sábado 16 octubre, 2021
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Equipamiento para regresar a clases podría superar los ochenta dólares

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Freddy Omar Durán

Entre el dilema de permitir o no el regreso a clases presenciales de sus hijos, los padres ya hacen cuentas en lo que respecta a uniformes, útiles y maletines. Un padre con disponibilidad para darle el total estreno al equipamiento al estudiante, debería estar pensando en hacerse con una cantidad que ni los salarios en divisas en el Táchira pueden alcanzar

El dato…

Mientras el año pasado un lápiz valía unos 750 mil bolívares, hoy ha superado el millón de bolívares.

Después de más de año y medio sin regresar a clases, tal vez muchos padres hayan olvidado el costo del retorno de sus hijos a las aulas o tal vez, hoy más que nunca, se preocupen de ello, pues no solo se están enfrentando a precios, bajo la denominación de una moneda extranjera, sino incluso más altos que en otros periodos escolares, como se pudo constatar en los distintos negocios relacionados con el ramo escolar en San Cristóbal.

La presente semana, los padres han ido perdiendo el miedo a la pandemia y a su debilitado poder adquisitivo para hacer una ronda por papelerías, tiendas de ropa, zapaterías y ventas especializadas en bolsos, para preguntar y cotejar precios. Los ya precavidos se defenderán con las adquisiciones del año pasado; los otros, dejaron todo para última hora o, simplemente, solo pudieron ahorrar lo suficiente ahora para ese importante desembolso.

Pero, sea como sea, muchos padres harán el sacrificio de que sus hijos cuenten con las mejores herramientas y vayan con la mejor y reglamentaria presentación posible al encuentro de nuevo con sus compañeros y profesores. Muchos uniformes y zapatos ya habrán sido superados por las tallas actuales de los estudiantes; muchos cuadernos y útiles ya estarán muy desgastados.

Dependiendo del ingenio, la factibilidad y la suerte, se le puede hacer el juego a la inflación o, sencillamente, se rinden ante ella, prescindiendo de lo accesorio y fijándose en lo estrictamente necesario. Vestuario, libros, útiles y bolsos llegarían a una suma que fácilmente va a superar los 80 dólares, en cálculos modestos; y puede ser mayor o menor, si queremos más calidad o nos conformamos con lo más económico.

— Pero, con todo y ajustes del presupuesto familiar para rubros escolares, jamás este encajará dentro del salario integral mínimo de un venezolano, el cual no alcanza ni para un cuaderno de una materia, un lápiz, un lapicero, un borrador y una tijera escolar — dijo Ángel Durán, un vendedor de alimentos, con tres hijos en edad escolar.

Por otra parte, se habla en pesos y en ese mismo idioma se habla de incrementos que en pequeña o gran medida, dependiendo del producto, también han ocurrido.

Los zapatos primero

El gasto de los zapatos nos resulta inevitable a muchos padres, pues nuestros hijos ya han crecido, o ya los tienen rotos y acabados. Realmente, yo no sé cómo voy a hacer, pero mi muchacho no va a llegar descalzo a la escuela — afirmó Isabel Márquez mientras miraba de arriba abajo un par de zapatos en un reconocido negocio de la ciudad.

— Uno puede conseguirlos baratos, pero como dicen, lo barato sale caro, y esos puede que ni te duren este mismo año; sin embargo, la buena marca, que siempre a él le compraba, resulta imposible en la actualidad— dijo.

Como todos los artículos de uso estudiantil, la clave está en el equilibrio entre calidad y precio; no obstante, en lo que respecta a la zapatería, podríamos decir que existen una alta y baja gama, siendo la primera representada por una muy tradicional marca del ramo, actualmente en el orden de los 80 mil pesos.

—El promedio de un calzado estudiantil puede estar en 50 mil pesos, mientras que hace dos años, aproximadamente, estaba en 35 mil. Por los mismos márgenes están los zapatos deportivos, usados en las faenas deportivas, aunque pretender las marcas de moda ya no cabría dentro de un sistema escolar más amigo de la sobriedad — comentó Marcos, encargado de una zapatería en el centro.

Por lo tanto, en pura zapatería, mínimo, si los compradores se deciden por proporcionar a su hijo el doble par, ya estamos hablando de 100 mil pesos. No obstante, los descuentos están a la vuelta de la esquina, y no son pocos los compradores con espíritu de cazadores de los mismos.

— ¿Qué costo tienen las medias— preguntamos a una  vendedora informal por las calles del centro.

— Las tobilleras, que en cualquiera de las “grandes tiendas” se consiguen en triplete por 10 mil pesos, yo las tengo en 8 mil. Si se prefieren las más largas, un par de buena calidad estarían bien en 5 mil pesos; yo las dejo en cuatro mil.

Hablando de papelería

En una ciudad donde empresas muy tradicionales podían cubrir los cuatro puntos de la geografía sancristobalense e incluso establecerse en otros municipios, las papelerías han quedado reducidas a un puñado de locales; y dentro de la economía comunitaria, las pequeñas tiendas han aprendido a competir en el mercado.

Las famosas ferias escolares que se establecían en puntos emblemáticos, especialmente los pabellones feriales, o por los lados del Simón Bolívar de la ciudad, brillan por su ausencia.

—La temporada va mejor que el año pasado, por lo menos, el 2020 fue todo un desastre— dijo el dependiente de una de las papelerías que han sobrevivido en el centro de San Cristóbal.

—La gente está averiguando precios; pero si arrancan las clases presenciales en forma, ahí sí vamos a ver el comportamiento real de los clientes este año. De todas maneras, los textos básicos para primaria sí se los están llevando, pues así sigan siendo a distancia o semipresenciales, de todos modos estarán los profesores mandando trabajos— agregó mientras muchas personas consultaban por los cuadernos.

Si establecemos una lista de útiles mínima y estándar que incluiría un lápiz, un borrador, un sacapuntas, un bolígrafos  5 cuadernos, 50 hojas de papel blanco, un block de construcción, un compás, una caja de colores, una tijera, un marcador, y una cartuchera, la misma superaría los 10 dólares, pero como todo padre de familia sabe, por lo general, lo que mandan las instituciones de educación se recarga con otros elementos, como papel higiénico, pliegos de cartulina, carpetas, etc., pudiéndose incluso alcanzar los 20 dólares.

En términos de moneda local y oficial, mientras el año pasado un lápiz, como fue reseñado en Diario La Nación, por estas mismas fechas, uno de los artículos más económicos dentro de la lista escolar, estaba en 750 mil bolívares, y hoy anda por el millón doscientos. Algo similar a lo que ha sucedido con los borradores y los sacapuntas sin depósito. Esos artículos, en pesos, también ha experimentado un leve aumento, entre cien y doscientos pesos.

— ¿Ha logrado comprar los útiles escolares?— le consultamos a Margarita Moncada, quien se encontraba en una librería del centro.

— No todos, pero, por ejemplo, el bolígrafo ya se consigue desde los dos mil pesos, mientras que el pegante en barra pequeño, la tijera pequeña, el marcador, el compás pequeño, cada uno se ubica en un margen de precio que va de los tres mil a los cinco mil pesos. Con la resma de papel en 20 mil pesos o 26 millones de bolívares de los actuales, pero por 4 mil pesos se adquieren 50 hojas. Los compro por partes.

Margen de precios

“Estoy buscando cotizaciones, estoy buscando los pesos, estoy esperando a ver si el año escolar presencial arranca o no. Yo he estado preguntando por lo básico”: estas son las palabras de Paola Chacón, que identifican los pensamientos de muchos padres y representantes tachirenses.

El tipo de producto, la calidad y el atractivo aspecto, es algo que está en la potestad del padre de familia escoger, con el riesgo que eso podría implicar para su bolsillo, por supuesto.

— ¿Pudo comprar los colores?

—No –respondió Paola Chacón. La caja de colores, en variadas presentaciones y cantidades, la más pequeña y económica, supera los 6 mil pesos, pero perfectamente, con más colores, se puede superar la barrera de los 25 mil pesos. Otro tanto sucede con las cartucheras, con las más elementales a 4 mil pesos, y las más grandes y con los personajes de moda en 15 mil pesos. Pero todo eso es muy costoso.

— ¿Cuál es el cuaderno más económico? —preguntamos a otro vendedor de otra librería.

— El precio base de un cuaderno, el más humilde de todos, no baja de los dos mil pesos; pero de ahí en adelante están los de portadas más llamativas, los de pasta más resistente, los anillados, los multimaterias, y un largo etcétera, que se reflejan en valores mucho más elevados, por supuesto. Hay mucha variedad.

— ¿El texto básico para aprender a leer?

— A esa lista escolar, especialmente en primaria, necesario es incluirle los textos básicos: mientras los de las primeras letras –El Nacho y el Coquito que siguen en vigencia, por ejemplo- se pueden adquirir por 8 mil pesos.

Los de segunda, ya usados en algunas ventas de calle,  por mucho menos; los de conocimientos en matemática, caligrafía y lectura, para cuarto, quinto y sexto grado, de una de las editoriales más solicitadas por las instituciones educativas, promedian un costo de 38 mil pesos, y los diccionarios escolares no están tan lejos de ese valor.

Pero si no se puede adquirir de primera, a casi mitad de precio, los de segunda también están disponibles. Y Gerson Bautista, en la entrada del edificio Uribante, toda una institución en libros, les da la doble opción a sus clientes, nuevo o usado.

—Los libros no se han dejado de usar. La gente ve si puede, así sea de segunda, llevarle su texto a su hijo, algo que necesitan tenerlo a la mano para consultar—dijo.

Todo eso debe ir en un morral

Indudablemente, todo eso que ha adquirido y que emocionado el estudiante estrenará en su aula de clases, debe ir en un morral.

Sin saberse si en las instituciones públicas se hará entrega del ya famoso morral tricolor, que ya le ha dado la vuelta el mundo en menesteres más de peregrinos que de estudiantes, quien desee comprarle a un estudiantes el más reducido en capacidad, sencillo y barato debe disponer de 25 mil pesos; pero como sucede con todo lo anterior, hay atractivas opciones de 90 mil pesos o más, y con garantía de una larga duración.

Uniformes escolares

La producción de uniformes escolares, que en el estado básicamente se maneja a través de negocios familiares, ha sido uno de los sectores más golpeados por la pandemia.

El retorno a clases presenciales es la esperanza para gente como Luz Sánchez, de ver la luz al final del túnel, y al respecto ya ha visto positivas señales, aunque siente que los padres aún están esperando si la actividad en aula será o no una realidad, y si ella implicaría el clásico ajuar o no.

—En estos días ha sido movida la actividad en el negocio. La gente deja todo para lo último y a veces tememos no dar abasto a la demanda, precisamente porque hemos estado mermados en nuestro capital para invertir. Pero muchos padres están esperando que se concrete y sea realidad lo de las clases presenciales para realizar sus compras— afirmó Sánchez, quien durante 15 años ha luchado para no claudicar en un local ubicado frente a la Escuela Bolivariana Carlos Rangel Lamus.

La mayor pesadilla de padres y representantes consiste en enviar a sus hijos a las instituciones educativas y que de allá regresen con su ropa hecha jirones. Por eso, a la hora de pagar, importante resulta conocer la calidad de lo que se adquiere, y del formato de prenda que cada institución educativa exija, tanto para actividades de aula como para las deportivas.

—Por el aumento de la materia prima han subido los precios; pero hemos tratado de ser considerados con el precio, porque sabemos que por la situación, muchos no están en capacidad de pagarlos tan altos. Tratamos de dar facilidades de pago, y que al menos se lleven lo que puedan—agregó Sánchez.

El uniforme diario para niño consiste en un pantalón, que puede estar en un rango de precios entre los 18 mil y los 30 mil pesos, y la camisa blanca, en valor aproximado.

Para las niñas se reglamenta el jumper colegial dentro de los precios ya mencionados, y si se quiere, los estudiantes agregan a su vestimenta el suéter, en alrededor de los 35 mil pesos.

Para los deportes se necesita la chemise, que recibe un costo adicional por el bordado con el logo del colegio o liceo, y un mono, por cada uno de los cuales igualmente el margen de precios fluctúa entre los 20 mil y los 30 mil pesos.

En otras palabras, con 120 mil pesos en la cartera, el padre o representante puede moverse entre las variadas posibilidades de que el estudiante estrene vestimenta, aunque aquí, igualmente, el ahorro puede esperar en el sitio más insospechado.

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