miércoles 5 agosto, 2020
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Ungir los santos óleos a pacientes covid-19

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El padre Enmanuel Pernía, de la parroquia San Judas Tadeo, en La Romera, es el primer párroco del país en ingresar a una sala de aislamiento covid-19 para ungir los santos óleos a los enfermos: Hacer la señal de la cruz con aceite bendito sobre el cuerpo de una persona, para administrarle un sacramento u otorgarle una dignidad.

Exhorta a todas las personas a cumplir la cuarentena y todas las normas de seguridad sanitaria. “No es bonito estar en UCI, es bastante difícil para el enfermo y sus parientes”


Por José Luis Guerrero S.

I

Una noticia en un informativo de televisión en España llamó la atención del sacerdote Enmanuel Pernía Rojas, capellán del hospital Patrocinio Peñuela Ruiz, y de Richard Torres, subdirector de ese centro de salud, en Santa Teresa. Fue hace mes y medio. El párroco  había entrado a una zona covid-19 y estaba dando la primera comunión a una niña. “Eso nos motivó. Lo conversamos con el director del instituto, Ramón Chávez, antes de él enfermarse”.

El segundo hospital centinela de San Cristóbal dispone de un área de aislamiento covid-19 y una Unidad de  Cuidados Intensivos, UCI, donde permanecen varios pacientes. Allí, el párroco dio el sacramento de unción de los enfermos y elevó sus plegarias por la pronta sanación de todos. “Nos motivamos a llevar la oración, colocar los santos óleos, para que los enfermos sientan compañía y fortaleza”.

Él y Torres, quien es miembro de la hermandad de Emaus, comenzaron el proceso de preparación mental y psicológica, pues ingresar allí genera cierto temor, por tratarse de una enfermedad contagiosa. Lo discutieron varias veces. Al caer enfermo el director del Seguro Social, agilizaron los pasos. También la oración de muchas personas fue fundamental. Algunos fieles de la parroquia San Judas Tadeo, en La Romera, donde él es el párroco,  lo sabían. El sacerdote se los había adelantado.  Todos le acompañaron con la oración en las semanas previas.

Enmanuel Pernía Rojas es el primer sacerdote del país que ingresa a una zona covid-19 en uno de los hospitales centinela. Con el grupo Cáritas de la parroquia, el apoyo de vecinos y conocidos, consiguió el material de bioseguridad necesario: guantes, lentes, tapaboca, escudo protector de rostro, el traje de bioseguridad. “No utilicé nada del Seguro, porque esa protección la necesita un médico, una enfermera. Sabiendo la necesidad que hay de este material en este momento, opté por buscarlo por fuera”.

El martes 28 de julio tomaron la decisión de dar el paso. Con sumo cuidado se colocaron cada una de las prendas de seguridad personal. “Mientras me vestía, el corazón palpitaba con más intensidad. Muchos nervios. Yo parecía RoboCop”.

El sacerdote llevaba, a la vista de todos, sobre su cuello, una estola morada –una bufanda.  La buscaron en la capilla de San Lucas, en el Seguro Social, la cual administra desde hace varios meses, luego del fallecimiento del padre Nepomuceno Pinzón.

“Esa fue la que se encontró en la capilla. Representa el símbolo de la Iglesia, símbolo sacerdotal, para que todos los pacientes me identificaran, que no era un médico el que estaba entrando a esa sala de aislamiento, sino un sacerdote, ya que el clériman –lo que llevan los párrocos en el cuello- estaba todo tapado, y la estola es símbolo que identifica el sacramento de la confesión, para unción de los óleos y para hacer oraciones”.

El sacerdote se había preparado para llevar una estola blanca. “Pero debe ser por los nervios de ese momento, por la adrenalina disparada, no la conseguí”.

II   

“Anteriormente la gente tenía miedo porque, cuando llamaban al padre para ungir los santos óleos, era porque el enfermo se estaba muriendo, y eso no es así”. Una vez dentro, se dirigió a cada uno los  pacientes.

“Los santos óleos dan vida, fortaleza a las personas que están enfermas, les da fuerza. Animar a los enfermos, para que se levanten con amor, con alegría y sigan adelante bien sanos. Lo animan a llevar la enfermedad y recuperarse”.

Hubo oración, entre otras, la que escribió monseñor Mario Moronta para el Santo Cristo de La Grita por el peregrinaje virtual de este año. “Yo ungía los santos óleos a cada paciente y el subdirector decía la oración del Santo Cristo y las otras preliminares. Él era el que rezaba. Fue un trabajo en equipo, una  experiencia conmovedora, bonita. No debo negar que  uno siente mucho miedo al entrar, es como un campo de batalla, en una guerra,  pero una vez dentro, es otro ambiente. Cuando uno lleva la oración y va con la confianza puesta en Dios, no hay nada que temer”.

—Es la alegría de estar allí. La alegría de ellos —los enfermos— al vernos, compartir palabras, muchos consejos, animarlos. Algunos de ellos son conocidos. Fue una experiencia bastante conmovedora, agradable, llena de esperanzas. Es reconfortante lo que hicimos—dijo en tono de quien ha cumplido con su sagrada labor.

La visita duró unos 30 minutos. Ambos estuvieron acompañados en su recorrido por un enfermero. Todos los enfermos son católicos. Los médicos y el personal que allí se encontraban son muy respetuosos.

III   

Monseñor Mario Moronta se enteró de esta obra, 24 horas antes de que Enmanuel Pernía entrara a la zona covid-19. “Lo llamé por teléfono y le expliqué todo. Al principio se preocupó mucho. Luego me dio mucha fortaleza y me dijo: ´Adelante. Es obra de caridad. Hay que hacerla, y alguien tenía que hacerlo´. Lo hice yo. Él está contento”.

Dos fotografías quedan para la historia: la publicada en la edición del miércoles 29 de julio en Diario La Nación, tomada en el pasillo, y otra más privada, ya en el área específica, “que se la envié al obispo”.

IV   

Divulgada la noticia, representantes de la Iglesia católica han recibido por las redes sociales muchos mensajes satisfactorios, de varios países del mundo, algunos pocos son negativos. La CEV conoce el caso. “Es un ejemplo. Se destaca que la Iglesia está llegando a todas las personas en esta delicada situación, en los Puntos de Asistencia Social Integral, Pasi, y a quienes están contagiados con esta enfermedad”.

V  

El sacerdote está en aislamiento preventivo en la casa parroquial de La Romera. Serán entre 8 y 10 días. El martes 28 de julio, al salir de la zona covid-19, siguió todos los protocolos de seguridad, de desinfección, baño personal, limpieza de toda la ropa que vestía. “Yo me siento bien, siguiendo todas las recomendaciones y tomando té caliente”. Mucha agua, jabón, cloro, alcohol. “Todo se desinfectó. Hasta la correa”.

El capellán no descarta ingresar nuevamente al área de aislamiento. Se da plazo, entre  15 y 20 días. Ya le llamaron para hacer lo mismo en el Hospital Central, “pero allá la situación es más fuerte, más difícil…será lo que Dios nos tenga en el camino”.

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