domingo 26 junio, 2022
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Caminar a Cúcuta por remesas y para comprar alimentos

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Un lustro, cinco años, 60 meses… no importa la forma en que se diga, es un tiempo considerable, con base en que, desde ciertas perspectivas, la vida en sí misma es efímera. Al principio, el impacto no fue tan trascendental, como conforme avanzó el tiempo, porque la llamada “frontera más activa de América Latina” se inundó de venezolanos que transitaban aprovechando la única alternativa habilitada: el paso peatonal.

Gradualmente, la frontera de Venezuela con Colombia se convirtió en escenario de flujo constante de ciudadanos que migraron o se trasladaban a abastecerse de alimentos o medicinas. Las remesas que venezolanos acudían a retirar de sus familiares radicados en otros países llenaban la ciudad fronteriza de Cúcuta, con largas filas en agencias de cambio y, hasta 2019, llegaron a ser una creciente parte del Producto Interno Bruto del país natal de Simón Bolívar.

Calor abrasador bajo el sol, horas de pie y el cargar el peso de sus bolsas de compras de regreso a su tierra, fueron parte del día a día de los cientos de venezolanos que atravesaron el puente internacional Simón Bolívar en busca de remesas y alimentos. Algunos atravesaron toda Venezuela para ir a Colombia, por esta razón.

Definitivamente, el cambio es una constante en la vida, principalmente porque la premisa a la que se debe apuntar es al crecimiento, a la evolución. Así, llegan los ajustes a nuevas circunstancias, pero cuando la adversidad es lo que se impone, esa adaptación se torna transcendental, para subsistir, que ha sido la constante en los últimos cinco años en torno al cierre de la frontera venezolana con la hermana república de Colombia. El cambio en este sentido fue de adaptación para sobrevivir.

Indicadores

Diálogo Interamericano es una instancia con sede en Washington que reúne a un grupo de expertos dedicados a analizar asuntos internacionales, principalmente relacionados con el hemisferio occidental. Según sus estudios, casi cuatro millones de venezolanos enviaron a su país casi cuatro mil millones de dólares en 2019, además de contribuir con importantes aportes de comida, medicinas y ropa.

Más del 75 % de los venezolanos en otros países, en promedio, llegaron a remitir a su país de origen hasta el 25 % de sus ingresos. La presencia de personas de Venezuela en Cúcuta, para retirar remesas y abastecerse de insumos, no se limitó con los años a los habitantes de la frontera, sino que de todo el país se desplazaron personas con el fin de conseguir los recursos que sus familiares enviaban, y adquirir los rubros que la escasez marcada de su país oriundo les impedía disfrutar.

La opción de ir a Cúcuta se debió a la posibilidad de obtener las remesas en divisas, acción que no era posible desde Venezuela, y además tener acceso a todo tipo de fuentes de abastecimiento alimentario y de medicamentos, prioritariamente, que tampoco estaban presentes en el país nativo.

Pese a la pausa por la pandemia mundial que cerró ahora el paso a peatonal hacia Colombia, según el reporte de mayo de Diálogo Interamericano, el envío de remesas beneficia actualmente a más de dos millones de hogares venezolanos, lo que equivale aproximadamente al 35 % del total en toda la nación. Pero con la diferencia de ser en bolívares. Eso, pese a la proyección del Banco Mundial, que apunta a la reducción de aproximadamente 20 % del envío de remesas en todo el mundo por los efectos económicos del COVID-19.

Transporte

La presencia de transporte público para realizar los viajes fue la constante hasta antes de la pandemia, esto, claro está, hasta el límite de la frontera en la ciudad de San Antonio del Táchira, donde de todo el Táchira y otros estados se trasladaban ciudadanos para atravesar a pie el puente internacional Simón Bolívar. Lo mismo en otros cruces, como en Ureña, municipio Pedro María Ureña, o Boca de Grita, municipio García de Hevia.

Ciudades como San Antonio, o en el caso de San Pedro del Río, en el municipio Ayacucho, por dar ejemplos, se convirtieron en dormitorios de paso ante el tránsito de venezolanos hacia Colombia. En el caso de San Pedro, por la cercanía con el municipio Pedro María Ureña, punto de paso utilizado mayormente por los que acudían desde la zona centro-norte del Táchira al hermano país.

Otro aspecto fue la oportunidad de trabajo. Los habitantes de municipios cercanos a la frontera usaban el transporte para llegar al punto limítrofe y vender productos o preparaciones alimenticias, para así obtener pesos colombianos, y después regresar a sus hogares al final del día.

Pandemia

La aparición del nuevo coronavirus vino a traer un nuevo cambio, el de un cierre total de la frontera. Ya no hay acceso a remesas en divisas, ni a alimentos o medicinas, al menos de manera formal, porque ha perdurado el problema de los cruces ilegales, llamados coloquialmente “trochas”, por donde hay aún tráfico de personas de manera clandestina, representando un foco potencial de contagio en medio de la pandemia mundial.

Venezuela, hasta hace cinco años, pese a sus problemas, tuvo un abastecimiento de insumos y fluidez de dinero relativos. La hiperinflación, que en este último trimestre del 2020 cumple ya tres años, y la acentuación de la escasez, marcaron el camino para alternativas como acceder al hermano país para adquirir productos básicos y recibir la ayuda económica por parte de los familiares que migraron a otros países.

Cinco años de un cambio paulatino que se caracteriza por el hecho de sobrevivir. Ahora totalmente interrumpido el paso fronterizo de manera total por la pandemia mundial, las familias venezolanas suman un nuevo reto de sobrevivencia a su historial de desafíos de los últimos años.

Juan José Contreras

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