Ni con punto de venta: Los ceros complican las transacciones diarias en Venezuela

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Algunos billetes del nuevo cono monetario. (Foto: Archivo)

La hiperinflación empieza a reflejarse en las actividades cotidianas de Venezuela, pagar o cobrar se convierte en problema por los inmanejables ceros de la economía.

En los comercios las compras deben procesarse por partes, para no exceder los montos máximos admitidos por los programas. En los puntos de ventas, las transacciones, explica El País, también están al borde de hacerse inviables, por la misma razón.La adecuación de los sistemas implica un costo elevado para los ya golpeados comerciantes, quienes esperan con la reconversión, tomar ventaja sobre el correcaminos de la hiperinflación que se instaló en Venezuela hace siete meses.

La destrucción del mecanismo de fijación de precios es lo que hace que hoy al recorrer un supermercado se vean precios tan elevados y dispares como el de una lata de 140 gramos de atún a 6.300.000 bolívares, el mismo precio de una bolsa de detergente de un kilo; un kilo de carne a un poco más de 5.000.000, un tarro de mantequilla en 3.300.000, un kilo de queso blanco en 5.306.604 bolívares y uno de jamón en 14.000.000, un kilo de brócoli en 3.300.000 y un kilo de cambures [plátanos, bananas] en 1.200.000. Ante la falta de referencias el comerciante sube los precios constantemente intentando no perder cuando le toque reponer el producto. “En estos procesos la economía tiende a dolarizarse, porque nadie puede usar el bolívar como parámetro”, explica el economista Luis Oliveros.

En las tiendas en línea ya se ven productos que cruzaron la barrera de los 1.000 millones de bolívares: una bicicleta con rueditas, un disco duro externo, una consola de videojuegos, un celular de gama media, una lavadora pequeña, una pista de carros. Todos son artículos para los que se necesitan 192 salarios mínimos, es decir, lo devengado por un trabajador durante 16 años, para poder adquirirlos.

El salario mínimo integral de 5.196.000 bolívares alcanzan solo para comprar un kilo de carne o un tarro de mantequilla y una mano de cambur. Pero, paradójicamente, también para costear 866 litros de gasolina de 95 octanos, a precio de 6 bolívares por litro, con lo que se podría cargar el tanque de un auto pequeño 24 veces. El cálculo en 91 octanos, cuyo valor es de 1 bolívar por litro, sería aún más aberrado. El combustible mantiene el mismo precio desde 2016, la única vez en 20 años que se ha aumentado.

En las estaciones de gasolina es el único sitio donde aceptan los viejos billetes de la familia vigente, incluido el marrón de 100 bolívares. Así Venezuela inició el segundo semestre de 2018 que, según economistas, podría ser uno de los más duros.

“Con seis cifras de hiperinflación, una caída del 15% y una producción de petróleo que podría llegar a estar debajo del millón de barriles estamos hablando de una economía destruida, de catástrofe (…) la gente cree que estamos pasando lo peor, pero todavía falta más”, afirmó Olivares.

El País / Sumarium