martes 7 diciembre, 2021
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Grietas en la educación lobaterense

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Por Juan José Contreras Cárdenas.

Algunas de las docentes durante la semana de flexibilización


Hace 72 años se creó el Grupo Escolar Ciudad de Carúpano, en la capital del municipio Lobatera, actualmente el recinto es escuela bolivariana. Su estructura majestuosa, de corredores con pisos de mosaicos verdes y amarillos, en otros tiempos fue el albergue de la formación primaria de generaciones de lobaterenses. Hoy el edifico se encuentra estructuralmente devastado por el deterioro.

Años de no recibir el mantenimiento adecuado, hicieron que la icónica construcción escolar de Lobatera colapsara en varias áreas y sea insegura para los niños y el personal.

Este mes de noviembre inició con la regularidad de las últimas semanas: el personal docente se hace presente en la institución para brindar asesorías y evaluar las asignaciones de los alumnos, pues no todo el estudiantado cuenta con conexión a Internet, o ni siquiera poseen computadora para la educación a distancia decretada en Venezuela por la pandemia mundial.

Paredes con un resquebrajamiento que va desde el suelo hasta lo alto de los techos; filtraciones que en una temporada lluviosa, como la actual en el municipio, hacen que los interiores del recinto se llenen de pozos de agua y que los muros se mojen; son solo parte de los problemas de la escuela Ciudad de Carúpano, que hacen que algunos salones no sean aptos para su uso por seguridad, e incluso hay un área donde se insta a transitarla por el patio y no por el corredor, debido al deterioro estructural.

Las profesoras evalúan en un corredor de la escuela

En profundidad

La docente Andreína Andrade acudió en la semana de flexibilización de la cuarentena a la escuela para atender y evaluar a algunos de sus alumnos del 3er grado, acompañados por padres o representantes, acción que ha llevado a cabo también en su casa en Lobatera. Solo unos pocos citados, y con todas las medidas de bioseguridad y distanciamiento social, precauciones que contrastan con el peligro de la humedad por las filtraciones en el edificio:

“Da mucha tristeza ver la escuela así, porque se supone que debe ser un lugar donde los niños deben estar a gusto, que sea agradable, bonito y, lo más importante, que sea seguro”, explicó la profesora Andrade y detalló que el problema de las filtraciones es de vieja data. “Hace como tres o cuatro años salimos a la sede del liceo, y estuvimos trabajando unos meses allá. En ese momento, los representantes cerraron la escuela porque no era segura. Se hicieron ciertos movimientos, pero solo para tapar algunos huecos con cemento y para pintar, y nos devolvieron para acá”.

Otro problema en la escuela son los baños, que no tienen agua porque el año pasado se rompió el tanque del centro educativo. “Hay dos baños de hembras y uno de varones, que el personal también usa, como no hay agua se colocaron pipotes”, especificó Andrade, apuntando a que no es higiénico introducir tantas manos en un contendedor de agua en este tiempo de pandemia.

Los baños no tienen agua porque el tanque se rompió

Así como Andreina Andrade, otras docentes, por el compromiso de la formación de sus niños, asisten a la escuela Ciudad de Carúpano, nombre relevante en el municipio y cuya edificación no es ni la sombra de lo que fue, con el quebranto de sus muros y el menoscabo de su estructura.

La voz de la profesora Andreína Andrade es la de otras maestras del cuerpo docente de la escuela, que con ahínco, en un contexto hiperinflacionario que ahoga su reducida remuneración económica, trabajan por la educación de los infantes: “Vocación, a uno le gusta lo que hace, llega un punto en el que preocupa que los niños pueden dejar de aprender. Nunca va a ser igual que uno explique un contenido en el salón de clases, a que los representantes busquen conceptos en sus casas”, detalló la maestra.

Un centro educativo que es patrimonial y que cuenta con espacios como un comedor, cancha, amplios jardines, por mencionar solo algunos, ahora se ve disminuido por la mengua de las áreas internas, como el salón de la biblioteca, que no es seguro estructuralmente. ¿Será que el edifico que levantó la formación de tantos niños por 72 años se caerá por el deterioro?

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