lunes 18 octubre, 2021
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24 horas la carpa de triaje covid del Hospital Central

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En 24 horas de observación un promedio de 50 pacientes con sintomatología covid fueron atendidos de los cuales ingresaron cerca de 20 personas a hospitalización. Los familiares de los enfermos deben gestionar el vehículo de traslado


Bleima Márquez / @bleimamr

En el Hospital Central de San Cristóbal, designado como hospital centinela, la Carpa de triaje respiratorio covid no para de recibir personas de diferentes edades, con síntomas compatibles con el SARS-CoV-2.

El miércoles 23 de junio se realizó una larga visita a la referida área del centro asistencial con el propósito de conocer la verdadera realidad que minuto tras minuto, allí se vive. Se efectuaron cuatro visitas para una cobertura de 24 horas de jornada en la conocida temida carpa.

Los principales protagonistas son los trabajadores de la salud, médicos y enfermeras que no paran de luchar para brindar la primera atención a los pacientes que van llegando, algunos muy descompensados, otros un tanto más estables.

Aprovecharon la llegada de una ambulancia con un paciente proveniente de Coloncito para trasladar a un hombre que no tenía cómo movilizarse hasta el área de hospitalización. (Foto/Bleima Márquez)

Voces quebradas y apuradas del personal de enfermería solicitando ayuda para movilizar un paciente, se lograron escuchar en los cuatro momentos del día. La carencia de ambulancias para movilizar los pacientes de un área a otra es la característica del día.

Los trabajadores de la salud que deben permanecer bajo la carpa destinada para el triaje respiratorio covid, no cuentan con baño porque el instalado a un lado de la estructura es para los pacientes. Por razones de protección y evitar el contagio el personal del hospital no lo utiliza, por lo que esperan largas horas para acudir hasta un baño de la sede principal.

Primer momento

La mañana de este miércoles, 23 de junio, fue fría y nublada. Un día triste, como el ánimo de las personas que esperaban noticias de sus seres queridos en los alrededores de la carpa del Hospital Central.  Entre las 7 y 10 de la mañana, ya, cuatro personas aguardaban su turno para ser hospitalizadas en el área de aislamiento covid del principal centro asistencial de la región.

La mañana fue calentando, un radiante sol abrigó el lugar, y reflejó con mayor intensidad la angustia de muchos hombres y mujeres que se mantenían a la expectativa ante cualquier llamado de los profesionales de la salud.

A simple vista no se observaban cúmulos de gente, porque se trata de un lugar muy amplio. La carpa está ubicada en un espacio posterior del estacionamiento del hospital centinela, cerca de la sede de una fundación de médicos que pasan consultas de cardiología, medicina interna, nutrición, entre otras especialidades, a precios solidarios.

El ingreso de vehículos a esa zona es restringido, los visitantes deben estacionar en área privada para tal fin; sin embargo, constantemente entran y salen carros y camionetas, porque permiten el paso para dejar enfermos con dificultad respiratoria u otros síntomas característicos del coronavirus.

El paciente es llevado con oxígeno para evitar complicaciones. (Foto/ Bleima Márquez)

A las 8:50 de la mañana una camioneta blanca se encontraba estacionada justo en una de las entradas del triaje respiratorio covid, en la tolda colocaron una bombona de oxígeno. En ese vehículo trasladaron a un paciente al edificio principal del nosocomio, específicamente al área de aislamiento covid.

Al preguntar a las personas cercanas al lugar respondieron que no había ambulancia para llevar a los pacientes que debían ser hospitalizados, por tanto, cada familia se hacía cargo de ese proceso.

A las 9:15 llegó caminando un señor delgado. El agotamiento era evidente.  Iba con dos familiares, pero al parecer carecen de vehículos.  Se notaba el esfuerzo que hizo el hombre para llegar.  Fue atendido de inmediato por el personal de enfermería.

A un costado de la carpa están ubicados dos baños portátiles identificados: uno para damas y otro opara  caballero. Justo a las 9:30 am llegó un camión con el equipo especial para hacer el mantenimiento respectivo. Luego cerraron y se retiraron. Durante el día no se pudo observar gente utilizándolo. Se conoció que ese es el baño asignado a los pacientes, pero muchos de ellos no están en capacidad de utilizarlos porque simplemente no tienen fuerza.

Casi de inmediato, a las 9:32 am llegó un aveo cuatro puertas color azul claro, el conductor baja y ayuda a salir a una señora de cabello gris. Ella también ingresa para ser atendida.  10:00 am, otro señor entró caminando.

El resto de la mañana transcurrió de igual manera, gente entraba y salía. En ningún momento la adyacencia concentró gran cantidad de personas en un solo punto porque es tan grande es espacio que los familiares esperan en pequeños grupos distantes.

Segundo momento

El ambiente se hace un poco confuso, gente que entra y sale, otros esperan sentados en piedras, bordes o en la grama. Algunos están pendientes del teléfono celular, otros conversan entre sí.  Una señora rompía en llanto por instantes, luego procuraba calmarse. Su esposo estaba en el triaje y le informaron que la saturación era baja y debía ser recluido en aislamiento. Sus hijos la acompañaban y la animaban. Ella respiraba profundo y tomaba fuerza.

Álvaro Camargo, uno de los pacientes que llegó al triaje covid, en horas de la mañana, en compañía de su esposa y dos hijos, fue hospitalizado en la tarde por registrar niveles bajos en la saturación y tener los pulmones comprometidos.

Esta familia vive en Palmira, el padre ya tenía siete días con síntomas, pero al ver que el cuadro clínico empeoraba decidieron buscar ayuda médica. Antes de llegar al Hospital Centinela de San Cristóbal recorrieron otros centros asistenciales, primero al CDI de su comunidad, pero no fue atendido, luego acudieron al Hospital de San Antonio de Táriba y allí emitieron una orden para el triaje respiratorio de la carpa, donde decidieron dejarlo.

Un poco después de la una de la tarde, una enfermera llama a los familiares de Álvaro. Se acercó a la esposa y luego corrió hacia las afueras del Hospital. Le notificaron que debía buscar un vehículo para el traslado, pero como el núcleo familiar no posee, la dama rápidamente conversó con una línea de taxi. El valor de la carrera es de 10 mil pesos colombianos.

Minutos más tarde llegó un carro blanco Orinoco donde movilizaron a dos pacientes, aparentemente integrantes de una familia que se presentó horas antes del mediodía con síntomas compatibles con covid.

El taxi llegó y mientras esperaba la salida de Álvaro, arribó una ambulancia procedente de Coloncito, municipio Panamericano. Traían a un abuelo con saturación bajo, de inmediato el equipo de médicos y enfermeras salió y atendió el caso, pero en ningún momento bajan al caballero de la unidad móvil, deciden de inmediato hospitalizarlo, no era conveniente retirar el oxígeno.

En vista de la carencia de ambulancia y contando con la buena voluntad del equipo de paramédicos, aprovecharon para subir a otro paciente que no tenía cómo llegar al aislamiento.  A la dos de la tarde llegó un carro Mazda blanco, modelo viejo y algo deteriorado de otro familiar con el mismo objetivo.  Así transcurrió el resto de la tarde y toda la noche.

Es notable el poco personal que labora en ese servicio y el esfuerzo que hacen las enfermeras.  En varias oportunidades algunas de las enfermeras lidiaban con los pacientes para ayudarlos a subir a las unidades que trasladaban a los pacientes.

Al llegar al medio día, el sol implacable agotaba a los trabajadores de la salud porque el calor aprieta generando más agotamiento de lo normal. Como, es de suponer, a los pacientes debe sucederles lo mismo.

Los pacientes a ingresar son movilizados en los carros particulares que tramitan los mismos familiares porque no hay ambulancia operativa para tal fin. (Foto/Bleima Márquez)

Tercer  momento

A las seis de la tarde del miércoles 23 de junio, al menos 30 personas habían sido atendidas en la carpa de triaje respiratorio covid del Hospital Central de las cuales un promedio de 10 a 12 fueron ingresados. Mientras avanzaba la noche seguían llegando casos y al amanecer del jueves 24 de junio ya la suma ascendía por lo menos a 45 o 50 casos de hombres y mujeres con sintomatología SARS-CoV-2, de los cuales hospitalizaron al menos a 19 enfermos.

Durante esas 24 horas de actividad en la carpa covid del primer centro asistencial de la región, la historia se repetía.  Allí no existe día y noche, el trabajo es el mismo para el personal.

Al llegar las seis de la tarde, los médicos de guardia quedaron solos con sus pacientes, y los casos que iban llegando.  Este equipo de galenos se convierte en una especie de pulpos porque asumen el trabajo de sus mejores aliados, las enfermeras.

Al cambio de guardia del día siguiente, su rostro es de cansancio, agotamiento por la extensa jornada laboral.

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