jueves 13 agosto, 2020
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60 años del barrio 23 de Enero: ¿consolidación estancada?

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Vialidad, tarea pendiente en los distintos sectores del barrio. (Foto/Tulia Buriticá)

Mejor alumbrado público piden en Monseñor Ramírez. (Foto/Tulia Buriticá)

En San Sebastián siguen sin módulo policial. (Foto/Tulia Buriticá)

La más populosa comunidad de La Concordia cumple seis décadas desde que empezó su progresiva conformación. Muchos levantaron cada vez mejores viviendas y accedieron a servicios pero, de unos años para acá, nadie identifica una nueva obra de envergadura

Sesenta años después, aquella finca extensiva con cañaverales que se fue poblando luego del 23 de enero de 1958 es una de las comunidades más pujantes, pero también más necesitadas de San Cristóbal.

Hablar con su gente permite enumerar los deseos que quieren elevar a las autoridades: nuevo asfalto para las vías, un transporte público que funcione mejor, un alcantarillado libre a pesar del relieve del terreno, más seguridad ciudadana e iluminación nocturna y un aseo urbano que de verdad siempre pase los martes y los viernes -como indican tantos avisos en las esquinas (con unos vecinos, claro, que saquen la basura en función del cronograma y no a destiempo).

Con más de 50 años viviendo en la comunidad, José González está convencido de que el 23 de Enero “mantiene un espíritu de colaboración y participación” entre los 35 mil a 40 mil habitantes que, al cálculo, suma el conjunto de sus zonas.

Diferentes sectores, explica, se conformaron y crecieron en torno al casco central como parte de esta gran comunidad: Monseñor Ramírez, El Cambio (cuyo nombre se debe al triunfo de Rafael Caldera, en 1969), Fapet, el antiguo El Paradero, Pozo Azul, la Cuesta de Los Colorados, Las Margaritas, los bloques y las casas de San Sebastián, que vino a inaugurar Raúl Leoni en enero de 1968. Allí estuvo González cuando era un niño.

Medio siglo después, el también sociólogo de profesión desmonta el mito de que el 23 de Enero sea “un barrio marginal”: “No es así. Este es un barrio en el que la gente por cuenta propia fue modificando y arreglando su casita, pasando de paredes de bahareque a paredes de bloque, ladrillo, obra limpia, con placa, y a una calle consolidada después de tener una vía de granzón incluso sin servicios. El barrio se fue consolidando. Si algo tiene, en lo fundamental, es que no es un barrio marginal”.

José Marcelino García es uno de esos vecinos que, con sacrificio, fue arreglando “de a poquito” su vivienda en la carrera 4 con Pasaje Colombia. De joven salió del cuartel, se dispuso a trabajar en la policía y luego con el INCE. Pero, frente a ese hogar que con el paso de las décadas vio poblarse alrededor, ahora casi no hay alumbrado público. “De noche esto es una oscurana. Tiene que tener uno cuidado hasta en la misma casa”, reclama.

Su vecino Isidro Barrera señala un bombillo que un colaborador instaló luego de que la comunidad hiciera una colecta. Prendía todo el día, pero ya se quemó. Y es que, como ha ocurrido en otros sectores, la autogestión vecinal termina iluminando las calles a falta de acción de los organismos públicos con competencia en la materia. Más abajo en una carrera de Pozo Azul, por ejemplo, una hilera de pequeños bombillos los aleja de la penumbra.

Huecos también hay, no solo allí sino repartidos por la mayoría de calles y carreras del 23 de Enero. “Todas estas vías, el último señor que las arregló bien, se llamó Carlos Andrés Pérez”, rememora García. Junto a sus vecinos concluye que la consolidación del barrio está estancada. No ha habido una obra emblemática reciente, remata Pedro Carreño a la conversación.

Salud en espacio prestado

La parroquia eclesiástica Jesús Obrero es el corazón espiritual del 23 de Enero. La opinión de los feligreses consultados es favorable hacia el párroco José Gregorio Melo, porque coinciden en que ha sabido avivar la fe, el sentido del trabajo en equipo y el espíritu de colaboración.

En el templo colabora Allende Muñoz. Lleva toda su vida, 44 años, viviendo en el 23 de Enero. Vinculado al área social, le gusta cooperar para que mejore la calidad de vida de todos.

Frente a la iglesia, tanto el módulo policial como el ambulatorio continúan desmantelados e inoperativos desde hace varios años. Cerca funciona la Fundación Tierra Andina; en su planta baja les facilitaron hace tiempo un espacio para que un médico de la Corporación de Salud pase consulta por las mañanas, aunque no sean las mejores condiciones.

Carlos Hernández, director de la Fundación, explica que allí desarrollan actividades deportivas en el área de karate, bailoterapia con adultas mayores y danza tradicional, entre otras. Una de las principales necesidades, considera, es la seguridad. Por esa zona de San Sebastián casi no hay alumbrado y requieren la reactivación del módulo policial.

La problemática de la disposición de los desechos y residuos sólidos ha hecho que en algunos puntos del 23 de Enero se acumulen “pequeños vertederos”. El aseo pasa los martes y viernes aunque, como se repite en otras zonas de San Cristóbal, a veces falla la ruta.

Ante una emergencia de salud, lo más cercano es el ambulatorio de Puente Real. Y, para abastecerse de mercado, los vecinos se deben trasladar hasta el centro o La Concordia.

Dejar listo el preescolar

Asfaltado, casilla policial y preescolar son, de forma resumida, las principales urgencias comunitarias de los habitantes del sector Monseñor Ramírez del 23 de Enero.

La necesidad de asfaltado es evidente desde la calle principal, la misma desde la cual se divisa el Viaducto viejo al fondo y a lo alto. Desde hace tres años el consejo comunal ha elevado la petición al Instituto de Vialidad del Táchira.

La casilla policial, aseguran los residentes, está inoperativa desde los lamentables hechos de octubre de 2012 en los cuales resultó muerta una policía y estalló una granada.

Y, con respecto al preescolar, el proyecto está listo desde hace tiempo. Con carpeta en mano, Johnny Galvis, vocero principal del consejo comunal, pide a la Alcaldía de San Cristóbal la exoneración del pago de impuestos para así poder entregar los documentos correspondientes al Ministerio de Educación y que pueda quedar operativo.

El preescolar les hace mucha falta, clama Belkys Méndez. Frente a la capilla, tiene una escuelita de tareas dirigidas en su casa de habitación con matrícula de más de 20 niños, pero casi no tiene dónde sentarlos. El pizarrón, enseña, tuvo que desecharlo porque se le dañó. Está abierta a recibir la colaboración de pupitres, “así sea usados” u otros materiales escolares.

El alumbrado público –deficiente- y el servicio de gas -han pasado hasta tres meses y medio desde que consignan un oficio hasta que llega un camión- completan la radiografía de necesidades de un sector también pujante como el Monseñor Ramírez.

Gente buena, sin transporte

A primera hora de un día entre semana son muchos quienes se aglomeran a esperar buseta en las paradas más importantes del 23 de Enero. Como las unidades demoran tanto y resultan insuficientes, varios como Alejandro Castañeda se ven caminando minutos después por las empinadas cuestas de la comunidad hacia el centro o La Concordia. “La falta de transporte público, sin duda, es uno de los graves problemas de este sector”, prioriza el joven.

Un barrio que, a pesar de las carencias descritas, no deja de trabajar de sol a sol y de aportar mucho a la San Cristóbal, de la cual es su corazón popular más poblado. Futbolistas, toreros, músicos, jueces, autoridades universitarias… el 23 de Enero ha parido gente muy útil a la región en particular y al país en general.

El 23 de Enero de la actualidad se piensa en varios sectores, ilustra González. Por ello, para la celebración de su 60 aniversario han querido que las actividades sean descentralizadas para que todos sientan que el barrio también es más allá del frente de su casa.

Así, a los de San Sebastián también les debe interesar que las calles de Monseñor Ramírez estén bien asfaltadas para que, por ejemplo, el transporte público pueda hacer la ruta completa. Por estos días hay actividades deportivas y culturales, en alianza con organismos públicos. “Lo que nos queda es consolidar el mejor modus vivendi posible y los servicios”, concluye uno de sus habitantes.

Daniel Pabón

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