viernes 29 mayo, 2020
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Cuarentena agudiza crisis de productores de cachamas

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Raúl Márquez


Productores de cachama del sur del Táchira venden su producto durante estos días santos por las calles de los principales centros poblados de Fernández Feo y Libertador para salvar, por lo menos, parte de la inversión, en medio del cerco epidemiológico que abarca estos municipios por el Covid-19.

La familia Ribas tiene 25 años dedicada a la producción de tilapias y cachamas. Su unidad de producción, constituida por 8 lagunas, está ubicada en La Recta de Ayarí, en Fernández Feo.

El alto costo de los alimentos y de los insumos que se utilizan en la desinfección de las lagunas, aunado a la escasez de combustible, son factores que han golpeado fuertemente a este sector productivo, situación que se ha agravado, en estos últimos días, con las medidas restrictivas implementadas en la citada jurisdicción por el coronavirus, según comenta Marcos Ribas.

«Los días permitidos salimos a las calles de El Piñal a vender las cachamas para recuperar la inversión, de lo contrario, enflacarán y eso significaría pérdidas económicas. A pesar de la crisis, Semana Santa siempre ha sido una temporada buena, pero este año, como sabemos, no es así «, precisa.

Recuerda que hace años vivieron una «época de oro», en la cual, vendían la producción, a gran escala, a pescaderías de La Morita, Puerto Vivas, El Piñal y San Cristóbal. «Entre El Piñal y San Antonio de Caparo (municipio Libertador) había unos mil productores de cachamas; ahora no llegamos a los treinta», comenta.

Para adquirir el alimento o transportar las cachamas a San Cristóbal y otras poblaciones del estado Táchira, indica, que tienen que hacer colas de hasta 5 días en la estación de servicio de Marayarí y, asegura, que en oportunidades, han tenido de adquirirla a los revendedores, lo que se traduce en unos cuantos miles de pesos. Mientras que por las fallas eléctricas, las bombas que emplean para oxigenar las lagunas han sufrido daños, en algunos casos, irreparables.

Añade, asimismo, que la intensificación de los apagones y del racionamiento eléctrico ha puesto en jaque las ventas, pues las pescaderías llevan menos cantidades para evitar que se les dañen.

«Cada día la producción y la venta se torna más difícil, pero no queda de otra que seguir en la lucha», sostiene Ribas.

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