viernes 15 octubre, 2021
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Los ocho minutos más felices del Montessori: 10 estudiantes dialogaron con un astronauta

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En el Táchira se conquistó el desafío de entablar y mantener comunicación efectiva con un astronauta de la NASA, mediante ondas hertzianas. (Foto/Gustavo Delgado)

En este instituto de San Cristóbal ocurrió el primer contacto directo programado entre un colegio de Venezuela y la mismísima Estación Espacial Internacional

2:23 de la tarde. Una voz en inglés responde desde el espacio exterior. Radio en mano, Ricardo Benvenuto y Francisco Lorenzo asienten, emocionados. Son ellos. Del otro lado, habla la NASA. “Muchísimas gracias y bienvenidos todos a la Estación Espacial Internacional”, se escucha fuerte y claro en el español nativo del astronauta Joseph “Joe” Acaba, uno de los seis actuales tripulantes de la Estación Espacial Internacional.
En el Táchira se conquistó el desafío de entablar y mantener comunicación efectiva con un astronauta de la NASA mediante ondas hertzianas. Lo lograron ayer, en el Instituto María Montessori de San Cristóbal.
Contactos así, programados y oficiales con la agencia espacial estadounidense, se habían logrado hasta ahora solo cinco en Argentina, cuatro en Brasil y cuatro en Perú, en el contexto sudamericano. El de ayer, en la sede del Montessori, en Pirineos, se convirtió no solo en la experiencia número 14 en la región, sino -sobre todo- en la primera de este tipo en toda Venezuela.
Ingeniero y técnico de la Estación, Acaba contó que cuando era joven vio caminando al hombre en la Luna. Eso lo inspiró. Le gusta leer libros de ciencia ficción y por eso se decidió a ser astronauta.

Los alumnos del Montessori, junto al personal de la institución y el doctor Ricardo Benvenuto y Francisco Lorenzo, disfrutaron los minutos de comunicación. (Foto/Gustavo Delgado)

Concentradas en la cancha del instituto, presenciaron el acontecimiento unas 650 personas, incluyendo los 332 estudiantes, sus padres y representantes, el personal docente y administrativo, la fundadora del centro educativo, Reina Hidalgo, e invitados especiales.
Todos fijaron las miradas en tres pantallas dispuestas en lo alto de una tarima: una, con la transmisión en vivo del canal de la NASA; otra, con el recorrido de la Estación Espacial en tiempo real, y una más, con el tiempo del contacto y una foto de Acaba.
Los diez estudiantes que hicieron preguntas fueron seleccionados por sus mismos compañeros. Cada uno representó a un grado o año. Todos estaban igual de felices, emocionados y ansiosos, desde Verónica (segundo grado), la más pequeña del grupo, que a sus ocho años consultó sobre la temperatura y la comida en el espacio, hasta Santiago (quinto año), el más grande, que a sus 15 años se interesó en saber cuál sería el tiempo estimado para un transporte interplanetario, de existir un planeta habitable.
“Comemos muy bien, tenemos muchas tortillas porque no podemos comer pan”, respondió a Verónica el cosmonauta de raíces puertorriqueñas, al añadir que su plato favorito es “un pollo un poquito picante”.
En la Estación Espacial, Acaba hace un experimento con unas lechugas. Ahora también están aprendiendo cómo se comportan los líquidos en el espacio. “Cada día estamos descubriendo algo nuevo”, dijo el joven, que antes fue maestro en Florida, Estados Unidos.
Consultado sobre las caminatas espaciales, explicó que cuando las hacen deben usar el traje de astronauta. “En una caminata espacial se siente un poquito de miedo, porque el planeta está a 200 millas debajo de uno”, relató en tono amigable, cercano, mientras los 10 muchachos contenían el aliento para no perder palabra alguna de sus respuestas.
Acaba respondió a otro estudiante que, de encontrarse con un extraterrestre, se sentiría “muy feliz”. Contó a la comunidad educativa que las estrellas son muy, muy brillantes. Y en otra explicación reveló que “el próximo paso es ir al planeta Marte, puede ser en 2030”.
2:30 de la tarde. Benvenuto y Lorenzo saben que el tiempo de comunicación efectiva se agota. Que estos últimos ocho minutos han sido un éxito. Se han hecho 15 preguntas con sus respuestas. Se ha cumplido ronda y media. Cubrieron las expectativas. “Si nos escuchas, mil gracias”, finalizaron desde San Cristóbal, antes de que el Instituto María Montessori estallara en lágrimas de felicidad, en abrazos y manos en alto.
El contacto ocurrió a esa hora porque justo entonces la Estación Espacial Internacional pasó, a unos 400 kilómetros de altura, sobre las coordenadas de latitud y longitud de la parte alta de San Cristóbal. El satélite tripulado más grande e importante del mundo pasea por toda la Tierra a una velocidad de 27.500 kilómetros por hora. En esta vuelta, la EEI atravesó el horizonte de Venezuela, desde el Lago de Maracaibo hasta el estado Bolívar.
El proyecto “Montessori San Cristóbal llama al espacio” no ha sido un premio obtenido en ningún concurso, han aclarado sus entusiastas directores, el médico Ricardo Benvenuto y el ingeniero Francisco Lorenzo, ahora representantes y en otro tiempo estudiantes del instituto. Luego de presentar la iniciativa a la directora Lorena Pernía, en febrero de 2016, aplicaron a una solicitud formal de contacto con astronautas de la Estación Espacial Internacional ante ARISS (Radio Aficionados en la Estación Espacial Internacional). Gracias a la solidez de la propuesta, lograron ser agendados para este 31 de octubre que no olvidarán. Y gracias a su constancia, vivieron desde el “bienvenidos” hasta el “cambio y fuera”.

Daniel Pabón

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