Ateneo del Táchira reactiva el servicio de biblioteca

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No importa cuál sea el interés particular, siempre habrá un motivo para acudir a la biblioteca. Foto Tulia Buriticà

Freddy Omar Durán

 

No importa cuál sea el interés particular, siempre habrá un motivo para acudir a la biblioteca. Foto Tulia Buriticà
Daniel Galaviz no se cansa de sorprenderse por los secretos que guarda la Biblioteca José Antonio Lozada del ateneo del Táchira. Foto Tulia Buriticá

Dos títulos nobililiarios engalanan a uno de los más señoriales centros culturales de la región, ubicado en pleno corazón de San Cristóbal: “Ateneo del Táchira” y “Salón de Lectura”.

Antes de ser la institución que todos conocemos, se forjó a partir de la alianza –de distintas condiciones sociales- con la inquietud común de enaltecer los espíritus a través de la lectura, y estar enterados de un mundo en constante cambio, como lo era a principios del siglo XX.

Eso y mucho más lo representa la Biblioteca José Antonio Guerrero Lozada, que hoy en día, bajo la responsabilidad de Daniel Galaviz, se reactiva y está al servicio de todo el que necesite de su caudal de sabiduría.

Aunque se crea que supuestamente la Internet ofrece todo el conocimiento de múltiples tópicos en instantes, lo cierto es que son muchas las personas que regresan a la capacidad de síntesis del libro, a su magia propiciada por la voracidad de la mirada, y la audacia táctil de la mano.

La idea, afirma Galaviz, es en principio que la gente se acerque y conozca esta biblioteca, tal vez una de las más antiguas del Estado. Tal vez muchos son los que aun pasando por los espacios del Ateneo, o reconozcan su fachada día a día, desconozcan que en su interior mora una colección bibliográfica llena de sorpresa, no solo para los literatos o académicos sino para quienes deseen adquirir destrezas prácticas o estén deseosos de orientaciones morales y espirituales.

Ordenar la biblioteca, sacarla del polvo y el revuelo, requiere paciencia, así como capacidad para la  selección y la clasificación.

En cuanto a literatura allí podemos encontrar autores latinoamericanos, venezolanos e incluso tachirenses con obras ya en el olvido. Hay colecciones casi completas de gran fama como la Biblioteca Ayacucho o la Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses, y títulos del siglo pasado y antepasado en idiomas extranjeros, muchos sin reeditar.

“En este proceso –afirma Galaviz- de reacomodo se descubren maravillas. La gente pasa y pregunta ¿qué es esto?, y muchos de una vez te manifiestan que están buscando sobre tal o cual tema.

La biblioteca cuenta con 9800 ejemplares, y lleva su epónimo de la humilde personalidad –que sin ser un intelectual en el sentido clasista de la palabra- luchó porque estos espacios existieran y se pusieran al servicio de la colectividad.

–Quien levantó la biblioteca no era un intelectual como tal sino un pulpero.  En aquellos primeros tiempos criticaban  los voltios que se gastaban en electricidad en los turnos de la noche,  por algo tan inútil.  José Antonio Guerrero Lozada sembraba hortalizas para venderlas y con el producto del comercio adquirir velas de cebo. con las cuales compraba velas de cebo para iluminar al incansable lector. Fue un hombre que durante toda su existencia, lo caracterizó el deseo de ser  discreto, bajo las sombras sin pretensiones de sobresalir, de ser el personaje del momento.

Como nos recuerda Galaviz, no se trata de que a la Biblioteca del Ateneo del Táchira acudan investigadores e intelectuales. Cualquier persona que vea que su tiempo de ocio puede entregarlo a faenas más constructivas será bienvenido.