Venezuela: ¿la guerra como solución?

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No habían pasado uno o dos años, cuando el Presidente, ya difunto, Hugo Rafael Chávez Frías, comenzó hablar sobre golpes de Estado en su contra. Que por cierto, hasta la fecha la intentona golpista frustrada de hacerse del poder por la fuerza, no la asoman. Antes bien, la celebran para que el mundo vea que en Venezuela hay “democracia”. Cada 4 de febrero, “fiesta nacional”. Ahora bien, Nicolás Maduro llega al poder del primer mandato (y mire usted que poder tiene: todas las instituciones lo apoyan, excepto la Asamblea Nacional), con muchas críticas y dudas, puesto que para entonces al parecer y de acuerdo a nuestra Carta Magna, no le correspondía ser el candidato en 2013. Sin embargo, llegó a la meta. Cansado, desgastado y buscando otro período, pero cubrió los primeros 6 años en Miraflores. Fueron seis largos años de miseria humana en todo el territorio nacional.

Allí está su “legado”: una severa crisis social, económica y política jamás vista. Al igual que su mentor (No el difunto de Cuba. Sino quien fue su padre putativo, Hugo Chávez), ha hablado de golpes de Estado hasta la saciedad. Okey. Puede hablar y vociferar lo que le venga en ganas. Total, sus sueños tal vez no lo dejen dormir con tantos “golpes de Estado”. Por otro lado, Nicolás se monta en el potro de su “asamblea constituyente” dizque para “mejorar” y “fortalecer” la de 1999 (que en mi opinión es una de las más completas, pero no hay cumplimiento de su letra). Es tan burdo el engaño, que en días pasados lo escuchamos increpar “…nuestra Constitución es la más bella…¡viva la Constitución!…”. Pero resulta que (repito y disculpen la insistencia, pero creo es pertinente porque de allá viene lo que tenemos hoy), él “convoca” a una constituyente para “mejorar y fortalecer” la actual. No. Mil veces no. El artículo 347 señala que quien convoca es el pueblo originario para “redactar una nueva Constitución”. En ningún aparte se lee para “mejorar y fortalecer”. Es decir, que el engaño es megalómano por su terquedad.  O sea,esa “asamblea constituyente” de plano es ilegítima para el mundo.

Las personas que la conforman “convocan” a elecciones presidenciales sin las más mínimas garantías establecidas en la ley del sufragio venezolano. Pero escuchamos a Nicolás decir: “…soy presidente… saqué más del 67% del apoyo popular…”. Caben entonces las interrogantes: ¿Por qué las adelantaron? ¿Quién convocó? ¿Quiénes votaron? ¿Quiénes participaron?¿Dos sujetos que se prestaron al “juego”? ¿Berluchi y Henry Falcón? ¿Y los demás aspirantes? Según comentan, algunos están presos y otros andan por allá en el exilio. O sea, ¿le dan un zarpazo laConstitución que hoy pretenden “mejorar y fortalecer” y quieren que nadie acate el 350 constitucional?

Ahora aparece otra figura un tanto desconocida en la palestra pública(el Sr Juan Guaidó), para luchar por los derechos que precisamente señala nuestra Constitución, y de inmediato tratan de truncarle sus ideas de ver a Venezuela como otrora. Lo reconocen otros gobiernos.Pero… ¿Prefieren la guerra? (ya lo han asomado en mitines y concentraciones: “no volverán”). En conclusión: el país se cae a pedazos pero primero la “revolución”. Concluyo con Erich Hartmann: “La guerra es un lugar donde jóvenes que no se conocen y no se odian se matan entre sí, por la decisión de viejos que se conocen y se odian pero no se matan”. Pregunta obligada: ¿en Venezuela, la guerra es la solución?Se abre el debate.    

Alfredo Monsalve López

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@monsalvel