Opinión
Repelencias 641
sábado 7 noviembre, 2026
Carlos Orozco Carrero
La Serie Mundial 2026 nos trajo alegría a todos los venezolanos con la actuación de nuestros peloteros criollos. Cada día avanzamos en La Gran Carpa con calidad superior a la hora de lanzar, batear y correr en esos campos maravillosos desde que el Patón Carrasquel empezó a repartir leña en abril de 1939 con los Senadores de Washington. ¡¡Suelta esa bola, Cascarita!!
La Princesita puso de cabeza a todos los adolescentes de la comarca. Hermosa y sonriente la veíamos por la plaza Bolívar en tiempos de retreta y paseo nocturno. Los suspiros de todos inundaban los cielos del pueblo bonito. Mientras nuestras miradas acompañaban su andar entre la gente tranquila del lugar, los acordes melodiosos de los valses y pasodobles ejecutados por la extraordinaria agrupación musical uribantina, nos transportaban a disfrutar de lo más bello de nuestro pueblo enfiestado. Calibrábamos nuestras propias posibilidades ante la esperanza de verla de cerca y apreciar su belleza, característica propia de las muchachas del lugar. Todos poníamos los esfuerzos más contundentes para ganar su cariño. Una tarde desapareció La Princesita sin notificar a nadie. Ni su propia familia ofreció razones sobre su andar lejano de su tierra natal. Resignación y conformidad recomendaban los conocedores de nuestro enamoramiento hacia ella. Tiempo después, llegó al ´pueblo una señora con unos niños grandecitos. –La vimos a la salida de misa y alguien murmuró: – Allá va La Princesita, carretico. Un dejo de su belleza primaveral se dejaba colar desde lejos. -Nos salvamos, muchachos, dijo Luis. –Las uvas están verdes, remató José. En cada esquina una historia.
Oferta de bocachico en la bodega de Don Isaías Duarte, señores. Era un bulto de pescado llanero y salado ofrecido a precio justo. Don Isaías se entretenía buscando cauchos viejos para componerlos y sacarles la parte aprovechable para unas suelas de llanta y confeccionar unos alpargates de alto valor por su utilidad diaria. También su negocio ofrecía guarapo fuerte con basuritas de la panela y los inconfundibles bocachicos en oferta. –Muchachos, nos decía. -Aquella señora siempre pide rebaja. -Pongan cuidado para que vean. Dicho y hecho. Entró la doñita al local y preguntó por el precio del pescado. Todos sabíamos que se vendía a 8 por bolívar. El viejo nos miró y dijo: -Están a 70 por bolívar, señora. Ella abrió el costal y sacó varios pescados. Los olió y dijo: -Si me los deja a 72 bolívares me llevo 3 reales.
Tiempos alegres en El Bodegón del Buen Estar de La Ermita. Muchas reflexiones y comentarios sobre futuros próximos. Tendremos cosas esperanzadoras y veremos hechos históricos que jamás podrán atrapar los que se las tiran de fufurufos para intentar armar pretensiones que se esfuman poco a poco en sus teorías conocidas ya, cariños.











