jueves 26 noviembre, 2020
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36 años de la tragedia que cambió a 34 familias tachirenses

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Un bus del Liceo Militar Jáuregui que salió de La Grita con destino a San Cristóbal, conducido por  Acacio Ramón Labrador Guerrero, volcó en el sector Las Pavas,  cerca de La Fría, al parecer a causa de una falla en el sistema de frenos e inmediatamente se incendió, cuando aun los jóvenes, heridos o aturdidos por el golpe, se encontraban en su interior, dado origen a una terrible tragedia vial


Armando Hernandez


 

 

 

 

Hace 36 años el Táchira entero se  sobrecogía de dolor. El 9  de junio de 1984 fue un día aciago, terrible, trágico en  que se recuerda con gran sentimiento el accidente, que en el sector Las Pavas, cerca de La Fría, fue protagonizado por un autobús de la flota de transporte del  Liceo  Militar Jáuregui de La Grita, que por falla en el sistema de frenos volcó fuera de la vía, incendiándose a continuación y cobrando la vida de 33 alumnos y del chofer de la unidad de nombre Acacio Ramón Labrador Guerrero.

La mañana de ese  fatídico sábado, un autobús con 41 estudiantes del Liceo Militar Jáuregui partía de La Grita, con destino a San Cristóbal. Los muchachos alegres y ansiosos por llegar  a sus casas para pasar el fin de semana con sus familias, se acomodaron en sus asientos y entre risas y bromas se inicio el viaje que no tendría el final esperado. La muerte esperaba acechada al borde de la carretera que desde La Grita conduce a La Fría y cuando la unidad de transporte transitaba por el sector denominado como “Las Pavas”, el chofer perdió el control y el autobús se salió de la vía, para volcar. Minutos después se incendio y tan solo un pequeño grupo de alumnos pudo salir, antes que el fuego se extendiera por todo el vehículo.

La ayuda no llegó a tiempo

Al momento de ocurrir el accidente, una avioneta sobrevolaba la zona y el piloto se percató de lo ocurrido y fue el encargado de dar la alarma. Avisó a la torre de Control del Aeropuerto de La Fría, pero cuando la ayuda llegó, ya era muy tarde, el autobús ardía, estaba siendo consumido por el fuego y hacia imposible adelantar cualquier operación de rescate.

Se recuerda que en ese momento, en la avioneta, se encontraba un  equipo de técnicos de la emisora  Radio San Sebastián, que realizaba pruebas de señal, para la trasmisión de lo que seria la Vuelta de Las Juventud, evento calapédico que todos los años se celebra en esa localidad. Desde la aeronave también se notificó a los estudios de la emisora, que inmediato trasmitió la noticia solicitando ayuda para los niños que estaban atrapados en el autobús.

El piloto optó por sobrevolar en círculos y pudo ver con horror, como las llamas surgieron y arroparon el vehículo, dando origen a una de las peores tragedias viales ocurridas en el estado Táchira y que unió a un pueblo de manera solidaria, para acompañar a los familiares en su dolor.

Centenares de personas acudieron al Hospital Central al momento de traslado de los pocos sobrevivientes que presentaban lesiones, entre ellos el chofer, quien fallecería luego. Más tarde, cuando en un camión militar llegaron los cuerpos calcinados a la morgue, que estaba ubicada en el área donde hoy funciona la emergencia pediátrica ocurrió hecho curioso pues a pocos metros de la entrada al hospital, en la avenida Lucio Oquendo, el camión se accidentó y no hubo manera de arrancarlos de nuevo, por lo que la gente, por iniciativa propia, se encargó de empujarlo hasta el antiteatro a cuyas puertas lo ubicaron de manera que los cuerpos pudieran ser ingresados de la forma mas expedita posible.

Reconocimiento forense

La penosa labor de identificación de los cuerpos estivo a cargo de un equipo de expertos forenses y funcionarios del entonces Cuerpo Técnico de Policía Judicial, que se constituyeron en la morgue, en cuyo pasillo, fueron colocados los restos carbonizados de los jóvenes estudiantes, para un reconocimiento, donde la mayor responsabilidad le correspondió a los odontólogos forenses. Uno a uno, los familiares fueron pasando al recinto para aportar los datos y características que permitieran determinar, cual entre los fallecido era su ser querido.

Una vez que se tenía la certeza de quien se  trataba, los restos fueron entregados en urna de metal, cerrada y soldada, en cuya parte superior, en cinta de tirro, se colocaba el nombre del difunto.

De allí los féretros fueron trasladados al gimnasio cubierto “Arminio Gutiérrez Castro”, donde, abarrotado de gente, se cumplió con un acto velatorio colectivo, que se prolongó hasta el dia siguiente, cuando se hizo el traslado al Cementerio Jardín Metropolitano El Mirador, donde se les dio cristiana sepultura.

El acto del sepelio fue un triste acontecimiento, donde el pueblo de San Cristóbal se volcó a la calle para despedir a los estudiantes y muchos ciudadanos los acompañaron en caravana hasta lo que sería la última morada. Las emisoras de radio trasmitieron en directo y dispusieron de unidades móviles para cubrir el recorrido.

La triste noticia sobre la tragedia fue publicada por los diarios regionales y de circulación nacional, con gran  despliegue gráfico, tanto del accidente, como de los honores fúnebres que conmoviendo a gran parte del País.

 Lista de víctimas

Los nombres de los estudiantes y del chofer del autobús, fallecidos a causa del fatal accidente, quedaron escritos en la historia del Liceo Militar Jáuregui y del estado y Táchira  como uno de los hechos más tristes y duro de la historia.

Todos los años por esta fecha se recuerda el evento y se convoca a actos religiosos en memoria de las victimas.

Según se recuerda, se trata de los estudiantes: Henry Adolfo Rui Jaimes, Lisset Dinora Arias Contreras, Marly Karlith Eslava, Rigoberto Gutiérrez Villamizar, Omar Enrique Gómez Vega, Hugo José León Monsalve, Jenny Geledia Ostos Quiroz, Lunet Peña Oliveros, Yoel Gregorio García Márquez, Reinaldo de Jesús Milano Calzadilla, Javier Sánchez Zambrano, Antonio José Mendoza Guerrero, José Gregorio Moreno Arciniegas, Dixon Sandia Escalante, Santiago Sandi Mendoza, Tomás Lewis Useche Quintero, Jorge Ariza Amado, Luis Alberto Correa Guevara, Rafael Ángel Colmenares Ruiz, Javier Leonardo Contreras Acevedo, Domingo González Claro, Néstor Luis Morán Rodríguez, Alexis Antonio Moreno Navarro, Ramón Alexis Rodríguez Colombo, José Gregorio Zambrano Márquez, Zabdy Bethaida Jiménez Romero, Pedro Manuel Padrón Patiño, Nyman Rosales Cardozo, Manuel Ramírez Torres y el señor Acacio Ramón Labrador Guerrero, conductor de la unidad autobusera.

Ocho estudiantes lograron sobrevivir, puesto que lograron salir del vehículo minutos antes de que esta se incendiara. Entre ellos se encuentra Gerson Darío Camacho Rolón, para ese entones de trece años de edad y estudiante del segundo año  de bachillerato.

En varias oportunidades ha contado la historia que con sentimiento llevara clavada en el alma hasta el final de sus días. Recuerda el momento en que abordó la unidad de transporte que desde La Grita los llevaría San Cristóbal aquel sábado nueve de junio de 1984. “Salimos del liceo como a las diez de la mañana; durante el viaje, algunos íbamos durmiendo; riendo y echando broma. Cuando pasamos por la población de Las Mesas de Seboruco, nos enrumbamos a La Fría y fue llegando al sector Las Pavas, cuando desperté, al escuchar los gritos de mis compañeros”, dijo.

“El chofer perdió el control el bus debido a fallas mecánicas, al parecer frenos, y por no dirigirse hacia la autopista, repleta de vehículos, trató de encunetarse, perdiendo el control del bus que con todos sus pasajeros, cayó en lo profundo del abismo que cruza el puente. Poco tiempo después ocurrió el incendio”.

Una leyenda

En la zona donde los vecinos recuerdan la tragedia, se habla de muchas, cierta y no, cosas producto de la creencia popular. Una de ellas tiene que ver con la leyenda que relaciona el sitio con el mas allá, y hace referencia a un joven que a altas horas de la noche, se ubica en la salida de La Grita, haciendo señales a los conductores para que le den la “colita” hasta La Fría.

Dicen que cuando un conductor accede a llevarlo, el joven sube al vehículo y con gran educación entabla un breve diálogo con el chofer, a quien agradece el gesto y le cuenta que es estudiante del Liceo Militar Jáuregui. Después de eso mantiene silencio y simula dormir.

No responde a la conversación del chofer, ni dice nada, cuando este le invita a tomar un café en un negocio ubicado un poco más adelante del sector Las Pavas.

La sorpresa se manifiesta al llegar al lugar, puesto que al momento de mirar hacia el asiento de al lado, ya no esta el joven pasajero. Ha desaparecido, se supone que eso ocurrió al momento de pasar por el lugar donde ocurrió el accidente y hasta se comenta que ese joven es el alma de uno de los estudiantes que falleció en ese lugar.

 

 

 

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