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Alexandra sufrió bullying por malformaciones genéticas, pero decidió salir adelante

Aprender a vivir, tras ser diferente visualmente ante el resto de las personas, y conquistar cada obstáculo que era puesto desde su niñez, hicieron que se convirtiera en una mujer profesional y ser ejemplo para muchos


Daniela González


Una dura infancia por presentar una alteración genética que le ocasionó contar con 205 huesos en su cuerpo, y sumado a esto, malformaciones genéticas en sus extremidades que ameritaron seis operaciones para lograr una mejor calidad de vida.

Un sinfín de humillaciones, desde que inició su educación, la convirtieron en una mujer con coraje para luchar y ser una reconocida profesional en la zona norte del Táchira.

“Soy una persona diferente, visualmente hablando; tú tienes 206 huesos, yo tengo 205; físicamente, cuando estiras tus brazos, ambos llegan al mismo punto, pero mis brazos no; tengo malformaciones genéticas en todo el cuerpo: brazo izquierdo, brazo derecho, rodilla, cadera; desarrollé hernias inguinales, y los conductos de nariz boca y oídos estaban mezclados”.

Con 29 años de edad, Alexandra Altuve Balaguera habla por primera vez sobre su cuerpo y su vida -unas lágrimas brotan de sus ojos al recordar su niñez, su adolescencia y su época universitaria-. Hoy día, algunas personas que fomentaron odio y humillaciones a esa niña, se convirtieron en sus clientes, a quienes de manera madura ha atendido profesionalmente.

“Me considero alguien que ha podido hacer frente a las condiciones que me tocó vivir, por nacimiento, por circunstancias sociales y físicas, pese a que desde que tengo uso de razón fui segregada (…) más que un ejemplo como mujer, yo me considero un ejemplo como persona”.

Una vida marcada por el bullying

provocó un intento de suicidio

Actualmente, el bullying continúa, pero tal vez hoy no le afecta tanto, porque ha ido aprendiendo a lidiar con todas las pruebas, que aparecieron desde los 4 años de edad.

Sus papás siempre estaban allí para defenderla, pero debía asistir a la escuela, ellos no podían escudarla a tiempo completo. Aquella niña dulce y cariñosa que estaba en su familia empezó a cambiar, creyeron que era la preadolescencia. En realidad, fue la crueldad de sus compañeros, la burla y el desprecio, que cada vez se hacía mayor.

El duro ingreso al liceo “Tulio Febres Cordero” cambió a Alexandra. Vivir no era un motivo de felicidad; recordar esta etapa fue quebrarse y llorar, pues aún le afecta a ella pensar en lo vivido.

“Hubo una época en que no pensé en el mañana; hubo una época en que quería acabar con la vida, intenté suicidarme, eso fue a los 11 años de edad, estudiaba en el Tulio Febres Cordero. Era demasiado el bullying, me querían tirar de las escaleras, me escupían, me golpeaban, muchas cosas”. Alexandra hizo una pausa, un nudo en su garganta no la dejó continuar.

Convertirse en profesional

fue la solución para defenderse

Al ser una destacada estudiante de bachillerato, decidió que su condición no era impedimento para continuar escalando y convertirse en abogada.

“A los 16 años pensé que no debía necesitar a alguien que estuviese allí para que me defendiera, tenía que defenderme sola, y lo que se vino fue ganancia; a esa edad hice frente a lo que me tocó vivir y busqué la manera para convertirme en profesional”.

Siempre creyeron

en que sería exitosa

Fue criada por su padre, quien era guardia nacional, y su madre, quien se dedicó a trabajar como servicio doméstico en la casa de una reconocida colonense, Ana Luisa Pacheco de Ramírez.

La buena relación de su madre con los Pacheco hizo que se convirtieran en su familia. “Yo me crie en esa casa, esa familia prácticamente me adoptó a mí, yo nací en esa casa, a ella la consideraba como una abuela y a ellos, mis tíos (…) fueron los primeros defensores de esa niña; mi abuela decía que yo iba a ser abogado, porque yo defendía también a los niños que atacaban”.

Durante dos años ocultó

sus brazos bajo un suéter

Estudió en la Universidad Católica del Táchira, y para evitar preguntas y hasta nuevamente burlas, decidió utilizar prendas de vestir que no permitieran visualizar sus brazos. Dos años bajo un suéter, haciendo frío o calor, relató, hasta que decidió mostrarse y utilizar la ropa que quería.

“Yo siempre me tapaba, hasta que un día decidí y dije que no tenía que taparme lo que soy, y dejé de usar el suéter; unos me preguntaron qué me había pasado; otros se asombraron, y también me daba cuenta de otras personas que hacían comentarios burlones, no era de frente, pero uno se daba cuenta, me remedaban cómo hablaba por teléfono”.

Desde Miami, su tío Iván Ramírez

la despidió laboralmente

El primer despido que tuvo fue el de su tío, quien es hijo de Luisa Pacheco de Ramírez. Iván decidió que al graduarse de derecho Alexandra, ella debía ejercer inmediatamente.

“Cuando me gradué, me sentía incapaz de ejercer el Derecho y trabajaba con mi tío a distancia, era como una empresa de envíos de Miami a Venezuela; después de un tiempo, me dijo que me iba a botar porque yo tenía que ejercer la carrera en que me había graduado; yo le dije que tenía miedo, y él me dijo que confiara (…) me apoya, me aconseja; es mi segundo padre”.

“No quiero condenar a mis hijos a lo que yo viví”

Tener hijos no le emociona, pero adoptar sí. Pues al procrear teme que se repitan en ellos las malformaciones genéticas que presenta.

“Cuando me hicieron estudios en Mérida, nos dijeron que cada cierto tiempo en la familia se iba a repetir un ciclo de malformaciones; en mi familia hay dos personas con labio leporino, y estoy yo, que digamos que fui la más golpeada”.

Una mujer luchadora y con una amplia cartera de clientes

Luego de superar los obstáculos que se presentaron en su vida, Alexandra Altuve se ha convertido en una reconocida profesional de la zona norte del Táchira, con clientes dentro y fuera del país.

De manera gratuita asesora a aquellas personas que están sufriendo cualquier tipo de violencia y no saben cómo proceder legalmente; también se ha convertido en defensora de los animales.

Actualmente está creando un proyecto para emprendedores colonenses, donde prestará servicios en el ámbito penal y tributario; a ella se unieron contadores y abogados. Este año logró constituir una empresa de bienes raíces.

Alexandra espera ser ejemplo para cualquier persona, pero en especial, ejemplo para aquellas mujeres que han tenido alguna dificultad física o psicológica que no les ha permitido triunfar en su vida.

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