Cierto “alivio” se ha experimentado en las gasolineras esta semana

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Esta semana, las colas se han movido de manera “atípica”, gastando los choferes en ellas un máximo de dos horas y media. (Foto/ Marly Pernía)

Freddy Omar Durán

Se podría decir que, de una semana a otra, la situación de las colas en las estaciones de servicio ha cambiado, del cielo a la tierra.

Los días de espera para aprovisionarse de gasolina en nada se comparan con las escasas dos horas y media en promedio que los conductores, aliviados, aguardaron este miércoles; sin embargo, lo que había tenido visos de una solución de cierta perdurabilidad, este jueves, con el cierre de varias estaciones de servicio, volvía a activar el escepticismo.

La llegada de más gandolas esta semana, el refuerzo de la seguridad con personal del Ejército e incluso la participación de “civiles”, y el cierre de vías por la zona sur, que ha impedido la movilización de vehículos de otras partes a San Cristóbal, han sido atribuidos como factores en favor de este cuasi milagro, que la gente espera no sea cuestión de días.

Muchos conductores opinan que los derrumbes ocurridos en la Troncal 5, a la altura de Los Estoraques, dejando incomunicados a los llanos con el estado Táchira, cerraron el paso a una importante cantidad de vehículos  que circulan por San Cristóbal en busca de combustible.

Pero, sea como sea, para muchos ha ocurrido casi un “milagro”, el cual muchos esperan no se disuelva tan rápido.

Menos colas, más paz

Por su parte, Nancy Solórzano ya se había preparado con su kit de supervivencia, con el que generalmente este año se ha tenido que aprovisionar para soportar horas y horas interminables en las colas. El mismo contenía: un pote con agua, alimentos, abrigo para el frío, y una sombrilla para la lluvia o el sol, además de música y algunas lecturas.

Sin embargo, esta vez se tendría que ir con sus viandas a consumirlas en su casa, en donde tal vez el tiempo que le pueda ganar a la crisis lo aproveche en su familia.

Este miércoles se veían todas las estaciones de servicio en pleno funcionamiento y, aunque las colas fluían, eso no mitigaba un intenso tráfico, ni el desorden que se formaba en los alrededores de los establecimientos. Pero, al parecer este jueves, la situación varió un poco y el desabastecimiento obligó a algunas estaciones de servicio al cierre.

Fue un día de más calma, como para establecer una conversación amable y civilizada entre choferes; y no un día de guerra con los coleados, los “VIP”, los empleados de las gasolineras, o los funcionarios de seguridad, o un día donde la injusticia y el factor monetario imperan sobre la sensatez.

Es decir, la paz que tanto se pregona en la actualidad, en estos últimos días, ojalá no provisionalmente, se logró con un poco de eficiencia y con la sincera intención de que se hagan bien las cosas, en beneficio de una mayoría, que debería estar incorporada a impulsar el aparato productivo nacional y no a pasar días “muertos” dentro de un vehículo.

De hecho una persona, cuya identidad prefirió no revelar, al ser preguntada si las colas de esta semana se parecían a las de la anterior, respondió: “yo no sé, yo pago veinte mil pesos por galón; las personas que trabajamos no tenemos tiempo para estar haciendo cola”.

Muchos están esperanzados en que el alivio de esta semana continúe para la otra y no sea como en los casos de los pacientes de un mal crónico, quienes viven días de recuperación, sin que esto indique que han sido librados de su enfermedad.