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Los siete potajes de las villas del Rosario y San Cristóbal

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Leonor Peña

 

La Casa Museo General Francisco de Paula Santander, dirigida con acertada gerencia por Susana Quintero, ha tomado la oportuna iniciativa de crear, a favor de la cultura gastronómica patrimonial, un excelente espacio para la revalorización de la cocina tradicional:  los talleres de cocina regional, que dicta con criterio de excelencia la investigadora de la gastronomía de la Villa del Rosario, estudiosa cocinera y atenta pedagoga, Gloria Villamizar Angarita.

La invitación que nos convocó este viernes, ocho de abril, en anticipo al Almuerzo de los Siete Potajes, fue también para exponer el tema de la celebración de esa tradición gastronómica que se mantiene en esta región de frontera del Táchira y Norte de Santander, en donde las villas de San Cristóbal y del Rosario  -como fueron fundadas- conservan tanto el menú ancestral como la liturgia católica, que extiende su mantel para marcar la mesa del Jueves Santo, en el llamado Almuerzo de los Siete Potajes.

Cuentan las crónicas, según el decir popular, que en tiempos pasados era considerado un acto pecaminoso el cocinar los días santos, es decir, desde el miércoles en la noche hasta el Domingo de Resurrección. Entonces la costumbre mandaba que, a partir del día lunes, los preparativos no se hicieran esperar para tener a tiempo lo platos emblemáticos de ese menú de los Siete Potajes, que por lo general se ofrecía tanto a la hora del almuerzo como de la cena del día jueves.  Platos que podían servirse en las comidas de los días viernes, sábado y domingo.

El menú de estas dos Villas, ahora ciudades,  San Cristóbal y Villa del Rosario,  que se hermanan en la historia, en su geografía y sobre todo en sus parentescos familiares, solía ser, si no similar, muy parecido y entonces podemos afirmar, como lo demostró Gloria Villamizar Angarita en esta ocasión, que junto a los platos de pescado seco, pescado salado o pescados preparados en tortas o pasteles, pisillos, guisos y variaciones regionales, entran en la carta algunas sopas, antipastos, turmadas, encurtidos, micos, amasijos, ensaladas, arroces y como guarniciones las hallaquitas, bollitos, envueltos y pasteles.

A la hora de los postres se llaman a la mesa de los Siete Potajes, a los excelentes dulces de platico y las recetas familiares, como la famosa torta de pan o las tortas de mazorcas, de auyamas, y la de chocolate a base del tan ponderado cacao local.  Tortas que vestidas de almíbares y mermeladas de frutas criollas, cierran la oferta culinaria junto a un muy buen café de las cosechas locales.

Gloria Villamizar Angarita, a través de las redes sociales del Museo Casa General Francisco de Paula Santander, expuso, como cátedra de cocina tradicional, su conocimiento sobre cada plato y entonces nos contó que la primera opción la tiene la preparación de la torta de pan, que atendiendo la recomendación del recetario de las abuelas, se hace reuniendo con tiempo el pan que va quedando cada día y que se aprovecha al convertirlo en una magnífica oferta de dulce presencia para acompañar el café.

Las entradas se presentaron en variaciones de encurtidos de lechosa verde, antipastos con mango verde, y de camarones servidos en una canoa de piña, como versión tipo coctel.  Entre los muy principales platos, el pastel de pescado y la turmada cucuteña hicieron gala de sabor y estética para presidir la carta, a la cual Gloria Villamizar Angarita llamó como acompañante en su versión de mico de auyama, a esta guarnición muy propia de la cocina local.

Villa del Rosario nos muestra que la fortuna la cobija, al tener, además de la creación de la Escuela Taller de Cocina,  que como fundación ha iniciado su trabajo de valorización cultural,   esta iniciativa a favor del patrimonio gastronómico que lidera Susana Quintero como directora de la Casa Museo General Francisco de Paula Santander, y que gracias a la presencia de Gloria Villamizar Angarita, cocinera patrimonial que aprecia y ama a su tierra, está dinamizando la posibilidad de llevar hasta el pueblo de la Villa del Rosario ese conocimiento que es heredad que con buenos augurios retorna a la mesa familiar, a la gran mesa nortesantandereana, donde habita el ánima popular de la tradición cultural.

Buenos augurios nos trajeron el anticipo de los Siete Potajes en la Casa Museo, presente en el menú de este almuerzo preparado por la creativa Gloria Villamizar Angarita, gran cocinera tradicional y buena investigadora, que reafirma por herencia familiar el recetario de sus parientes, gracias al patrocinio y gerencia de Susana Quintero en la Dirección del Museo General Francisco de Paula Santander.

Leonor Peña

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