martes 14 julio, 2020
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Comprar gas doméstico en Táchira: Una travesía

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Luego de 8 meses de espera y bajo la inclemente lluvia, vecinos de la Unidad Vecinal salieron con sus bombonas a cuestas para participar de una jornada de gas doméstico. Desde los más jóvenes, hasta los más longevos, debieron correr para aprovechar surtir sus hogares con un cilindro que varía de tamaño, de acuerdo al envase: 10, 18, 27 y 43 kilos


Bleima Márquez

La buena noticia la dieron la noche del martes, cuando los denominados ‘jefes de calles’ notificaron sobre los detalles para la distribución del preciado gas en la Unidad Vecinal. Algunos pasaron por las casas bajo su responsabilidad; otros prefirieron notificar a través de los grupos de WhatsApp; de cualquier manera, toda la comunidad se alistó para la faena del siguiente día.

Entre los anuncios realizados, informaron que, a diferencia de otras oportunidades, la jornada se llevaría a cabo en una de las instituciones educativas cercanas a la comunidad. Esta noticia no fue grata para un gran número de vecinos, quienes alegaron dificultad para llegar e incluso realizaron propuestas en materia de seguridad, pero no hubo respuesta, pues ya todo estaba coordinado.

«Aclaro: La jornada se realizará en ese sitio por: resguardo de los cilindros; medidas de higiene covid-19; se atenderá por orden de llegada, dejan su bombona y se retiran; se les enviará un mensaje para avisar cuándo retirar». Esas fueron las instrucciones para garantizar el despacho.

Un gran aguacero

 Llegó el miércoles, acompañado de un fuerte aguacero, y a pesar de la probabilidad de contraer un refriado, la gente salió, algunos equipados para la lluvia y otros sin protección. La finalidad era llegar al punto indicado.

Carros, motos, carretillas y carruchas, comenzaron a circular. Algunos abuelos y mujeres arrastraban sus cilindros mientras las gotas de agua deslizaban por la ropa y el cabello. A paso lento se fueron acercando hasta llegar al lugar para dejar sus envases vacíos y esperar el llamado y así lograr cocinar sin luz y sin leña.

Trifulca  de vecinos

Para sorpresa de la comunidad, ese mismo día retornaron los cilindros repletos de gas, y hacia la una de la tarde se corrió la voz, todos salieron de sus hogares, pero esta vez la tarea era más difícil, por el peso del cilindro lleno.

El estrés, mezclado con el descontento por las necesidades padecidas ante la falta de gas y la travesía para dejar y recibir los cilindros, hicieron que los integrantes de la comunidad permanecieran a la defensiva.

La lluvia había cesado, ahora un brillante sol quemaba la piel de quienes se apostaron en la cola.  Dicen los vecinos que comenzaron a llegar personas extrañas, nunca vistas en el sector, y fue entonces cuando alguien del Consejo Comunal explicó que la jornada de gas se efectuó para tres sectores cercanos.

“¡No se coleen!”; “¡Basta de trato preferencial!”; “¡Atienda por la cola!”, fueron algunas de las expresiones que gritaban los ya muy cansados vecinos. Repentinamente, algunas mujeres se salieron de la larga línea de espera y se ubicaron en la puerta, en contra de las instrucciones que tenían.

“Aquí estamos, no permitiremos que atiendan a más nadie, todos deben estar en la fila, basta de tanta humillación”, fue entonces cuando los insultos se tornaron más fuertes y agresivos, tanto de los integrantes de la comunidad como del Consejo Comunal.

La situación se tornó violenta, al punto de hacerse necesaria la presencia de funcionarios de la Policía Nacional Bolivariana (PNB), específicamente la Dirección de Investigaciones Penales (DIP), quienes llegaron y mediaron para calmar a ambos bandos, fue así como se logró culminar la jornada, que inició antes de las 7:00 de la mañana y finalizó cerca de las 5:00 de la tarde, y en la que, según explican los vecinos, se violaron el distanciamiento social y las normas de bioseguridad para prevenir el nuevo coronavirus.

Solidaridad

A pesar de la tormentosa y violenta situación generada durante la jornada de gas doméstica efectuada este miércoles en la Unidad Vecinal, también quedó demostrado que existe la solidaridad.

Algunos vecinos decidieron ayudar a los más desvalidos, quienes arrastrando el cilindro intentaban llevar las bombonas a sus hogares. Este grupo de voluntariados se activó y, aunque terminaron destrozados por el cansancio, lograron que enfermos, abuelos y mujeres indefensas compraran el gas que por muchos meses esperaron.

“Madrugué, me mojé con la lluvia, me quemé con el sol y tengo una lesión en el hombro y la cervical que me impide el movimiento, pero esta noche podré cocinarles a mis hijos. Esta es la bombona más cara del mundo, este sacrificio es el verdadero valor”, comentó una señora que omitió su nombre. (BM)|

Si tiene alguna denuncia la puede comunicar por: [email protected]

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