martes 30 junio, 2020
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Un atípico Viernes Santo vivieron vecinos de las dos Zorca

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Freddy Omar Durán


Pese a la cuarentena, pese a ser Viernes Santo, otrora fecha guardada con profundo celo por el catolicismo, y a la tensión, un día después de las protestas contra la supuesta ocupación de escuelas por parte de venezolanos de retorno, una muy mínima expresión del comercio informal hogareño, y alguna panadería y abasto mantuvo cierta actividad en Zorca Providencia y Zorca San Isidro.

Sin embargo, la soledad era lo que  imperaba a lo largo del sector, con uno que otro vecino asomándose fuera de sus hogares, saludando a quien estaba en sus cercanías y por allá pasaba.

La entrada a la escuela Bolivariana La Providencia permanecía soldada, y fuera de eso, nada raro se observaba en sus alrededores; eso sí, el comercio informal de verduras y otros víveres que allí se ha dado en estos días, aunque reducido, daba señales de vida.

Muy cerca una señora mantenía una tensa conversación con un grupo de mototaxistas que ofrecía sus servicios para llevarla a San Cristóbal a precios impagables.

A ella le parecía escandaloso que por un kilo de cebolla, estuviesen cobrando 10 mil pesos, mas eso no justificaba que le cobrasen tan caro por una carrera. La mujer terminó devolviéndose para su casa.

Irónicamente este Viernes Santo, en comparación con los que se han vivido en la cuarentena, parecía «uno más», por supuesto, envuelto de un gran silencio, al que contribuía el hecho de que se había ido la luz.

A seguir trabajando

El único que rompía, aunque muy discretamente con esa monotonía, era Gregorio, un hombre que ofrecía en su carrera «mantas y toritos» productos de pescadería propios de estas fechas.

«Uno no se puede quedar en casa haciendo nada, el tiempo no puede pasar en balde», justificó su trabajo en medio de circunstancias que más bien obligan al recogimiento.

En un tobo pequeño cargaba su producto, arrastraba una carretilla, en la cual también llevaba la balanza. A pesar de carecer de un brazo, era muy diestro en cortar y pesar la mercancía. Portando la reglamentaria mascarilla,

Narró que había salido bien tempranito con 10 kilos de pescado y prácticamente lo había vendido todo, antes del mediodía, ofreciendo el kilo a 10 mil pesos, un precio similar al que se ofreció en muchas pescaderías.

Pero en Zorca San Isidro su pregón no era el único que desafiaba el callado ambiente, pues a lo lejos, se cruzaba con el lechero y el vendedor que no esforzaban mucho en sus gritos para hacerse escuchar.