lunes 24 enero, 2022
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Repelencias 300

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Carlos Orozco Carrero

Son tres centenas las cumplidas por estas repelencias tan antipáticas en el día de hoy. Muchos sábados intentando cambiar el mal genio de nuestra gente en tiempos de angustias, resaltando costumbres, música, deportes, cuentos, aventuras, y pasiones intensas de una familia muy tachirense, que también puede ser la de ustedes, con mucho respeto. Melquiades, Pulqueria, Cosme, Sósimo, Marucha, Aniceto y tantos amigos que llegan de visita a la vieja casona de mis tíos se esfuerzan en el intento de vivir sin tanto sufrir y quejadera. A veces los lectores no creen mucho en estos relatos recreados para darle sabor a sus repelencias. Sin embargo, ahí vamos, empujando la vieja camioneta Apache para que prenda en la bajadita. Ah, de política y economía hablamos cuando haya algo bonito que contar. -¡Traiga un trago de café, mujer!

Los fanáticos de la Yankees de Nueva York se quejan  del error cometido por los constructores del nuevo estadio para el equipo de la gran manzana. Fíjate, carretico, dice Cosme. – Los que tenemos los abonos para las sillas altas, entre el center y el left field, estamos obligados a acudir a los televisores puestos en algunas paredes para poder apreciar las jugadas que ocurren en esas praderas. Muchos muros altos, que sirven de sostén a las gradas superiores, obstaculizan el panorama completo y quedamos ciegos y sin vista. –No creo eso, Sósimo, le repliqué. –¿Por qué no? –Lo del estadio sí, gordo. Lo que creo que es mentira es que usted vaya a los juegos de los Yankees…

¿Qué pasaría si todos los profesores que están en el gobierno salen a hacer mercado con sus sueldos dependientes del Ministerio de Educación?

Las crónicas de Hilarión, amigo de siempre y vecino de la carrera 5 en La Grita, refresca recuerdos entre los que conocimos sus andanzas, que son las nuestras también, por épocas mejores en la ciudad del Espíritu Santo. Sus amigos disfrutamos de su particular estilo de contar esas correrías que nos arrancan suspiros de nostalgia a los que tenemos la suerte de leerlo. Las plumillas de Pepe Camargo ilustran tantos relatos. –Yo tengo el libro, comenta Pulqueria.

Cuando le preguntaron a Don Tulio el por qué el éxito de su negocio de víveres en tan poco tiempo de establecido, comentó que él era un hombre sano y considerado con sus clientes. –Yo a todo le gano el cuatro por ciento y me va muy bien, aseguró. –Es un trabajo fuerte y ya tengo dos locales más que le agregué al negocio. –¿Seguro que es un cuatro por ciento lo que le gana a la mercancía con tan gran desarrollo comercial, Don Tulio? –Claro, Cosme. Por ejemplo, compro un producto en 100 bolívares y lo vendo en 400. – Cuatro por ciento y todos conformes, caballero.

Las goteras nos sorprenden otra vez, panitas. A correr las camas para dormir tranquilos.

Esperamos con fervor la oportunidad de regresar a Pregonero lo más pronto posible. Un abrazo fraternal a los amigos de siempre y una vuelta por las calles que nos marcaron los caminos serenateros en noches de luna bella, cómplice de amores eternos. Ya vamos, paisanos del alma.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hay desespero en las organizaciones deportivas en el mundo. Con esto de suspender los eventos en lo que va de cuarentena, todos quedamos fríos y las pérdidas son increíbles, amigos. Hace falta ver siquiera por Televisión las jugadas del beisbol de grandes ligas y los pedalazos en las vueltas grandes del ciclismos mundial. Ay, chinitos.

José Gregorio Hernández recibió la aprobación del Vaticano sobre su mediación divina en el milagro concedido por el Todopoderoso a la joven Yaxuri Solórzano. Fiesta en Venezuela, caballeros.

 

 

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