martes 18 mayo, 2021
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¿Sigues con vida, educación?

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Por Pedro A. Parra

“Sería pueril esperar honestidad de ciudadanos sin educación y formación moral, concretamente en las sociedades modernas, en donde elementos externos, llegados por muchas vías, específicamente por los medios de comunicación social, pueden alterar, según conveniencias internas o foráneas, la conducta humana”.

“Solo los estúpidos no cambian”. “Hay que cambiar la vida”.

Cuando nuestro Simón Bolívar sentenció: “Las naciones marchan hacia el término de su grandeza, con el mismo paso con que camina la educación. Ellas vuelan, si esta vuela; retrogradan, si retrograda; se precipitan y hunden en la oscuridad, si se corrompe, o absolutamente se abandona. Estos principios dictados por la experiencia, e inculcados por los filósofos y políticos antiguos, y modernos, hacen hoy un dogma tan conocido que no hallará tal vez individuo alguno que no se sienta penetrado de su verdad”.

Cómo tenías razón Libertador: fíjate que tú nos enseñaste que nuestra nación, para ser grande, tenía que caminar de la mano con la educación; si queríamos volar, teníamos que hacerlo a través de la educación, o de lo contrario nos precipitaríamos y hundiríamos en la oscuridad si la corrompíamos o la abandonábamos. ¡Cuánta verdad! Nos lo dijiste muy claro; nos pusiste en el camino de la verdad y de la vida, y, ¿qué hicimos nosotros? Miramos hacia atrás y nos convertimos en estatuas de sal, tal como aconteció con Sodoma y Gomorra.

Peor aún, nos están haciendo daño, y más daño, y pareciera que no nos importara, nos están adoctrinando a nuestros hijos y nietos, y nos hacemos los desentendidos; nos están dejando sin valores, sin normas, y somos incapaces de querernos dar cuenta de que nos van a dejar sin hijos, sin familia, sin sociedad, sin educación. ¡Qué triste es lo que nos está pasando! Nos han quitado la capacidad para responder; todo lo decimos –y cuando lo hacemos-, balbuceando, como si quisiéramos que no nos escucharan; estamos en una cola para echar gasolina, para comprar alimentos o medicinas, para esperar el gas, nos cortan la electricidad, para esperar que nos vendan cualquier cosa, están saqueando nuestras universidades, están vaciando nuestra Constitución, y no somos capaces de reaccionar como varones ante la afrenta que nos están ocasionando. ¡De verdad, cuánta tristeza, cuánta indignación, cuánta cobardía!

Sí, Bolívar era en sí, un educador, pues sus ideas y conceptos políticos, sociales, filosóficos, económicos, morales, expuestos en sus discursos, mensajes, alocuciones, proclamas, proyectos de constituciones, durante 20 años, fueron una cátedra permanente para todos los hispano-americanos, sobre todo en materia de libertad, igualdad, republicanismo democrático, y el ejercicio del poder, el gobierno y la soberanía de los nuevos Estados. Tenía particular cuidado con la educación de los niños, tanto en el aspecto físico como en el moral. Era esta, sin duda, la manera de levantar sobre base de salud y honestidad a las nuevas generaciones, que tanto adolecen de virtudes como consecuencia de la carencia de una buena educación general y especialmente moral, capaz de alejar al niño y al adolescente de los vicios sociales.

¿Si somos incapaces de cuidar a nuestros niños, con qué materia prima vamos a fabricar al ciudadano del futuro? Si lo educamos dentro de un ambiente social de comprensión y honestidad, libertad y justicia, democracia y amor, tendremos un hombre útil, sano, dispuesto a servir con desinterés a su nación; pero, si descuidamos estos importantes aspectos, tendremos ciudadanos mezquinos, indiferentes al sufrimiento ajeno, amantes solo de las acciones de interés individual. ¡Eso, eso, es lo que tenemos en Venezuela, en un grupo de compatriotas, que han aprendido a saquear al país, a institucionalizar el odio, la corrupción, las drogas y la inmoralidad!

Pero, no solamente es interesante la educación del niño y del adolescente para la creación de un concepto universal de patria, lo es también para la consolidación de sus principios morales.

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