Opinión

Repelencias 515

6 de julio de 2024

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Carlos Orozco Carrero

Deporte por bultos tenemos por estos días, señores. Y lo bueno es que tenemos a los atletas casi al frente de nuestros sitios preferidos para ver televisión. Uno siente que va subiendo por los cerros de Francia para ganarle a los muchachos madreados por Rigoberto Urán. También queremos hacer el pase a gol en esas canchas abarrotadas de aficionados latinos en esta Copa América tan machete. Comamos algo mientras vemos los programas y disfrutemos de los triunfos de los preferidos y las derrotas de los antipáticos.

Muchos comentarios políticos y económicos se escuchan por ahí. Mi tío Melquiades prohibió tajantemente conversar sobre esos temas en la casa. No me gusta porque ustedes no saben nada de esos temas y siempre salen sacándose la madre cuando no tienen respuesta lógica en sus discusiones. Dejen esa bobada para los genios superiores.

Siempre vemos a los mismos caballeros en reuniones de amigos, sancocheros y conversadores esquineros. Le pregunté a un señor mayor ya el por qué se reunían en un kiosko que está en barrio Obrero y me respondió que él no se quedaba en casa encerrado. Es bonito ver películas mexicanas a cualquier hora y eventos deportivos también, pero nada es igual a una cháchara mañanera con tanto amigo suelto por ahí. Siempre con los mismos cuentos y las mismas mentiras para aliñar cada episodio callejero. Me convenció el amigo dicharachero y me estoy animando a meterme en camisa de once varas, cariños.

Al gordo Sósimo le dejaron de herencia una finquita en una zona muy bonita. Invitamos a unos ingenieros agrónomos y gente de trabajo en el campo para que sugirieran qué tipo de cultivo quedaría bien para sacarle provecho al terreno fresco que de la noche a la mañana le quedó a nuestro amigo después de la muerte de su viejo abuelo. El gordo siempre soñó con estar bajo un árbol y estirar la mano para coger una fruta y tragar hasta hartarse. Los ingenieros midieron altura – 2180 metros- agua y tipo de terreno. Tenía una casita y una vista a la serranía más bella del páramo. Hicieron fotos y videos y regresamos al pueblo en la tardecita. Había que celebrar y así se dispuso en la casa del compe Sósimo. Todos conversaban sobre el emprendimiento que el gordo intentaría en materia agrícola. De repente, observamos la cara de preocupación de Sósimo en la celebración. Todos riendo y él pensativo casi toda la noche. Al fin se decidió y quitó el long play del pick-up y dijo que se había arrepentido y que no habría nada de siembra de manzanas en su finca. Todos quedamos en silencio ante tal cambio de actitud en nuestro amigo. Al fin el técnico agrónomo le reclamó de frente sobre el tiempo que se había perdido en el diagnóstico de la siembra y terrenos. Yo lo miré, inquisidor, también.  Nos miró fijamente a los ojos y nos dijo con fuerza: -Al lado de la finca hay una escuela, carajo. En cada calle una historia.   

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