gracias, grita mi tía. –Allá también hay viejitos. Los he visto por televisión, carretico. Ah, rigor…

Carlos Orozco Carrero