miércoles 20 octubre, 2021
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Hay luto en decenas de familias…

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José Luis Guerrero S.


La maestra de la arcilla, Rosa Amelia Camargo; los sacerdotes Jesús Manuel Pernía, párroco de la iglesia San Pedro de Seboruco, y Aldemar Quintero, de la parroquia San Joaquín de Navay; el sepulturero del Cementerio Municipal de San Cristóbal, Luis Eduardo Manjarrez; la licenciada en Enfermería, Rosa Janneth Galvis Bustamante, junto a muchos tachirenses, como usted y como yo, son seres que han fallecido con sintomatología covid-19 en los últimos días

Sorprenden las muertes de tantas personas con sintomatología covid-19 o de otros males respiratorios, en todos los rincones del estado Táchira, en los últimos días. Decenas de personas lloran a sus seres queridos. Los contagiados son muchos, y hay enfermos en todos los centros asistenciales de la entidad.

Muchos de ellos son conocidos por sus profesiones y/o oficios. Otros son vecinos de las comunidades, padres y madres de familia, gente trabajadora que se contagió de este coronavirus y murió.

Las almas se escapan de las manos de los médicos y enfermeras, que todos los días luchan para salvar vidas en los centros asistenciales públicos y privados de la entidad.

Las estadísticas de fallecidos por covid son confusas, no cuadran, pero sí es real que la maestra de la arcilla, Rosa Amelia Camargo; los sacerdotes Jesús Manuel Pernía, párroco de la iglesia San Pedro de Seboruco, y Aldemar Quintero, de la parroquia San Joaquín de Navay; el sepulturero del Cementerio Municipal de San Cristóbal, Luis Eduardo Manjarrez; la enfermera  Rosa Janneth Galviz Bustamante, trabajadora de un centro asistencial privado; así como muchas madres y padres de familia, han muerto. Hay luto en decenas de familias del estado.

René Pérez, administrador del Cementerio Municipal de San Cristóbal, le declaró a la periodista Miriam Bustos, el pasado viernes 25 de junio, que “hasta el mediodía de este jueves, 24 de junio, contabilizaban 23 inhumaciones, sin incluir los casos llevados a crematorios”.  Y ver que aún muchas personas obvian los protocolos de bioseguridad.

La doctora Amelia Fressel, autoridad única de Salud del estado Táchira, declaró el pasado miércoles, 29 de junio, que “la curva covid va en ascenso en la entidad. Hay 90 pacientes internados en el Hospital Central de San Cristóbal y 32 en el Hospital del Seguro Social”. Para el viernes 1 de julio, los ingresos al Central superaban las 103 personas. Ya no hay cupo en el Seguro.

Una creadora de sueños

Rosa Amelia Camargo.

La cultora y artesana, Rosa Amelia Camargo, falleció el viernes 25 de junio, en Las Mesas, municipio Antonio Rómulo Costa. “Partió al mundo astral”, escribió la periodista Gladys Prato en un mensaje de WhatsApp.

Camargo era oriunda de La Fría y se vino hace muchos años a San Cristóbal. Ella dedicó gran parte de su vida a crear obras de cerámica, con el barro y la arcilla. Moldeó piezas emblemáticas de nuestra región, hermosas creaciones, y además destacó como maestra formadora de generaciones en este arte.

Su familia comentó que en menos de 10 días se enfermó. Una neumonía incontrolable le afectó su cuerpo. “Ha sido un golpe duro, como los casos de muchos que han muerto en esta pandemia”. Es otra  víctima del covid-19.

Estaba sola en su casa de la avenida Ferrero Tamayo, en su taller de trabajo. Sus parientes se la llevaron el lunes 21 de junio a Las Mesas, zona norte del Táchira, para cuidarla, pero murió el viernes 25. “Ha dejado un legado, una escuela-taller sin su presencia. Manos y barro se quedaron sin su maestra”.

Un sacerdote

Sacerdote Jesús Manuel Pernía.

 

El sacerdote Jesús Manuel Pernía Alviárez, de 55 años, párroco de la iglesia San Pedro de Seboruco, murió en el área covid del Hospital Central de San Cristóbal. Una ambulancia de Protección Civil lo trasladó desde la zona de montaña al centro asistencial. Falleció en menos de ocho días, luego de su ingreso al hospital centinela.

Su cuerpo no soportó los ataques de esta enfermedad. “Lamento con tristeza comunicarles que ha fallecido el presbítero Manuel Pernía, en el Hospital Central, oremos por él”, informó el obispo Mario Moronta en un comunicado público.

Era nativo de la comunidad de Las Guamas, municipio Andrés Bello. Estudió en el Seminario Diocesano Santo Tomás de Aquino, en Palmira. Fue ordenado sacerdote el 15 de marzo de 1977. Sus restos están sepultados, desde el viernes 25 de junio, en la iglesia de Monte Carmelo, municipio Andrés Bello, luego de ser cremados.

El viejo sepulturero

Luis Eduardo Manjarrez tenía 76 años. Dedicó más de 50 años al oficio de sepulturero en el Cementerio Municipal de San Cristóbal.

No estaba vacunado contra el covid-19. Tampoco lo están sus compañeros de faena, responsables de enterrar los cuerpos de las personas que mueren por esta enfermedad, con prueba PCR confirmada o con sintomatología de este mal, sin recursos económicos para ser cremados.

Sí contaba con el traje y todos los implementos de bioseguridad para evitar contagios, pero se infectó. Rene Pérez, administrador del cementerio, declaró que Manjarrez “pudo haberse contagiado hace unas tres semanas, durante su última guardia en el camposanto, a comienzos de junio, cuando sepultaron 3 o 4  personas que fallecieron a causa de esta enfermedad”, escribió la periodista Miriam Bustos, en la edición de Diario La Nación del pasado viernes 25 de junio.

Una enfermera

Enfermera Rosa Janneth Gálviz Bustamante.

Rosa Janneth Gálviz Bustamante estudió Enfermería y logró la licenciatura. Murió con sintomatología covid- 19.

En nota de duelo publicada en Diario La Nación, el pasado viernes 25 de junio, la familia Di Stefano y el personal del Centro de Cirugía San Sebastián, donde laboraba, le califican como “pilar fundamental en nuestra institución y amiga incondicional”.

Agradecen “su vocación, entrega incondicional y el tiempo dedicado, no solo a su labor profesional como coordinadora de Enfermería, si no como compañera y amiga nuestra”. “Te vamos a recordar siempre como la gran amiga que eras”.

Sobre ella, Samira Gutiérrez, del Frente Amplio de Mujeres, escribió: “Hoy el gremio de enfermería despide con mucha tristeza a una nueva víctima del covid-19. Trabajó al servicio de la salud por más de 30 años. Es imposible que esto siga trascendiendo y que nadie se haga responsable por buscar los mecanismos para hacer valer el derecho a la vida…”.

“Hoy las mujeres del Táchira levantamos la voz con profunda tristeza, al ver cómo personas que entregan todo por el bien común en general pierden la vida por la falta de atención humanitaria…vacunas ya, para todos”.

Otro sacerdote de la Diócesis

Sacerdote Aldemar Quintero.

El lunes 28 de junio murió el sacerdote Aldemar Quintero. Era colombiano y llegó a San Cristóbal a culminar sus estudios religiosos en el Seminario Santo Tomás de Aquino, los cuales inició en el Seminario de Caracas, a los 60 años de edad.

Se dice que quiso ser sacerdote luego de escuchar el llamado de Dios. Ingresa a la Diócesis de San Cristóbal a mediados del año 2000. Dejó huella religiosa en la Catedral, San Simón, El Palotal, Basílica de Táriba, y hace un año le asignaron la parroquia San Joaquín de Navay, al sur del Táchira.

En el Hospital Central recibía tratamiento médico por problemas de la columna, donde se contagió de covid y falleció.   

Nuestros vecinos

Con el paso de los días, somos testigos del fallecimiento por covid-19 de parientes, vecinos y conocidos. Muchos no ingresan a las estadísticas del Gobierno nacional, que este jueves, 1 de julio, anunció 274.024 contagiados, con 3 mil 136 fallecidos en los 473 días de pandemia nacional.  Uno de ellos es Marcos, un vecino de la Unidad Vecinal, de 55 años. Taxista de oficio. Trabajador, padre de familia.

Se enfermó el 15 de junio. Pasó varios días en casa, donde recibió tratamiento de un médico conocedor de este mal. Su hijo, enfermero, lo cuidaba. A los pocos días su saturación bajó demasiado y lo trasladaron de urgencia al hospital del Seguro Social. Allí fue atendido, recibió oxígeno durante cuatro días, pero su estado de salud se complicó y lo intubaron. En la Unidad de Cuidados Intensivos permaneció cuatro días.  Falleció el martes 28 de junio.

Esta historia es similar a la de Margarita, una vecina de Táriba de 65 años. En su casa, el pasado 15 de junio, presentó fiebre alta y dolor de cabeza. No le prestó mucha atención y se automedicó. El día 18 fue sacada de urgencia de su vivienda. La llevaron al Centro de Diagnóstico Integral, donde determinaron que tenía covid-19. La placa de tórax reveló que el mal había avanzado.

Se inició el tratamiento correspondiente y fue remitida al Hospital Central de San Cristóbal. Necesitó oxígeno, su saturación nunca se niveló, y murió. Sus parientes gastaron todo el dinero que tenían ahorrado para cubrir los gastos de medicamentos, alimentación, estadía en el centro asistencial.

Paz a sus almas.

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