El Comercio:  PTP entra en cuenta regresiva para venezolanos en Perú 

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A la medianoche, las puertas de las oficinas de Migraciones en Breña están abiertas. Frente a un portón negro, un funcionario pide cédula o pasaporte a los venezolanos que se agrupan en la entrada. En el salón del primer piso, hay unas 30 personas esperando para tramitar su permiso temporal de permanencia (PTP), antes de que venza el plazo que permite regularizar el estatus migratorio de quienes entren al país hasta el 31 de octubre del 2018.

Se los nota cansados. Con frío. Pero aprovechan el horario extendido de atención al público para hacer el trámite después de trabajar, mientras buena parte de Lima duerme. Afuera de las instalaciones, esperan los vendedores de café, chocolate caliente y los taxistas para llevarlos de regreso a casa. Todos son venezolanos. Se los reconoce por sus gorras vinotinto y su camaradería que no tiene horario.

“Ustedes nos hacen amanecer”, dice un vigilante que lleva cubierta su cabeza con una bufanda, al preguntarle hasta qué hora le toca trabajar.

Es claro que la dinámica por los alrededores de la avenida España no es la misma, desde el pasado 30 de mayo cuando se inició la jornada de atención en Migraciones por 24 horas. Una de las muchas señales de que algo ha cambiado en el Perú, desde la llegada de los venezolanos al país.

Hasta diciembre del 2017, Migraciones registraba la presencia de 100 mil migrantes venezolanos. A la fecha, se reportan cerca de 479 mil y se proyecta que este año cierre con medio millón de venezolanos. Este repunte responde a la política de puertas abiertas que estableció el entonces presidente Pedro Pablo Kuczynski, quien permitió regularizar el estatus migratorio de los venezolanos en el país, a través del otorgamiento del PTP a quienes habían entrado al país de forma legal y no tuvieran antecedentes penales.

La medida empezó a regir en enero del 2017. Venezuela, mientras tanto, se preparaba para una ola de protestas contra el régimen de Nicolás Maduro, que dejó cerca de 130 muertos, 4 mil heridos y más de 5 mil personas arrestadas. En un gesto de solidaridad, PPK decidió ampliar el plazo y ofrecer este beneficio a los venezolanos que entraran al Perú hasta el 31 de diciembre del 2018 y dar hasta el 30 de junio del 2019 oportunidad para regularizar su estatus. Lo que no contaba el presidente era que la crisis política interna lo sacaría del juego antes de lo previsto.

Con la llegada de Martín Vizcarra a la presidencia, la política migratoria hacia los venezolanos se mantuvo. Sin embargo, decretó ajustes para frenar el éxodo masivo que este año tomó por sorpresa al Gobierno. “Ya estamos (con) más del doble, ya los mismos venezolanos que llegan no encuentran posibilidad laboral y los que encuentran cogen oportunidades de los propios peruanos. Entonces, la crisis social venezolana se convierte también en un problema peruano”. De manera que Vizcarra ordenó recortar el plazo de entrada al país hasta el 31 de octubre y exigir el pasaporte a los venezolanos como una manera de controlar la ola migratoria que se les salió de control.

Beneficios a medias

La vereda que conduce a las oficinas de Migraciones en Breña es una extensión de Venezuela. Por aquí y por allá, se escucha “chamo”, “pana”, “marico”. Los vendedores variaron el menú de la zona y ofrecen cachapas, bombas, empanadas y chicha, que nada tiene que ver con la morada. Todos van con algo alusivo a su patria: una gorra, una camisa de su equipo de béisbol o un pasamontañas que dice Mérida, la única ciudad fría de Venezuela.

Luis Marchán va saliendo de hacer su solicitud del carnet de extranjería. Ya tiene 14 meses en el Perú. Su PTP se le venció al cumplirse el año establecido y ahora hace su cambio a calidad migratoria de residente especial para los venezolanos.

“El PTP me permitió sacar la licencia para manejar moto y abrir una cuenta. Pero, desde el punto de vista laboral, no me ayudó a conseguir trabajo”, cuenta. “Cuando me llamaban de un empleo y les decía que tenía PTP, me pedían carnet de extranjería. Al menos el PTP me hacía sentir tranquilo en el Perú, porque estaba legal”, acota.

Andry González, en cambio, espera afuera de las instalaciones de Migraciones a que sea su hora para ser atendido. “No he podido conseguir la cita de Interpol. He intentado de día de noche y nada”, cuenta. “Aparte, no cuento con S/85 para el trámite. Me ha costado mucho conseguir trabajo. Soy administrador. Me dieron oportunidad en una anticuchería, pero apenas gano S/600. Espero que con el PTP al menos pueda conseguir un mejor trabajo”.

A unos, el PTP los ha beneficiado. A otros, no tanto. Así lo confirma Betsie Mejía, quien lideró el más reciente “Diagnóstico de necesidades de los migrantes venezolanos en el Perú”, que realizó Cáritas en base a 1.073 entrevistados. “En general, el PTP no ha significado un avance en términos de mejoras laborales o salariales”, afirma. “En teoría, este documento debía abrirles puertas. Pero al obtenerlo ha sido lo mismo o, incluso peor, porque al entrar en planilla tienen un descuento de hasta 30% […] Tenemos que reconocer que el número de venezolanos es mayor de lo esperado. El Estado no estaba preparado. Ahora debemos acomodarnos todos y facilitarles que el PTP les abra las puertas que los venezolanos necesitan”.

 

El Comercio