La crisis desviste los estrenos del 31

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Karely Flores y su esposo son de esos padres que siempre han procurado que sus hijos estrenen la noche del 31 de diciembre. El 2019 los encuentra con 12, 10 y 3 añitos de edad. Distintas tallas, pero con precios igual de altos en un contexto de hiperinflación.

Este viernes paseaban por un centro de San Cristóbal en el que a ratos pareciera que no fuera finales de diciembre. No está repleto de buhoneros, no hay largas colas para pagar en las tiendas y tampoco mercancía en abundancia.

“Estamos buscando ofertas, aunque casi mejor saldría bajar a Cúcuta”, dijo Flores, mientras tanteaba si un jean le quedaba a la niña más pequeña. Ella sí estrenará completo. Los dos mayores puede que debuten con una sola o dos prendas, quizás combinadas con ropa usada. Para los padres, los estrenos no son ni siquiera una opción.

El centro deja ver por estos días vestidos a 7.000 bolívares para jóvenes, ropa de niños a partir de 3.200 bolívares la prenda, y blusas desde 4.500, como las que vende Coromoto Ramírez. “Ha estado algo dura la venta. Se entiende, por la crisis. Pero yo confío en Dios en que esto va a mejorar en el 2019”, proyectó la comerciante.

Los centros comerciales, en cambio, muestran blusas femeninas en torno a los 15.000 bolívares, camisas para caballero a partir de 12.000 y hasta en 40.000 bolívares y zapatos en torno a los 30.000. En cualquier caso, dos y más salarios mínimos.

Muy poca ropa interior amarilla se observa en el centro. (Foto/Tulia Buriticá)

Amarillo ya no luce…

Los mostradores, vitrinas y maniquíes del centro visten prendas de variados colores. Algo pasa, en comparación con otros años. Ya no se ven esas piscinas llenas de pura ropa íntima amarilla para cumplir con la tradición de algunos cuando suene el cañonazo.

¿Por qué? “Es que este año casi ningún comerciante encargó mercancía nueva. Entonces estamos trabajando con lo que tenemos, y pues lógicamente no queda tanta prenda amarilla porque se vendió el año pasado”, despeja la duda Jhon Murillo, desde una caja registradora.

A Coromoto Ramírez le quedan unos bikinis amarillos en 1.000 bolívares, de los cuales este viernes por la mañana ya había vendido uno. Para caballeros, ofrece un solo bóxer del color del oro y la suerte. “Esto es lo que hay. Es poquito, pero la gente ahora tampoco anda tan pendiente de comprar ropa íntima amarilla. Eso era antes”, ha observado.

Una mujer observa ropa femenina en la tienda de María Sánchez. Oscila en torno a 10.000 bolívares y más. Se resigna a no estrenar y a llegar a casa, dice, a buscar en el clóset las prendas más recientes en uso y que no hayan perdido tanto la vivacidad del color.

En Barrio Obrero y los principales centros comerciales de San Cristóbal el panorama es más o menos similar: no hay grandes compras en las tiendas, ni tampoco se ve gente con muchas bolsas. Ni siquiera se llenan los locales que ofrecen hasta 25% de descuento en la mercancía. La crisis ha llevado la gente a moderar los gastos y a priorizarlos en comida.

Lo más importante, coinciden algunos, es vestirse de buena salud, paz, éxitos y felicidad para el 2019.

Daniel Pabón