jueves 4 junio, 2020
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En un improvisado puesto Pedro Herrán sigue siendo librero pese a la pandemia

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Freddy Omar Durán


Aunque en tiempos de pandemia parecería que es la última alternativa económica en que se podría pensar, lo cierto es que, con un improvisado puesto en la calle, a Pedro Herrán, con más de un cuarto de siglo en el
ramo, no se puede quejar de cómo le ha ido con su venta de libros técnicos y usados.

Los cortes de luz e internet han obligado a más de uno a un retorno a los libros, y este librero que tiene su puesto de venta en el IUT, hace una oferta difícil de resistir: un libro por mil pesos, o 6 libros por cinco
mil.

Declarado lector fiel de Diario La Nación, se alegró cuando supo del relanzamiento del impreso a la calle esta semana, y se siente orgulloso de que él también a su manera contribuya a entregar una herramienta que solo necesita de la luz del entendimiento, la conexión directa de la mirada con la letra, y la energía de la
ganas de leer.

“Yo he comprado todos los días compraba La Nación; y el domingo siempre la adquiría junto a otro periódico de circulación nacional. ¡Sagrado!

Si la gente no ve el título sobre la mesa que ha instalado frente al negocio ferretero en la Concordia frente a la Quinta Avenida, se lo puede buscar.

–Por mil pesos usted no se compra ni un
pastel—subraya Herrán, para hacernos ver lo tentadora de su promoción, aprovechada por mucho, y agrega:
hay gente que me llama y me dice “mire guárdeme tal y tales libros porque estamos encuarentenados”.

Ante el cierre indefinido del IUT, dentro de las medidas tomadas en circunstancias especiales, por el Gobierno Nacional, solo le quedaba solo dos opciones o quedarse en casa, accediendo a las recomendaciones oficiales, o salir a “camellar” en tanto la necesidad apremia.

–La gente –agrega Herrán- se las está arreglando para sobrevivir, porque como ya se ha convertido en dicho popular “o te mata el hambre, o te mata el virus”.Aquí
en San Cristóbal, gracias a Dios, la amenaza no es tan grave. Entonces pensé: ¿Si la universidad está cerrada yo qué hago metido en la casa?, y de inmediato me
puse a pensar dónde reubicarme, y aquí estoy frente al local de un amigo, quien me guarda los títulos universitarios, más costosos–.

No se queja de cómo le ha ido estos días, lo que además le ha permitido hacerse de sus pesos, tan útiles en medio de una crisis económica, donde el efectivo
escasea, y el bolívar se devalúa sin reparo.

–Si se ha vendido bastante gracias a Dios. Tenía cuatro mesas con libros a mil pesos y apenas me quedan está pila. La gente puede mirar sin compromiso. Como puede ver hay literatura, economía, agronomía, y otras materias técnicas… de todo un poco. Incluso compro libros en buen estado.  También hay otros libros universitarios; pero esos sí son nuevos, y de mayor valor, y no los expongo en la calle. El comprador viene y pregunta por lo que busca. La gente, preferiblemente en las tardes, cuando los apagones se extienden por horas ponerse a leer–.

 

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