Salir de la encrucijada

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Una encrucijada indica un lugar peligroso, donde hay cruce de caminos. Entre las distintas vías el Gobierno nos quiere empujar al sendero hegemónico, maquillando su accionar para no quedar aislado como una odiosa tiranía. Su norte es una mezcla entre Cuba, Bolivia y Nicaragua.

En la calle se siente la irritación por cómo se vive: inflación galopante, escasez de alimentos y medicinas, pérdida continua del valor del bolívar, crisis general de los servicios, falta de electricidad y agua, inseguridad desbordada… una de las imágenes más tristes es lo que pasa con las bolsas de basura, desgarradas por niños, adolescentes, mujeres e indigentes. Ante el drama vital, la agenda política ha pasado a un segundo plano. Hoy todas las investigaciones revelan que la economía es el problema que más preocupa. La población vive en zozobra porque no hay salario que compense. Es la razón por la cual hay tantos fuera o con planes de huir del país.

A raíz de las últimas conversaciones entre Gobierno y oposición, se desprende que la negociación con garantes internacionales puede ser la ruta para salir del atolladero. Siempre y cuando se establezca y se respete un cronograma electoral. El voto castigo no faltará para sacar del poder a los actuales gobernantes. El reto es la salida pacífica, electoral y constitucional.

A pocas semanas de las elecciones regionales, hay que concentrarse en que el pueblo salga a votar. Un triunfo abrumador de la oposición se convertiría en una especie de knockdown contra el gobierno. Si la situación económica se sigue deteriorando y se produce una explosión social nacional, al estilo de lo que sucedió el año pasado en Bolívar, la permanencia del Gobierno será cuesta arriba. Y cualquier militar tendrá la mesa servida para alzarse con el poder, con el respaldo de la opinión pública, si no es del mismo entorno. Este escenario podría desatar una espiral de violencia.

Ojalá podamos salir de la encrucijada sin más derramamientos de sangre. El reto que los países garantes, con la mediación de la ONU, logren los objetivos y se respete lo acordado. Hay igualmente que volver a calentar la calle, porque si el Gobierno vuelve a incumplir lo pactado, es a lo que le tienen más miedo.  (Oscar Arnal) /

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