domingo 22 mayo, 2022
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Afectados por deslave de La Zorquera luchan para no quedar incomunicados

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La “mordida”, en el trayecto que une a Pie de Cuesta con Zorca-San Isidro, trampa mortal para cualquier vehículo que pasara por allí, terminó siendo un abismo de 10 metros, más peligroso aún. Por ahí se desplomó la vivienda de Vinicio Patro, quien de milagro sobrevivió y ahora vive al lado del precipicio; no obstante, en la empinada otras edificaciones esperan su turno de desbarrancarse.

A través de un simple tronco sobre el aire, los transeúntes pasan a uno u otro lado, muchas veces ayudados por alguien que los espera al otro extremo. Un paso en falso y abajo los recibirá la quebrada, que ya ha recuperado parte de su cauce. Otros prefieren otra ruta, más del montañista y algo solitaria, por lo que es mejor recorrerla en grupo.

A los vehículos solo les toca agarrar hacia Capacho por Los Guasimitos o la Panamericana, en camino a Táriba; eso sí, no equivocando la ruta y agarrando hacia Buenos Aires, con parte importante de sus vías devastadas, y solo en comunicación directa con San Joaquín.

En Zorca-San Isidro, Pie de Cuesta, Buenos Aires y San Joaquín, cuando el sol apenas despuntaba la aciaga mañana del miércoles, mientras unos se encargaban de acomodar el desastre dentro de sus hogares propiciado por la vaguada, los más afortunados agarraron picos y palas para limpiar el lodazal, que prácticamente los incomunicaba.

Sorteando charcos, barro y trastos totalmente dañados, los peatones encuentran su camino.

Una fuerza de trabajo que incluyó a hombres y mujeres, jóvenes y ancianos; todo el que quería y estaba en capacidad de ayudar lo hacía. A ese barrizal no solo contribuyó la crecida; las viviendas también devolvieron mucho de lo que el río les depositó, amén del agua de acueducto usada para limpieza.

Esa labor, aun el domingo, estaba en pañales, y los que la emprendieron todavía se preguntan de dónde salió tanto barro, y difícil resulta salirle al paso y no hundirse en él hasta los tobillos: por eso, el calzado elegante o deportivo se tuvo que reemplazar por botas pantaneras.

En su apoyo aparecieron los funcionarios de Defensa Civil y Bomberos, encargados de asuntos más delicados, como remoción de escombros más pesados y el rescate de personas que todavía permanecían atrapadas en sus viviendas. Luego vendrían las maquinarias, las que en un principio se concentraron en el cauce de la quebrada, removiendo toneladas de escombros, una pequeña parte de lo que falta; también han tenido que dedicarle un tiempo al lodazal. En Zorca-San Joaquín y Buenos Aires, el despeje de las vías incluía remolcar grandes rocas y vehículos, entre ellos varias gandolas que La Zorquera lanzó como proyectiles contra las edificaciones.

Entre el puente de la vía principal de Zorca-San Isidro y el que comunica con El Paraíso se formó un escenario de guerra: sobre la tierra viscosa se aposentaban montañas de despojos de muebles, ropa y otras cosas inservibles, sacadas de casas desalojadas, con escasas cosas de valor. Para pasar por ese tramo, ya ni en las aceras se puede confiar, por lo que hay que invadir el porche de muchas casas, ya sin frontón.

Y mientras unos están dedicados a los trajines de obreros, otros se encargan de la distribución de mercados y ropa, tanto a través de las donaciones de particulares, que prefieren el anonimato, como de la alcaldía de Cárdenas, Protectorado del Táchira y la Gobernación, así como de otros entes públicos; y otros más montan ollas comunitarias para que nadie se quede sin un plato de comida.

Viga sobre el vacío

Para Eira Zambrano, la comunidad está haciendo todo lo que está a su alcance para recuperar la vialidad; pero la dimensión de los daños amerita una intervención del estado regional y nacional.

—Aquí, con otra vaguada, corremos el peligro de quedar totalmente incomunicados. Ya saliendo de San Isidro, una falla de borde apenas si ha dejado un poco de paso, y milagrosamente eso no se agrandó, aunque le falta muy poco para hacerlo. El pedazo inmenso que se cayó entre Pie de Cuesta y San Joaquín ya estaba socavado, y mire cómo ahí solo quedó un abismo. También la acumulación de basura es enorme, y hasta los momentos no nos han confirmado si vienen camiones y obreros para retirarla— afirmó con preocupación la habitante de Zorca-San Isidro.

San Joaquín pide no ser olvidado

En San Joaquín, la historia de dolor de quienes lo perdieron todo, en las localidades vecinas de Pie de Cuesta y Zorca-San Isidro, se reeditó, aunque con más casos de pérdidas totales de viviendas, muchas de las cuales quedaron borradas del mapa.

Fue precisamente por toda la entrada de ese sector que La Zorquera provocó su seguidilla de desastres, a lo que contribuyó la carga de rocas y leños que llevaba a su paso. Un poco más abajo se puede ver un árbol centenario al fondo, un árbol desbarrancado, al que acompañaron dos viviendas en su rodar y cuyos ocupantes salvaron su vida de milagro.

La vereda Puente Rojo parecía un campo de guerra, con grandes boquetes en las paredes, abiertos por peñones y automóviles, muchos de los cuales necesitaron de varias personas y grúas para sacarlos de su tumba. Allí, al menos 10 casas ya no son aptas para vivir, y de algunas de ellas solo quedó un terreno allanado.  Sus ocupantes tuvieron que pedir refugio en casa de familiares.

El protector del Táchira, Freddy Bernal, atendió a los damnificados y prometió una jornada de gas, la misma que muchos esperan incluya la bombona, pues no fueron pocas las que arrastró la quebrada.

Los postes de energía eléctrica también se desplomaron y el servicio no se reestableció en gran parte sino hasta el jueves, aunque en muchas casas no ha llegado por daños internos.

Yesimar Sánchez, con resignación, guarda la tristeza de haberlo perdido todo.

—Perdí la nevera, colchones, todo. Nos tenemos que quedar aquí, porque a dónde nos vamos. Lo importante es que seguimos vivos. Triste ver las cosas de uno destruidas, pero para adelante— expresó. (FOD)

Freddy Omar Durán

Texto y fotos

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