domingo 9 agosto, 2020
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Julio Méndez: de caminante a trabajador humanitario

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Alans Peralta Mora


 

Llego un momento en el que Julio se sintió tan acorralado por los problemas que, después de conversarlo con su padre y su esposa no lo pensó dos veces y se vino a buscar un destino en Colombia como caminante desde Acarigua, en el estado Portuguesa.

Para Julio Méndez fue una decisión difícil ya que, como muchos, era la primera vez que salia de su tierra y de su país. Hace año y medio su padre, del mismo nombre, su esposa Jennifer Pérez, sus hijos y un amigo de la familia, Gustavo Mayor, atravesaron el paso fronterizo, un viernes, a las tres de la tarde.

Méndez es un técnico en refrigeración y atendía todo tipo de problema de electrodomésticos. Pero al final no les llegaba nada. En Ureña se asentaron un tiempo pero cada día eran mas las horas de ocio que de trabajo. No podían seguir así y con algunas cosas emprendieron la ruta todos.

“No teníamos destino fijo. Realmente empezamos a caminar buscando la suerte” Recordando la dificultad de los primeros días. Pasaron Cúcuta, no encontraron opciones. Siguieron caminando en la ruta hacia Pamplona.

Así, llegaron hasta el Refugio Fundar, a pocos kilómetros de Bochalema. Llegaron como otros caminantes más pero poco a poco se fueron integrando a las actividades como voluntarios recibiendo la garantía de un techo y alimento. Ahora atienden a cientos de venezolanos que, en un sentido u otro de la carretera, de ida o de retorno, necesitan de la mano de organizaciones como Fundar.

Jeniffer ahora se encarga de la cocina en el refugio Fundar

 

“Las noticias que nos llegan desde Acarigua, es que las cosas están aún peor que cuando salimos hace años y medio. No se consigue nada, no hay trabajo y la gente pasa necesidades. Nosotros tratamos de apoyar, como podemos, a nuestros familiares”.

Señala Méndez que, en un principio, el flujo de caminantes tenía un sentido: hacia el interior de Colombia, buscando ciudades o la frontera más al sur con Ecuador. Esto ha cambiado desde marzo cuando estalló la crisis del COVID.

“Ahora hay gente caminando a un lado u otro de la carretera. No se ha detenido la migración desde Venezuela hacia Colombia, esta continua con menor intensidad pero ahora también vienen los de retorno. Todos ellos necesitan de nuestro apoyo y le damos lo que podemos”.

Incluso hay otro proceso migratorio que se está desarrollando en medio de esta crisis. Se trata de aquellos retornados que llegan a la frontera y al ver las dificultades para cruzar a Venezuela y los controles impuestos dan marcha atrás en su decisión y retoman la ruta nuevamente hacia algún destino en Colombia.

Gustavo Mayor atiende directamente a la población caminante que busca apoyo

“Nosotros aquí hemos atendido a familias completas que, incluso, han pasado a Venezuela. Han llegado a sus destinos y se han encontrado con una situación peor que la que tenían cuando salieron. Ellos, decepcionados, sin apoyo incluso de su gente, han vuelto otra vez a Colombia, esperando por lo menos comer”.

Julio y su familia han tenido suerte. Su mujer dedicada a la cocina, su padre apoyando en el mantenimiento del refugio, él y su amigo Gustavo atendiendo a la gente que llega y tratando de establecer un orden en medio de la situación.

 

“No sabemos si vamos a regresar. Por ahora tratamos de dar lo mejor de nosotros para apoyar a nuestros compatriotas. A veces nos llega gente con rabia, muy molesta y peliona. Cada quien tiene su historia y su razón: no podemos juzgarlos porque nosotros mismos también hemos pasado por eso”.

 

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