miércoles 19 enero, 2022
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“El hambre no tiene nacionalidad”: la vida de los venezolanos en Perú durante la cuarentena

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El diario peruano La República publicó un reportaje dedicado a los inmigrantes venezolanos en tiempos de Coronavirus donde enfatizan cómo Organismos internacionales buscan asistir a 60 000 refugiados y migrantes venezolanos en Perú en condición de extrema vulnerabilidad. Sin embargo, hacen un llamado al Gobierno para incluirlos en las políticas públicas.

“Todo eso se ha ido agotando”, lamenta María Rodríguez, venezolana en Perú, al ver los alimentos que aún tiene tras más de dos semanas desde que se declaró cuarentena nacional. Su esposo llegó primero al país en octubre del 2018. Ella, su mamá y sus tres hijos hicieron lo propio en febrero del 2019, luego de vender sus cosas para completar los pasajes de un viaje por tierra que les tomó siete días.

Cuando el presidente del Perú, Martín Vizcarra, confirmó -hace un mes- el primer caso de COVID-19 (un joven de 25 años que había viajado por países de Europa), pocos pensaron que las medidas que iba a tomar serían tan rápidas.

Al noveno día de anunciarse al paciente “cero”, había ya 71 nuevos positivos para el nuevo coronavirus. Ante una mayor propagación de la pandemia, el mandatario decidió cerrar las fronteras y establecer el aislamiento social obligatorio; es decir, nadie salía de sus casas a menos que brinde o adquiera un servicio de primera necesidad.

María Rodríguez estaba escuchando el mensaje a la nación y pensaba que no irían a trabajar, que no iban a conseguir dinero y, por ende, no tendrían qué comer. Su esposo, quien trabajaba como chófer de una línea “pirata” antes del estado de emergencia, era el que aportaba el mayor ingreso. Todo ha cambiado.

“El hambre no tiene nacionalidad. […] Hay días en que los adultos no comemos para poder alimentar a los niños y así estamos”, lamenta la migrante venezolana, mientras recuerda que esta no es la primera vez que la comida falta en su mesa. Ya lo vivió en su tierra natal.

Como esta familia venezolana en Perú, son miles los extranjeros que quedaron desprotegidos durante el estado de emergencia nacional. Según cifras oficiales, al territorio peruano han ingresado más de 860 000 ciudadanos del país llanero huyendo de la crisis en la que estaban sumergidos. Del total, más de 480 mil han solicitado la condición de refugiados, según la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur).

Sin trabajo no hay provisiones

Eleazar Mejías, docente y refugiado político, cuenta que luego de ser capturado en su país por dirigir manifestaciones en contra del gobierno de Maduro, escapó hacia Perú hace dos años. Desde entonces, se dedicó a vender café en las calles, ser mozo, maestro de ceremonias y llamador de combis: se convirtió en un trabajador informal más.

“Se me salieron las lágrimas porque soy profesor universitario, pero es mejor trabajar honestamente, que estar pidiendo y robando”, señala.

Según un informe del Banco Mundial (2019), cerca del 90 % de los migrantes venezolanos no cuenta con un contrato de trabajo y en su mayoría depende de ingresos diarios. Debido a ello, la cuarentena decretada por el Ejecutivo ha obligado a que el 33% se quede sin trabajo, según la encuesta elaborada por Equilibrium – Centro para el Desarrollo Económico (CenDE).

Por consecuencia, el 77.2% de la población encuestada manifestó a inicios del confinamiento que no contaba con dinero para sus próximos abastecimientos.

“Tengo comida solo para dos días”, confiesa Eleazar. Relata que desde que inició el aislamiento social obligatorio ha estado recibiendo víveres, almuerzos o un par de soles por parte de sus vecinas, a cambio de la limpieza de sus veredas. “Ayer me gané 20 soles en 5 horas y hoy, 5 soles”, indica.

En este mismo estudio, se reveló que el 87 % de los venezolanos en Perú considera que son correctas las medidas declaradas por el Gobierno; sin embargo, el 75 % de ellos no se sienten incluidos en estas decisiones.

Valeria González, otra ciudadana venezolana afectada por el estado de emergencia, manifestó estar de acuerdo y, por ello, obedece responsablemente la cuarentena. “De lejos las medidas nos parecen correctas y las estamos acatando al pie de la letra, aunque eso implique ver cómo vamos a hacer para el día a día”, menciona.

La crisis alimentaria: Una situación que se agrava
Sandra Marcos, coordinadora del proyecto de ayuda humanitaria a migrantes y refugiados venezolanos de Save the Children en Perú, señala que -actualmente- estas familias destinan un promedio de 10 a 15 soles diarios para su alimentación.

Sin embargo, ante el aislamiento social muchas familias han empeorado sus hábitos alimenticios. “Después de estos 15 días de cuarentena, identificamos que hay muchas familias que indican no tener para comer o que están sin comer 3 o 4 días y son grupos en los cuales hay niños, niñas y adultos mayores”, enfatiza Marcos.

La suegra de Valeria González, quien tiene 65 años, señala que junto a su familia están haciendo de una a dos comidas diarias para que los alimentos puedan rendir. Ella vive junto a su hijo, su nuera y sus dos nietos de cuatro y once años en Los Olivos.

Federico Agusti, representante de la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur) en el Perú, estima que cerca de 200 000 personas venezolanas se encuentran con necesidades alimentarias en todo el país. Por su parte, Marcos precisa que cerca del 80 % de la población migrante en el Perú, en el contexto actual, se encuentra en estado de vulnerabilidad. Solo en Lima, según la embajada de Venezuela, hay 80 mil personas en esta condición.

 

Ese es el caso de Josefina Carpio, quien llegó al país apenas hace dos meses con sus dos menores hijos: uno de cinco años y el otro de quince. La salud del más pequeño -según relata- fue la que la impulsó a emigrar, ya que tiene síndrome Silver Russel, una afección que retrasa su desarrollo y crecimiento. Además, su menor hijo sufre aún los estragos de una enfermedad necrótica que tuvo, llamada hipercalciuria.

Desde que llegó a Perú, su hijo pudo continuar con el tratamiento y su evolución ha sido favorable. Sin embargo, su vida ha quedado paralizada porque ya no puede salir a las calles a vender golosinas como lo hacía antes y; por ello, tampoco puede alimentar adecuadamente a sus primogénitos.

Al menor ya no le da desayuno, solo almuerzo y “algo más” en la noche. “El nutricionista me dijo que después que termine la cuarentena (su hijo menor) iba a continuar con su tratamiento y que trate de hacerle la dieta para que no baje de peso. Pero ¿cómo le hago yo la comida completa, las meriendas, si para mí ahora es imposible?”, se cuestiona.

Venezolanos en Perú recibirán ayuda humanitaria sin fecha exacta
Recientemente, el ministro de Relaciones Exteriores, Gustavo Meza-Cuadra, reconoció que la población venezolana migrante en Perú es una de las más vulnerables. Si bien, semanas antes la ministra de Inclusión Social, Ariela Luna, confirmó que no estaban incluidos para recibir el bono de 380 soles, el canciller declaró que sí recibirán una ayuda humanitaria de la comunidad internacional.

Respecto a ello, Agusti -representante de Acnur en Perú- declaró a La República que se prevé brindar asistencia humanitaria remota, en conjunto con organismos internacionales, a aproximadamente 60 000 migrantes y refugiados venezolanos. Según explicó, esta estrategia consiste en realizar transacciones económicas a familias que se encuentran con alta vulnerabilidad, donde haya presencia de adultos mayores, niños, personas con enfermedades crónicas y mujeres embarazadas.

Asimismo, aclaró que no se trata de un “bono” similar de 380 soles que es entregado por el Midis, sino que es una asistencia humanitaria a “familias vulnerables, a través de una transferencia, para que puedan hacer compra de alimentos, medicamento o el pago de la renta”.

“Dependiendo de los casos de vulnerabilidad evaluados y, según el fondo que se tiene con cooperaciones internacionales, podremos hacer transferencias similares al que hace el Estado”, detalló. En tal sentido, reveló que se requiere cerca de 3 millones de dólares; sin embargo, dejó en claro que el rol de los organismos internacionales es “complementar” el trabajo del Gobierno, pero no sustituirlo.

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