domingo 22 mayo, 2022
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¡Atreverse a conocer el arte de cocinar! 

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Sus pocos minutos libres los aprovechan disfrutando del contacto con la naturaleza. Respiran aire puro. Es un tiempo en el que han conocido a personas valiosas que les aconsejan buscar el éxito en otros sectores productivos.
Jean Carlos Vivas es ingeniero industrial y Otto Torres es arquitecto. Ambos son egresados de la Universidad Experimental del Táchira (UNET). Ecologistas de oficio, y se dedican en oportunidades a la jardinería.

El encurtido siempre es buscado por las personas.

Decidieron probar suerte en el arte de la cocina. Su capacidad la mostraron en un mercado creativo que, como primera reacción, tuvo la aceptación de la gente.
Una noche, Jean Carlos no durmió, pensando en qué ofrecer. Concluyó que era el momento de empezar con la elaboración de los encurtidos y las cremas. Analizó muchas cosas.

Primeros pasos

Varias personas que han degustado los pepinos y cebollas encurtidas, les proponían que los hicieran, no solo para compartir en casa, sino para la venta. Ambos siempre manejaban la excusa de la falta de tiempo. Pero, finalmente, atendieron la sugerencia.
Comenzaron a pensar en el nombre, la marca, el manejo de las redes, diseño del envase, cómo llevar a cabo el procedimiento de esterilización, el cual es muy importante, entendiendo que son alimentos y como tales deben estar muy bien manipulados, no deben hacer daño, es decir, buscar que la conservación sea la adecuada.
Hay que aprovechar que casi todo el año se tienen todas las materias primas, como el tomate, berenjenas, pimentones, cebolla; punto de partida que es sumamente importante, decían.

Proceso delicado

Había que pensar en el envasado al vacío, procedimiento que no fue nada fácil. Hubo pruebas piloto. La primera quedó malísima. Siguieron estudiando, hasta que encontraron el punto.
A partir de allí, buscaron los envases. Simultáneamente pensaban en un nombre y  logotipo, siempre estando claros en que los encurtidos son 100 % artesanales.
El nombre no fue difícil conseguirlo, porque cuando Jean Carlos pensó en los encurtidos, sus ojos vieron el antipasto, que era un tiro al piso, porque a todo el mundo le gusta y, además, usaría la receta única de la abuela, doña Ricarda Ruiz de Torres.
“Lleva ingredientes de primera, atún de calidad, al igual que los champiñones, naturales, no envasados, con aceite de oliva como base”, argumentaron.

Las cremas de garbanzo y berenjena se hacen de manera artesanal.

Entonces decidieron colocarle el nombre de “Mamá Ricarda”, pues creen que le da un carácter de calidad a las cosas.

Siete productos

Hoy tienen siete productos: tomates deshidratados, pimentones ahumados, pepinos y cebollas encurtidas, antipasto y tres cremas árabes: pimentón, humus de garbanzo y baba ´ganoush´ o crema de berenjena.
Están satisfechos, porque hay aceptación de los productos y esto es importante, entendiendo que no a todos les gustan, siempre hay gente con un perfil especial para este tipo de producto.
Creen que tener experiencia en distintas áreas de la vida abre la mente y las opciones de producir; ahí está la opción de elaborar encurtidos. “No somos chefs, pero hay mucha gente que no tiene este título y cocina increíble”.
Mantienen sus sueños. No ven muy lejos el concretar el proyecto de tener gente que maneje la huerta, laboratorio, que prepare su receta, esté pendiente del proceso de envasado al vacío; por ahora le recomiendan a la gente que, una vez abra el producto, lo refrigere.
Nancy Porras 

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