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REPORTAJES | Cuatro vidas y una historia de café

Desde la visión de sus protagonistas se recuerda pasado y presente de un rubro que señaló el destino del municipio Junín

 

POR Norma Pérez


Detrás del aroma de un café recién colado están herencia, vocación y compromiso; manos laboriosas que siembran, recolectan cuidadosamente el fruto para transformarlo en sabor y deleite atesorado en una taza.

El municipio Junín, tierra pródiga con un pasado fecundo por sus imponentes cultivos cafetaleros, hoy se debate entre la incertidumbre de un país en crisis y la tenacidad de quienes prosiguen incansables en la lucha por avanzar.

Jaime Pinzón, Freddy Amaya, Rafael Pérez y Fausto Gori, de valores tan arraigados como sus raíces, representan el esfuerzo de cientos de productores tachirenses, que hicieron del pueblo de Rubio un emporio comercial del mejor café venezolano.

Ellos, desde cada una de sus experiencias, son protagonistas de los avatares de un rubro famoso por su calidad en el mercado mundial. Cuatro vidas, enraizadas con ese amor que nace en lo más recóndito del corazón, cuentan una historia. Una historia de café.

 

La querencia

Jaime Pinzón

Desde su nacimiento, Jaime Pinzón estuvo vinculado a la actividad agrícola. Sus primeros años los pasó en una finca cafetalera propiedad de su abuelo, ubicada en la aldea Alineadero, para después mudarse a Rubio, pues allí era más fácil ir a la escuela.

En la Universidad de Los Andes en Mérida se graduó de ingeniero forestal y, después de 25 años de ejercicio profesional en el estado Barinas y en el Ministerio de Agricultura y Cría, retornó para dedicarse a lo que siempre  fue su anhelo. El cultivo de café. Han transcurrido cuatro décadas.

En los primeros dos años sembró 53 mil plantas. No había asistencia técnica, pero sí conocimientos prácticos e instinto. Comenzaron a surgir organizaciones y una de las primeras que se creó fue Productores Asociados de Café C.A. Pacca Rubio.

“El distrito Junín, como se nombraba en esa época, llegó a ser el  mayor productor de Venezuela en los años sesenta, porque hubo gran impulso. Parte del desarrollo de la caficultura, fue a través de los alemanes, que compraban y se llevaban el café. Se exportaba hacia Alemania, Inglaterra y Estados Unidos.”, recuerda con cierta nostalgia en su mirada, quien fue presidente de la Asociación Venezolana de Caficultores y miembro de la directiva del Fondo Nacional del Café, organismo que fue eliminado durante la presidencia de Hugo Chávez.

A su juicio, esto trajo como consecuencia el abandono total del caficultor, a lo que se sumaron muchos factores y hace unos cinco años,  un ataque virulento de la roya, “para ese entonces producía en mi pequeña finca hasta 120 cargas, vino la roya que ataca la hoja y después la broca, que acaba con el grano. Al año siguiente solo se cosechó un bulto y de ahí en adelante el declive”.

Aún así, persiste y no pierde la esperanza de que en algún momento todo mejore. Piensa que la manera de superar las dificultades es hacer una buena administración y que haya el apoyo necesario. “Mientras exista la tierra, es muy difícil cambiar. He tratado de seguir con la siembra, y la estamos llevando, pero cuesta mucho porque hay que hacer todo a pulso, y a estas alturas de la vida no es fácil”.

Jaime Pinzón comprendió desde niño cuál era su esencia y su destino: “Veo una mata de café y siento alegría de poder producir y ayudar, porque de ahí se beneficia mucha gente. Una finca de café es sinónimo de contacto con las personas; es un trabajo de manos y personas”.

 

Conocimientos y experiencia

Freddy Amaya

Freddy Amaya nació en Rubio. Luego sus padres se trasladaron a Cascarí, donde tenía su asiento una organización campesina de un grupo de productores cafetaleros “Cascarí-Miraflores”. Esto le permitió ver desde pequeño las operaciones de producción y transformación del café y su padre siempre lo vinculó a esa actividad. Tanto así que se fue a Caracas a estudiar Agronomía en la Universidad Central de Venezuela.

A su regreso al Táchira comenzó a trabajar en el Fondo Nacional  de Investigaciones Agropecuarias, Fonaiap, que después pasó a ser el Instituto Nacional de Investigaciones Agrícolas. En  los años 80 fue designado como responsable del programa de producción de semilla de café, a través del cual se abastecían todos los proyectos de modernización de la caficultura venezolana; después asumió  el cargo de Coordinador Nacional de Investigaciones en este rubro.

A la par seguía los pasos de su padre, en la parcela de su propiedad,  a la que se incorporó y duró 25 años produciendo café en el municipio Junín. Se puso al frente de unos treinta productores asociados de Pacca Rubio, organización más fuerte en comercialización y financiamiento, que se mantuvo vigente hasta 1995.

Su  profundo conocimiento en el tema, le permiten tener una visión clara de los factores que se conjugaron para hilar prosperidad y adversidad en la trayectoria cafetalera de Junín.

“En un histograma de la producción, de los años 50 a 60, ésta fue pasiva; y en la década de los 60 a 80 se produjo la consolidación de la plataforma productiva y financiera del sector primario. En la primera etapa, el auge llegó a un pico exponencial; a mitad de la década de los 90 empieza a declinar el auge y se inicia la caída, que se acentúa abruptamente después de 1998.

Su explicación permite comprender la importancia de factores, sociales, ambientales, económicos y de política institucional que hicieron posible el crecimiento.

Entre los factores sociales que describe, destaca la vocación del productor unida a una férrea disciplina. La mano de obra flotante que se necesitaba para la parte primaria venía de Colombia, era accesible por el cambio de la moneda y el conocimiento en la materia. Ésta migraba en determinados periodos del año y se conformaban dos poblaciones, la local y la foránea. Eran los recolectores.

Beneficiaban también los factores ambientales, pues las condiciones de montaña permitían tener pisos de tierra entre 800 y 1.200 metros, lo que se denomina la franja ideal para café, porque se dan temperaturas entre los 19 y 22 grados centígrados, ideales para el crecimiento y desarrollo de las plantas.

El régimen hídrico que oscilaba entre los 1.100 y 1.200 milímetros de lluvia al año, concuerda con las necesidades de las plantas. Los suelos con una moderada calidad para este tipo de cultivo, en ladera y con piedras en el sustrato del suelo, también favorecían. El hecho que estuviera en cuencas altas con mucha agua permitió establecer los centrales de procesamiento. También eran adecuados la radiación solar y los vientos.

En cuanto a los factores económicos, se contaba con el capital proveniente de hacendados criollos quienes propiciaron  la inversión hacia ese sector. A raíz que se empezó a producir café para la exportación, alemanes e ingleses trajeron tecnología para el procesamiento y eso aumentó el valor agregado, pues no solo se producía el fruto, sino que se transformaba en café lavado, muy cotizado en las exportaciones.

El café lavado es suave en la taza y con buen aroma, como era el café de Junín; privilegiado sobre el resto de Venezuela, y en los países a donde se exportaba, se reconocía por su sello de Táchira Wash.

Las empresas transnacionales invirtieron como la Casa Steinvorth en San Cristóbal de origen alemán, que se dedicó a la inversión en esa área. En el municipio Junín hay varios ejemplos, donde adquirieron haciendas y modernizaron el proceso. Esto en los años 50 a 60.

El Estado creó por la mitad de la década del 40, el Instituto de Crédito Agrícola y a inicios de los 70 el Fondo Nacional del Café, que era exclusivo para orientar políticas financieras y técnicas para este rubro en Venezuela; con la particularidad que la sede principal estaba en el Táchira, mayoritariamente dirigida por tachirenses.

“Esto fue un factor político institucional que impulsó la caficultura en el estado Táchira y el municipio Junín, durante el primer mandato presidencial de Carlos Andrés Pérez. Los grandes líderes en materia de producción y orientación de políticas eran tachirenses. Aunado a factores políticos, ambientales y económicos nos dio la ventaja para que las primeras estrategias se aplicaran aquí y después en el resto del país”, agrega a su reflexión analítica.

La Pacca Rubio era ícono de la caficultura en el contexto nacional por la cantidad y calidad de café que comercializaba. Aproximadamente en Junín, 5 mil cargas anuales, cada una de 120 kilos. Esto lo manejaba una sola organización. El liderazgo provenía del Táchira y particularmente de Junín.

El comienzo del declive

A mediados de la década de los años 80 comienza el declive; la producción se reduce a la mitad. Pierde valor el bolívar frente al peso y comienzan a escasear los recolectores. Empezó a crecer el urbanismo y se sustituyeron cafetales por casas. Hoy, esa caída se sitúa en un 80 %.

El calentamiento global hizo que la franja de tierra empezara a sufrir alteraciones. Rubio está ubicado a 820 metros sobre el nivel del mar; al subir la temperatura forzosamente desplazó el café hacia tierras más altas, y generó un conflicto ambiental. Aparecieron enemigos del cultivo: la roya del cafeto impactó las plantaciones que estaban en el piso más bajo; después la broca, favorecida por climas más cálidos.

El costo de producción por hectárea se incrementó y bajó la rentabilidad. Siempre hubo una alianza histórica con la caña panelera y el trapiche. Hoy en día la panela está por encima del café y quienes se dedican a esta agroindustria, todavía tienen la oportunidad de hacer actividad agrícola.

Con la liquidación del Fondo Nacional del Café, eje fundamental de la política institucional del Estado el sector quedó a la deriva, pues no sabía a quién acudir para solicitar asistencia técnica, financiamiento, y canalizar el mercadeo del grano. No se creó ninguna otra institución, estaba el Instituto de Crédito Agrícola, que financiaba al pequeño productor y también fue eliminado.

Este valioso recuento de una persona que fue partícipe de cada acontecimiento, le hace volver su mirada al pasado: “Mi trabajo lo hice con mucha pasión, pude dedicarme a otra cosa y olvidar mis raíces, pero no fue así, incluso volví al sitio de donde venía y  había surgido como ser humano y retribuí a otras personas los conocimientos adquiridos de manera tangible y manejable”.

Freddy Amaya cierra su disertación con un reconocimiento para quienes hoy siguen de pie: “Actualmente hay un grupo de héroes rubienses que siguen produciendo, agrupados en la Asociación “Nancy”. Son héroes porque con las circunstancias adversas, económicas, ambientales, financieras y sociales, hacen el esfuerzo de producir y comercializar el café contra todo. Regalan su vida a una actividad que no es remunerativa por pura pasión. Esa gente todavía existe, aunque los volúmenes que se manejan son considerablemente pequeños, un 10 % de lo que antes existía. Por eso merecen una medalla”.

 

Rafael y “Nancy”

Rafael Ángel Pérez

Cuarenta y siete años suma Rafael Ángel Pérez como gerente de Productores Asociados de Café “Nancy”. En 1973 se puso al frente de este sistema de comercialización que atendía once empresas de diferentes estados del país.

Esta organización la fundó ”Alarcón Hermanos” junto a empresarios alemanes. En 1968 es adquirida por 133 productores liderados por Justo Concepción Pérez, padre de Rafael. El central de beneficio funciona en manos de los productores desde hace 52 años y aún está vigente.

Rafael Pérez fue un niño agricultor, criado en la aldea Las Dantas; allí aprendió el sistema agrícola en una época donde según comenta ni siquiera carreteras existían. Su papá compró una hacienda cafetalera en la aldea Novilleros, donde aprendió el oficio y se enamoró aún más de la tierra. Después de unos años en la capital de la República, volvió al terruño para quedarse.

Al frente de la empresa, incursionó en la venta e instalación de  secadores de café,  pues en esa fecha había 22 centrales de beneficio en Junín, que no eran suficientes para la cantidad que se producía.

Vieja postal en la máquina de beneficio

“Al central llegaban miles de kilos de más de 360 productores. Además se exportaba con gran éxito. En la empresa Nancy se recibían hasta 64 mil “palitos” por cosecha, un “palito” es equivalente a un bulto con 65 kilos. Ahora se reciben 5500, y este año 2500 “palitos” por cosecha, que es anual.”

Actualmente concentra 58 productores, pero sigue cumpliendo con el trabajo para el que fue creado: “El grano llega en rojo, se descereza, pasa a tanques de fermentación 18 horas, luego se lava con un lavador mecánico y una bomba lo transporta al secador, ahí dura 24 horas para darle punto y pasa a un depósito donde se almacena en pergamino. El productor lo retira cuando quiere, es decir que lo deja almacenado y  funciona como un banco agrícola, pues se trabaja como si fuese una moneda”.

Añora los tiempos prósperos del rubro, aún cuando no se amilana y sigue al frente de su función. Dice que la responsabilidad es lo más importante y la honestidad. Dos preceptos que le enseñó su padre, a quien tiene presente a diario, por el ejemplo que le dio y la pulcritud con que manejaba las finanzas.

En la Central de Beneficio

Productores Asociados de Café “Nancy” cuenta con descerazadoras, lavador mecánico, bomba transportadora en húmedo y secadores, norias, y transportadoras elevadoras. Ha crecido con ganancias propias y se mantiene en el tiempo a pesar de la adversidad.

“Trabajamos con una vocación firme, sin distingos ni colores políticos; nos esmeramos por el caficultor que se incorpora a la empresa. Todo lo coloco en las manos del Señor y son pruebas grandes que Dios nos da.”

A sus 76 años de edad, Rafal Ángel Pérez habla de su más grande tesoro el hogar que formó y sus hijos.” Me siento feliz porque se es más rico viviendo con la pureza de la vida, que con tener bienes materiales”. Labor cumplida.

 

El visionario

Fausto Gori

El núcleo familiar de Fausto Gori se formó en el estado Trujillo, donde llegó su abuelo paterno a finales del siglo pasado; un inmigrante italiano que se asentó en el pueblo Santiago de Trujillo.

Allí pasó sus primeros años para después tomar nuevos rumbos que lo llevaron hasta la Universidad de Kansas, donde se graduó como ingeniero químico.

En el año 1978 fue al Táchira contratado por la empresa que hacía el montaje de la planta liofilizadora en Rubio, actualmente paralizada. Esta experiencia le permitió visitar varios países de Europa y América Latina para especializarse en tecnología de café

Dice que gracias a esto cambió del petróleo al café; los dos productos que se comercializan más en el mundo y decidió diseñar un proyecto para poner en marcha su propia planta. Con financiamiento bancario adquirió equipos y así  en 1986 nació “Concafé”, donde permaneció unos trece años, hasta que decidió vender sus acciones para iniciar un nuevo emprendimiento.

Comenzó a adquirir maquinaria de segunda mano, pero de muy buena calidad, y en la finca de su propiedad, denominada Agropecuaria “la Propicia”, fundó la planta de Café Bramón, donde se cumple el circuito completo de producción, con todos los eslabones de la cadena agroproductiva: a partir de la semilla producen sus propias plantas de café, las siembran, cosechan el fruto, lo benefician, se obtiene el pergamino seco, después el café oro, listo para ser procesado industrialmente.

Pasa a la tostadora donde se somete a altas temperaturas, y allí se transforma en café hidrosoluble. Después se cumple el proceso de molienda y empacado para su comercialización, tanto para los hogares, como en grano para uso en cafetines, panaderías y restaurantes.

Agropecuaria La Propicia

Cuentan con un central de beneficio ecológico, ya que los tradicionales usan por cada kilo de café 40 litros de agua, mientras que con el ingenio ecológico se utiliza un litro de agua por kilo, por lo que los efluentes son mínimos. Esto se complementa con una laguna de oxidación, donde se descomponen y no hay contaminación de ríos. El mucílago se separa y va a la laguna de oxidación.

En 2005 arrancó el proyecto de la planta y en febrero de 2009 salió la primera bolsa de café terminada al mercado. “No fue fácil, nos tocó nadar contra la corriente, pero salimos a flote; aunque para mantener y manejar una unidad de producción hay que hacer esfuerzos titánicos”, afirma con la convicción que da la perseverancia.

Gori aporta algunas cifras de la época próspera del municipio Junín, cuando la producción estaba por el orden de un millón 800 mil sacos, de los cuales una parte se destinaba a la exportación. En contraste, de acuerdo con la estadística más reciente de este año que maneja la planta, esa producción se redujo a 350 mil sacos de café oro, es decir una disminución de más del 80 %.

“Hoy en día producir café es un gran sacrificio, porque hay escasez de todo; de insumos agrícolas, mano de obra y sin tener como mantener las plantaciones en buen estado, la producción se viene al suelo”.

De su experiencia manifiesta que le ha dejado la satisfacción de manejar una materia prima que se cultiva en la región; un valor agregado es trabajar con personas que le dejan una enseñanza a la vez que también aprenden. Dar ejemplo a la gente que trabajando con tesón se logran las cosas, que hay que luchar y generar un producto que lo conozcan por su calidad fue siempre su premisa.

Fausto Gori cree firmemente en su país y en la tierra tachirense que lo adoptó: “Tenemos un gran futuro con el café en Venezuela, porque estamos aprendiendo muchas cosas con la crisis, como incrementar los volúmenes de producción y mejorar la calidad. Ya no dependemos del petróleo. De aquí vamos a renacer como el ave Fénix, de las cenizas con la bebida más consumida en el mundo.

El próximo paso,  en desarrollo, es la exportación del producto terminado: café tostado en grano. Ya se han hecho las primeras pruebas con todas las condiciones que se exigen a los exportadores.

Un visionario que apuesta por su país. Porque no hay cabida para el desánimo.

 

Sabor de cotidianidad

El café de las mañanas encierra más que la bebida oscura y aromática; una parte del hogar, de recuerdos de la infancia, sonrisas y lágrimas. Un aroma que acompaña la rutina del trabajo, la hora de descanso, la conversación con el amigo, el momento de esparcimiento o un grato encuentro con la soledad.

Para muchos es imprescindible porque les ayuda a despertar, dispersar el cansancio, aligerar las cargas y recobrar la energía. El municipio Junín fue tierra que marcó huella con este grano comparado con el oro. Sus protagonistas contaron vivencias y reconstruyeron una historia que continúa cada día con el esfuerzo de quienes ni se rinden ni renuncian.

Sobre la mesa, junto al pan azucarado, en la tarde de tertulia y merienda de costumbre tachirense, solo queda preguntar: ¿Y si nos tomamos un café?

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