Opinión

Repelencias 481

28 de octubre de 2023

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Carlos Orozco Carrero

La estupidez natural se puso de manifiesto cuando Arbonio intentó cruzar el potrero para ahorrarse unos metros del sendero y no seguir por el camino real para llegar al trapiche que ya emanaba sus ricos aromas a panela, alfondoque y michito callejonero. No había amanecido todavía y la presencia de aquel animal tan grande lo sorprendió tanto que casi queda paralizado al observar esos cuernos enormes y con punta diabólica. Cuenta nuestro amigo que sus alpargates volaron al arrancar despavorido en busca de un sitio donde salvar el pellejo. Un terreno irregular jugaba en contra de sus fuerzas para correr y apenas logró divisar un árbol altísimo pegó un salto que le salvó la vida. Un cacho le arrancó el pantalón y le dejó un rasponazo que aún le recuerda el episodio del toro bravo. –¿Qué hiciste encaramado en la copa del árbol, compadre?  -El animal no se fue, señores. -Se quedó mirándome y empezó a empujar con fuerza con la intención de arrancarlo de cuajo y embestirme para hacerme daño. –Yo no me soltaba a pesar de que casi tocaba el terreno con los pies. Cuando el toro me veía cerca del piso, se venía a cornearme y dejaba de empujar y eso hacía que el árbol enderezara y yo quedaba otra vez elevado y sin soltarme. Así pasamos mucho tiempo. Cuando el animal entendió que no podía hacerme daño, le vino el habla y me dijo: -Bájate de ahí. Arbonio, para que nos matemos aquí abaj.  –¡A un hombre no se le mama gallo, no joda!

José Altuve nos dejó con las esperanzas rotas de verlo en otra Serie Mundial este año. Este venezolano demostró una vez más que se ha consolidado como uno de los mejores jugadores en la historia de Las Grandes Ligas.

En este local no se habla de política ni de economía. Para eso existen los especialistas en esos temas tan delicados. Los ignorantes apenas observamos la realidad nacional y guardamos silencio para no quedar mal delante de los doctores de siempre.

-La guitarra se dobló por el espinazo, carretico. Ocurrió en una Paradura de Niño, en la cuesta que va desde La Vega hasta Helechales. Los músicos tocaban bonito y al llegar el momento de la Adoración del Niño, un borracho de los que nunca faltan intentó ofrecer unos versos al Dios Niño. Claro, como estaba tan pasado de tragos, no se le entendía nada y casi se caía sobre Julio guitarrero. Lograron sentarlo al lado de Julio para que se calmara y éste empezó a templar la prima de la guitarra con la intención de que la cuerda metálica de acero reventara y le diera un cuerazo al impertinente colega de muchos de nosotros. –¿Qué pasó, Julito? –Pues, le torcí tanto la clavija de palo a la guitarra que se rajó por el mero centro y se arrugó completica. El borrachito se dio cuenta de todo y me ofreció un traguito para consolarme. Gente noble, cariños.

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