miércoles 26 enero, 2022
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Utilizar plantas eléctricas mengua las ganancias

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Cuando de manera imprevista se presentan los cortes de electricidad, cuya duración puede oscilar entre una y cinco horas, pareciera que un manto soporífero se adueñara del ambiente. Las horas se ralentizan, el ajetreo habitual de las calles, de pronto, desaparece, y una atmósfera dominguera ocupa su sitio. Se escucha gente jugando dominó. Otros, dependiendo del momento del día en que ocurre el racionamiento eléctrico, salen a los porches o a las aceras para conversar. Hay vecinos que aprovechan el apagón para “echarse su camaroncito”.

Entre tanto, en los sectores comerciales de San Rafael de El Piñal, Naranjales o Chururú, los administradores de quincallas, panaderías, zapaterías, víveres o licorerías, entre otros locales, apelan a sus plantas eléctricas, lo que implica un gasto adicional, pues deben adquirir combustible en las “estaciones VIP”, como algunos parroquianos llaman a las ventas callejeras del carburante. En esas esquinas, el litro de gasolina cuesta entre 3.000 y 3.500 pesos colombianos.

En este sentido, vale comentar que hay quienes han podido invertir en el sistema de paneles solares, justamente para ahorrarse el gasto que implica la gasolina o el gasoil. También están los casos de aquellos comerciantes que no tienen o no han tenido la capacidad para adquirir ni uno ni otro sistema.

Un carnicero que administra su negocio en la carrera 3 de la capital de Fernández Feo explicó que al mes gasta, aproximadamente, 240 mil pesos para mantener su negocio con fluido eléctrico, durante las horas de lo que, eufemísticamente, la empresa estatal Corpoelec llama “distribución de cargas”.

Su caso es un reflejo de la situación por la que atraviesa este importante ámbito del desarrollo del sur del Táchira. Es una muestra de la manera como la crisis eléctrica golpea desde el punto de vista económico a quienes buscan seguir adelante con sus negocios o emprendimientos.

De hecho, José Zambrano traduce este estado de cosas en números: «A la semana vendo en promedio 8 reses, de las cuales, cuando los racionamientos se tornan más seguidos, las ganancias de dos de estas las uso para comprar la gasolina. Debo aclarar, por otra parte, que este gasto extra no lo reflejo en los precios al público. Esa es la realidad, amigo. Pero toca seguir para adelante».

Como dato curioso, hace seis años, aproximadamente, en cada cuadra, al menos un vecino contaba con planta eléctrica. Sin embargo, con el recrudecimiento de la crisis, muchos no tuvieron más opción que venderlas, pues o tenían para comer o para tener luz.

Raúl Márquez

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