Regional

Daniel Suárez: el triunfo de un tachirense

21 de febrero de 2024

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Por Julieta Cantos

A finales del año pasado pude ver la exposición de Daniel Suarez, artista, escultor y galerista tachirense, residenciado en Caracas desde hace muchos años. Su exposición era en el Museo de Bellas Artes, hermoso y digno espacio para disfrutar de sus obras. No es fácil ser seleccionado para un espacio museístico… Daniel lo logró.

Conocí a Daniel hace casi 40 años, gracias a Leonel Durán, también artista tachirense, vitralista, quien migró a la ciudad capital en su período de adulto joven. Leonel había sido un gran amigo de Jorge, mi marido, en su época de estudiantes. Jorge y yo nos habíamos residenciado en San Cristóbal a finales de 1979, y a partir del 85 empezábamos a idear el desarrollo de Sin Límite, como librería y galería. La casualidad vinculó de nuevo a Leonel y a Jorge en su ciudad de origen. Se reencontraron, hablaron… Se pusieron al día. Jorge le contó de nuestros proyectos en San Cristóbal, y Leonel de los suyos en Caracas. Una cosa llevó a la otra, intercambiaron teléfonos, nos pusimos de acuerdo y organizamos una visita a Caracas, en donde Leonel nos introdujo con varios artistas, entre ellos Daniel.

Todos éramos cuarentones, llenos de vida y con deseos de hacer, de construir. Vimos las piezas de Daniel y con ello sellamos una exposición individual en Sin Límite…su primera exposición individual. Esa muestra se realizó en 1986. Fue una hermosa experiencia. Volvía al Táchira mostrando la excelencia de su trabajo. La receptividad fue grande y llena de respeto, por nosotros como galeristas, por los medios, y por los amantes del arte. A partir de aquí establecimos una relación de amistad basada en el respeto, la honestidad y el emprendimiento. Eran tiempos de ebullición para nosotros como galeristas aguerridos, exigentes con la ciudad y con las nuevas tendencias, y para Daniel como artista comprometido con su obra y la calidad de la misma. Su tendencia hacia la escultura se venía desarrollando desde los años 70… o quizás antes. Oriundo de La Ermita, tuvo sus primeras vivencias con las esculturas presentes en el cementerio municipal, las cuales muchas veces, siendo muchacho, limpió exhaustivamente como parte del mantenimiento que le contrataban los dolientes. Eso le representaba un ingreso adicional, y sin saberlo lo introdujo a fortalecer la observación entre el silencio y las artes, comunión eterna en su vida.

Cuando lo conocimos era el asistente estrella del maestro Víctor Valera, escultor de origen zuliano, de proyección internacional. Allí Daniel profundizó la tridimensionalidad, el manejo de los colores y la soldadura, bajo la sabiduría de Valera, y la suya propia… Sabiduría que no era otra cosa que lograr estar consigo mismo. “La abstracción es uno de esos fértiles terrenos donde el arte venezolano ha florecido. Daniel Suárez pertenece a una generación intermedia de artistas que han introducido nuevos elementos y enfoques en la escultura, a la par que han otorgado continuidad a la forma de expresión abstracta, como predilecta para sus particulares discursos”. (1)

Daniel se creció, su obra se creció, tal como lo señala Thelma Carvallo en el catálogo del Museo de Bellas Artes: “El escultor como figura y como símbolo social, pareciera ser el protagonista de una epopeya. Es un guerrero activo dispuesto a conquistar espacios y territorios”. El escultor con fortaleza de hierro.

Para algunos sonará ridículo, pero haber podido ver el crecimiento y desarrollo de Daniel me enorgullece y me hace sentir parte de él. Su trabajo es digno, su galería es digna, su taller aún más. Lo que ha construido con su familia es digno. Aquel “Dansolo” de sus inicios, su camino en solitario… lo llevó a estudiar, a profundizar, a conocer los diferentes movimientos artísticos nacionales, universales, y a vincularse y coexistir con las raíces prehispánicas y su cosmogonía. Hay una característica esencial en su trabajo y es el equilibrio que no permite protagonismos de ningún extremo. Todo lo vincula, todo lo integra. Lo geométrico y lo orgánico.

Ese mismo Daniel que, a pesar, y por su evolución, reconoce y sigue vinculado a su origen, es el que plantea un proyecto de intervención urbana a través de sus esculturas en esta su ciudad natal, San Cristóbal. Solo espera ser escuchado y atendido en sus planteamientos llenos de fervor por su lar nativo.

  • Thelma Carvallo

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