Regional

A los cien años del nacimiento del “Cantor del Táchira”

27 de abril de 2024

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Más que un compositor de aires tachirenses, Chucho Corrales fue “el cronista musical del Táchira”. Autor de memorables composiciones que abarcan un amplio espectro que incluyen el bolero, el pasodoble, el vals y el bambuco

Freddy Omar Durán

Aunque Wikipedia lo diga, Jesús Manuel Corrales Sánchez, mejor conocido como Chucho Corrales, no nació un 28 de diciembre de 1926: “Inocentes” son los que han tomado esa fecha, y le creen todo a la Internet, cuando en el asentamiento de la parroquia de La Ermita, en San Cristóbal, claramente aparece que vino al mundo el 28 de abril de 1924.

Es decir, este domingo llega a su centenario una de las personalidades de la cultura tachirense con más aura y carisma, y también el autor de memorables composiciones que abarcan un amplio espectro que incluyen el bolero, el pasodoble, el vals y el bambuco.

A las nuevas generaciones, especialmente desde las instituciones de primaria, secundaria y universidades, les corresponde recordar la vigencia de figuras culturales de la talla de Chucho Corrales.

Como nos recuerda el historiador José Antonio Pulido, quien se ha dedicado a ahondar en su figura y obra, en una investigación reflejada en el número 11 del año 2022 de la revista digital Táchira Histórica, en su juventud quiso ser la estrella del bolero, como aquellas que deslumbraban a Latinoamérica durante la década de los 30 y 40 del siglo pasado; pero en su madurez su mayor aporte sería “revivir” en canciones el gentilicio tachirense, con un corazón honestamente conmovido con las memorias de su terruño natal.

— A Chucho lo marcó su abuela quien lo mandaba a comprar pan en una pulpería de Pompilio Ruiz, esos músicos de la Villa, y su familia se disgustaba porque en vez de regresar a casa con el mandado, se embelesaba con maestros quienes le enseñarían a querer la música tachirense— anotó Pulido.

Las letras le sudaban en la piel, y se contarían sus piezas en un número que superaría las 100, plasmándola en lo que tuviese a la mano, así fuese una servilleta. Fue también uno de los grandes defensores de los derechos intelectuales de los artistas, y promovió la creación de la Sociedad de Autores y Compositores de Venezuela, correspondiéndole el carnet número 001.

—Yo comparo a Chucho Corrales con José Alfredo Jiménez. Chucho podía crear una canción de la nada, y al ser tan prolífico se dificulta reconstruir la data de sus temas. Lo bonito de muchas de sus composiciones es que a cada pueblo del Táchira le dedicó una en particular. Cada canción es una crónica de nuestro terruño. Él tiene muchos boleros, pero su nostalgia al regresar al Táchira lo lleva a cantarle a su suelo natal: su música cuela hasta los tuétanos para quien sienta amor por el Táchira— agregó el historiador Pulido.

Hombre de medios, de la política y por supuesto la música, aunque al final padeció el olvido de sus coterráneos que deben sufrir los artistas de la región.

Como asentó el Cronista de San Cristóbal, Luis Hernández Contreras, en el libro Diccionario de la Música en el Táchira, comenzó muy joven su carrera artística y por voz, ganando su primer concurso de canto a los 15 años en un evento organizado durante la Feria de San Sebastián. Su porte le valió ser tomado en cuenta por artistas de la talla de Marco Antonio Rivera Useche, quien lo haría parte de las filas del Orfeón del Estado Táchira, y la Orquesta Tropical Boys. Sería memorable su rol principal en la comedia La Señorita Charleston, obra presentada en el Salón de Lectura.

 — Chucho dejó cosas muy relevantes. Él mismo publicó un álbum con las letras de sus composiciones. Él se manejó muy bien en el pasodoble como “San Cristóbal Andina”, de 1972, con arreglo del maestro Humberto Morales, y “Tardes de Pueblo Nuevo” que lo estrenó Nelson Hernández. Compuso un bolerazo que se llama “San Cristóbal”, grabado por la orquesta Casino River Side, en la voz de Edmundo Ray— dijo.

Con la madera para éxito y esas ganas de ser un gran bolerista venezolano, a la altura de Alfredo Sadel, partiría hacia la ciudad de Caracas, alcanzando cierto renombre apareciendo en los principales shows en la década de los 60, cuando Renny Ottolina y Aldemaro Otero paralizaban el mediodía de los hogares. Por 1970 compuso “Tierra Tachirense”, bambuco que hace un repaso a los pueblitos del Táchira, y considerado el “segundo himno del Táchira”, aunque en el corazón de muchos casi que ocupa el sitial más alto. Lo cantaría por primera vez Lesbia Espinoza en el programa radial de Luis Alfonso Ramírez para Ecos del Torbes.

Otros famosos temas serían “Andinita” y “San Cristóbal Andina”, así como muchos valses de formato muy tradicional y que contaron con el apoyo de arreglistas como Sergio Holguín o el Grupo Raíces.

— Fue un hombre que se formó con los viejos compositores del siglo XIX y de niño andaba al lado don Juancho Galaviz y Marco Rivera Useche. Muy joven conoció a Luis Felipe Ramón y Rivera y cantó en el orfeón que él dirigía. Durante los 20 años fuera de San Cristóbal, a él se le deben los dos discos que Aldemaro Romero grabó, dos celebres larga duración sobre música tachirense, con motivo del Cuatricentenario de San Cristóbal— subrayó el Cronista de San Cristóbal.

Una polémica curiosa que Chucho Corrales alimentó fue la supuesta autoría del bolero Señora Bonita. No obstante como cuenta Luis Hernández, resulta poco fiable esta versión, pues ni siquiera la sostuvo ante los principales intérpretes de ese tema, Leo Marini y Nelson Pinedo; aunque esto en nada quita su importancia como bolerista.

Chucho Corrales fue hombre vinculado a los medios de comunicación y la política; y en ambos frentes, para él lo más importante era la promoción del artista venezolano, logrando un periodo algo frustrante para él, como diputado del Congreso de la República.

En los años 40 su voz tendría una frecuencia asidua en la Voz del Táchira; y al regresar a San Cristóbal en la década de los 70 moderaría el programa Así es Venezuela en su Música, por veinte años y por cortesía de su amigo el director de la emisora, Gregorio González Lovera.

—Fue ante todo un hombre que se vinculó con el mundo cultural: Directivo del Instituto Autónomo Estadal de Música; asesor del Concejo municipal, y tuvo la fortuna de gozar de la amistad de muy buenas familias que lo estimaron y lo protegieron. El aporte a la música popular tachirense es invalorable, es uno de sus máximos emblemas— concluyó Luis Hernández.

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