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“Es doloroso no poder ver a mis hijos todos los días”

Oriundo del estado Zulia, tiene tres hijos: dos hombres, de 32 y 28 años, y una mujer de 26


Por Jonathan Maldonado


Hace más de un lustro, Néstor Ruiz, de 49 años, tuvo que desprenderse de su tierra, Maracaibo, para aventurarse hacia la frontera, específicamente a la ciudad de San Antonio del Táchira, donde ha laborado en la economía informal, con el sinsabor que genera el estar separado de sus hijos.

Ruiz es padre de tres jóvenes. El mayor tiene 32 años, le sigue uno de 28 y la menor ya raya los 26. A la única que tiene cerca, y ve constantemente, es a su hija, quien vive en la misma ciudad fronteriza. De los dos caballeros está distanciado, uno vive en Cordero y “el otro en Maracaibo, en mi casa”.

Uno de los escenarios más fuertes para el ciudadano al momento de decidir migrar, hace seis años, fue el de desprenderse de sus hijos. Aunque ya estaban grandes, acostumbraban a reunirse, celebrar el Día del Padre en familia, ya sea en su hogar o en el de su mamá. “Preparábamos un sancocho o una parrilla”, dijo.

“Ser padre es lo más grande que me ha dado Dios y la vida. Es una experiencia hermosa y es lo más bello que tengo, junto a mi madre”, recalcó mientras rogaba a la Providencia por la posibilidad de volver a experimentar esos momentos.

“Tengo constante comunicación con ellos”

Ruiz, quien en la actualidad se dedica al oficio de “sillero” en la avenida Venezuela,  tiene constante comunicación con sus hijos. “La de acá siempre está pendiente de mí y hablamos constantemente. El de Cordero igual, pero el de Maracaibo, a quien no veo desde hace tres años, por vía telefónica”, aseguró.

Cuando arribó al municipio fronterizo Bolívar, se sumó a la gruesa lista de migrantes internos. Comenzó vendiendo café, plástico, golosinas y agua al río de gente que solía atravesar la zona para ir a Colombia.

La situación cambió radicalmente con la llegada de la pandemia y se vio en la necesidad de reinventarse. “Ahora estoy como ‘sillero’ en la avenida Venezuela, una nueva luz que me concedió Dios, y con la que puedo llevar el sustento a casa, e incluso seguir ayudando a mis hijos”, dijo.

“Da mucha nostalgia no poder verlos a los tres todos los días. Da bastante dolor y sufrimiento”, indicó el progenitor, al tiempo que describió lo unida que era su familia. “Se me ha hecho muy difícil separarme de mis hijos, no poder verlos todos los días, compartir el desayuno, almuerzo o cena”, recordó.

Celebraciones deprimentes

Para Néstor Ruiz, sus últimas celebraciones del Día del Padre han sido deprimentes, por el distanciamiento que tiene con sus hijos. Ya no pueden reunirse como antes, “vivir esas celebraciones tan lindas, de las cuales solo quedan los recuerdos”, rememoró con la confianza de que pronto estarán juntos.

La realidad que vive en la actualidad está sujeta a ciertas complejidades que ameritan imprimirle “cariño y amor para salir adelante. Hay que seguir bregando, luchando y esforzándonos cada día más, con Dios por delante”, enfatizó el progenitor mientras resaltaba la necesidad de aflorar siempre la humildad y la honestidad, dos valores cruciales en estos tiempos.

El marabino nunca imaginó tener que abandonar su ciudad por las circunstancias económicas, que aún persisten. Allá, en su tierra, imaginaba estar hasta que la vejez diera paso a sus últimos días en este plano; sin embargo, el panorama cambió y se vio obligado a tomar otras rutas, sin tener que dejar el país.

“En Maracaibo nos reuníamos, hacíamos un sancocho, una parrillita; son reuniones familiares muy lindas que extraño y anhelo”, señaló, para luego dejar claro que el tiempo de Dios es perfecto. “Pronto volveremos a vivir esas celebraciones del Día del Padre tan especiales”, manifestó.

Ruiz cerró su relato con un mensaje para sus hijos: “ustedes son lo más hermoso de mi vida. Cada día que pase estén más unidos, por favor, con mucho amor, y recuerden que la vida vale mucho, debemos estar siempre juntos, eso es lo más primordial”.

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