jueves 9 diciembre, 2021
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Siembra de arte en el casco histórico de San Cristóbal

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Una compulsión y una pasión por inundar de arte las calles, por encontrar por esta vía la liberación a las tantas horas de encierro obligadas por la pandemia, han llevado a Douglas Enrique Contreras Gandica a pintar en un poco más de un año 17 murales, muchos de los cuales adornan en estos momentos las paredes del casco histórico de San Cristóbal.

Un interés personal terminó cruzándose con los trabajos de remodelación y embellecimiento que viene desarrollando el Protectorado del Táchira a través de Corpoandes en una zona que pese a guardar profundos significados históricos había permanecido en el olvido, al menos en lo que se refiere al cuidado del espacio público, y las piezas de valor patrimonial que allí permanecen. Esto le valió que un proyecto individual cobrara dimensiones, y se esté extendiendo a otras poblaciones, en una acción de colaboración mutua entre colegas, quienes tal vez, como Gandica, abrigan secretamente el deseo de convertir a San Cristóbal en una ciudad museo. Ese deseo, al menos desde el muralismo, ha tenido varias tentativas, las más destacadas a mediados de los ochenta y principios del presente siglo.

Frente al Mavet, sobre la calle 4, lo mítico y lo ecológico confluyen en uno de los múltiples murales con los que Enrique Gandica ha revalorizado el casco histórico de San Cristóbal. (Foto/Freddy Omar Durán)

Pero lo que Gandica ha propuesto sobrepasa la manida iconografía épica o la postal turística, pues se enfoca en un lenguaje más urbano, aunque siempre con la intención de que el público la vea, la disfrute, la valore, y trate de develar un mensaje, pues antes que encerrarse en su estética, su preocupación en esta iniciativa se encamina a reencontrarnos con una serie de valores que pasan por lo eminentemente plástico, lo espiritual, lo ecológico y, por supuesto, lo identitario, lo raizal.

Porque un mural no es simplemente un agregado bello más dentro del contexto citadino, algo simplemente arrojado para ocupar una pared o una edificación; debe quebrar la rutina cotidiana, ser intermezzo de una especial magia, ventana a una realidad que le pertenece al mismo orbe social, pero adquiriendo estruendos sinfónicos. Otro modo de comunicar es el mural tan válido como el rumor que corre por las plazas, como el ruido de los medios de comunicación, y la interacción viciada y viciosa de las redes sociales.

Desde el encierro impuesto por el covid-19, su necesidad fue el regreso a los espacios abiertos, como ser humano y como artista, cayendo bajo la seducción de una pared en blanco, ubicada en Cumbres Andinas, a la entrada del parque nacional Chorro El Indio, cerca de su lugar de residencia, para ese entonces. Allí, en tamaño de 4 metros por tres, se retrataron diversas personalidades mundiales, ejemplos de vida para la humanidad, cada una con una lección de vida muy particular.

Trasladado al hogar familiar, en una esquina diagonal a la plaza Urdaneta, las ideas creativas seguían rondando su cabeza, y un horror vacui que no lo dejaba en paz, le movió a intervenir artísticamente la fachada de esta edificación, para después enfocarse en el tramo vial que va de la plaza San Miguel a la sede del Palacio de Justicia, la llamada Cuesta de Filiscos. Ya le había echado el ojo a otro “lienzo” urbano, cuando se topó con que artistas asignados por el Protectorado del Táchira ya estaban allí trabajando, y amablemente pidió si podía dedicarse a lo que todavía estaba intacto, “a un ladito”, y también, de ser posible, le cedieran algo de pintura para terminar una obra en la cual se hace alusión al paso de Bolívar por San Cristóbal, precisamente a través de esa aún empedrada vía: no solo se lo permitieron, y aceptaron gustosos su espontáneo aporte y acompañamiento, sino que lo incorporaron al equipo que ya allí estaba laborando, al ver la dedicación a sus obras, por las cuales seguía hasta la noche, así como la eficiencia y calidad de su factura.

Salir del encierro

—El covid-19, y la obligación del confinamiento, me dieron el impulso y me dije: por lo menos, no quiero morir aquí encerrado, si lo voy a hacer, que sea luchando”. Inicié con carbón, pues no contaba con pintura, y aceite quemado, prácticamente materiales reciclados, pues algo que me interesa reflejar en mis proyectos es demostrar que la basura se puede utilizar como materia prima del arte. Y también quiero demostrar que no hay que limitarse al dinero, o a la inversión a gran escala para hacer cosas artísticas, ya que no se trata solo de alcanzar la “gran obra”, cuando puede ser más prioritario manifestar al colectivo mensajes importantes— afirmó Gandica.

Su estilo urbano, más que depender de un boceto, o la reproducción mecánica de algo ya diseñado, parte de un tema inicial que entra en diálogo con el entorno del mural y libremente deja que una historia fluya sobre él, a modo de una gran cinematografía

—Si uno pone una frase, así sea la más sencilla, puedes transformar a una persona que pasa por allí de casualidad y la lee. Me gusta pintar a partir del lugar al que llego, me gusta que la pared me hable, ser influido por la gente que transite cerca del área intervenida. Yo pinto murales para que ellos me hablen— dijo.

Para Enrique Gandica, resulta clave la repercusión del arte entre el concreto y el estruendo de las máquinas y las muchedumbres.

—Lo que quiero con mi arte es fomentar un nuevo tipo de sociedad, más basado en la cultura, en el ingenio, especialmente el representado por nuestra población joven. El arte debe volver a preocuparse en embellecer los espacios, eso se perdió mucho con el arte conceptual. Me gusta mucho compartir con la gente, porque de qué te sirve quedarte con algo para ti solo. La expresión se vuelve como fría si no hay la retroalimentación con el público; sin ella a veces te puedes sentir como extraviado como artista. No es que sin esa recepción dejaríamos de hacer arte, porque el arte es una terapia muy personal, pero no deja de tener su gran importancia, atender a la reacción del espectador. Y eso lo sostengo aunque sé que en el fondo soy una persona muy solitaria. Esa receptividad de la obra tiene mucho por decirte.

Y, además, le gusta mucho el trabajo en gran formato. “Mi primer mural, cerca de la plaza Urdaneta, está dedicado a los pintores del mundo. La idea de los murales es poder comunicar muchas cosas a la gente, y como dijo Blaskty, “no hay arma que duela más que una pared. Con esto del covid-19, ha cambiado mucho nuestra concepción del arte, y ya tenemos que pensar en que no podemos limitarlo a espacios cerrados, es necesario disponer de los espacios abiertos.

No solo se trata de una prolífica e maratónica gestión artística, también propende a la variedad, y aunque un mismo estilo atraviese cada mural, la temática varía de uno a otro.

—Quise hablar del famoso aventurero Rafael Nogales Méndez, precisamente en el lugar donde nació, y empezando la Cuesta de Los Filiscos conté la historia de los indígenas Cuicas, caracterizados por su gran inventiva. Empecé con una representación de la llegada de Bolívar a San Cristóbal, para las fechas cercanas al bicentenario de la Batalla de Carabobo. En la sede de la Policía Municipal hay otro alusivo a los valores de la institución. Al frente, por la calle 6, Mavet, tenemos 21 animales tótem, reflejando en ellos sus virtudes divinas, teniendo en claro que todos formamos parte de un mismo espíritu y por eso es necesario cuidar la naturaleza

Destacó que de nada sirve este esplendor de arte en los espacios urbanos, si los ciudadanos no se concientizan en su preservación y terminan convirtiendo sus alrededores en lugares para botar basura

—Lo bonito es que termináramos constituyendo una ciudad galería, y que la gente tome conciencia de cuidar nuestros espacios, en vez de seguir utilizándolos como botaderos de basura. Debemos ser una sociedad responsable, y aceptar que muchos de nuestros problemas dependen de nosotros mismos para ser solucionados, en vez de estar todo el tiempo echándole la culpa a los demás. .

Aunque era un tema que lo mantuvo indiferente por un tiempo, en estos momentos Enrique Gandica se ha puesto activo en lo que a las redes sociales se refiere y es así como por esos medios desea divulgar de manera audiovisual lo que ha venido desarrollando en el casco histórico, así como en otros sitios, como el Hato de la Virgen en Capacho, ya que la encomienda apenas empieza…

Freddy Omar Durán

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