Suerte y paciencia en gran escala se necesitan para echar gasolina

1722
Las colas comienzan en la oscuridad y la soledad de la madrugada temprana, pero cuando el sol calienta y la ciudad se activa, convierten el tráfico en un pandemónium.

A las cuatro de la mañana se incorporó a la cola, con la misma esperanza que a esa hora acompaña a miles de tachirenses en las filas de autos para las estaciones de servicio. Acompañada de su hijita pequeña, la educadora venía de Rubio, con muy escaso combustible, porque “allá es casi imposible echar gasolina”.

Pero cerca de la una de la tarde, estando a una cuadra de la estación, se corrió la voz entre los decepcionados conductores: “Se acabó la gasolina. No van a echar más”. La angustia se apoderó de la dama, y con lágrimas, decía que no sabía qué hacer.

Sin gasolina para regresar, obligada a salirse de la cola porque al otro día les toca a otros números de placa, y sin esperanza de mudarse a otra E/S, porque a esa hora, suena imposible, sin duda, le tocó que resolver. No conocemos el desenlace.

Las colas comienzan en la oscuridad y la soledad de la madrugada temprana, pero cuando el sol calienta y la ciudad se activa, convierten el tráfico en un pandemónium. (Foto/Tulia Buriticá)

Otro conductor estaba en otra cola, a la que llegó también en la madrugada. A las 9 de la mañana no había aún movimiento de marcaje, pero tenía que ir a una diligencia, aparentemente rápida. Habló con los conductores cercanos a su auto, y acordaron que ellos le guardaban el puesto. Cuando regresó, casi una hora después, ya habían marcado. Sin embargo, ellos lo dejaron incorporarse.

La cola corrió, y logró llenar el tanque, pero cuando iba saliendo, un militar lo paró y le preguntó por qué había pasado si no estaba anotado. Explicaciones de por medio, con los conductores cercanos como testigos, y demás, no hubo manera de convencer al militar, quien ordenó estacionar el carro y se lo llevaron detenido. Después de muchas diligencias de sus familiares y conocidos, fue liberado en horas de la tarde, varias horas después.

Estas son historias reales que viven los tachirenses por querer apertrechar sus autos de combustible. Como estas, hay miles de historias -quizá cada tachirense tiene la suya-, que son producto de una situación que luce inexplicable, dado que, como el Gobierno se niega a poner las cosas en claro, en cuanto se trata de esta crisis, los rumores y especulaciones hacen de las suyas.

El supuesto afán de imponer orden, de regular la distribución del poco combustible que nos llega,  se transforma en un guillotina que afecta la estabilidad y la tranquilidad de los tachirenses.

Las autoridades militares, responsabilizadas del orden y la facilitación de acceso a las E/S, han implementado medidas que parecen funcionales, pero que, como contrapeso, tienen la opción de ser nada prácticas, si no se complementan con otras medidas, como por ejemplo la información oportuna y veraz, tal cual se establece constitucionalmente.

Se desmoronan las medidas

Dos decisiones que hace poco arrancaron juntas, hicieron pensar en una posible mejora para la atención a los vehículos. El terminal de placa y la contraloría social. Pero la primera tiene una condición: Si pasas un día completo esperando, y no llega la cisterna, debes retirarte de la cola, y esperar dos días, para soñar de nuevo con la posibilidad de abastecer el carro.

Los camiones tienen una capacidad de entre 35 mil y 38 mil litros. Pero últimamente están “compartiendo” la cantidad despachada, por lo que a unas bombas les llegan 13 mil litros, a otras 23 mil y, con suerte, llegan los 38 mil a unas pocas terceras. A cada vehículo le suministran máximo 40 litros, por lo que es fácil calcular que las estaciones atenderán 350, 600 o casi mil vehículos.

Pero esta información no se conoce de antemano. Eso impide que cada quien calcule si tiene chance o no. Además, es sabido que los coleados siempre aparecen. Hoy día es vox populi que en cada E/S entran más de 50 carros cubiertos por la protección del “coleado”, ya sea que pague, o que sea un preferencial.

Y con respecto a la contraloría social o ciudadana, parece que esta está desapareciendo. Hemos visto cómo aumentan lo coleados, sin ninguna objeción, salvo los gritos inútiles de protesta de quienes están a las puertas de las bombas, porque ya no se ven las aguerridas mujeres que lista en mano controlaban rigurosamente el acceso por número de placa previamente anotado. Pero policías o guardias nacionales que están encargados no hacen nada.

Y con respecto a la “especialización” de bombas, según la calidad laboral de los usuarios, se ha visto también tergiversada. De repente las colas para trabajadores de la salud, para funcionarios o para educadores, se han incrementado bárbaramente.

Pero lo más destacable es que ya se ve que los motorizados, que supuestamente tienen 3 bombas para ellos, están siendo atendidos en otras estaciones de servicio, sin ningún requerimiento.

Igual se dijo que los carros o motos preferenciales de algunos funcionarios, como policías, guardias, etc,  eran los oficiales. No pueden ir en moto o carro particular. Eso operó así al principio. Pero ya no se atiende con rigurosidad esa norma.

Mientras tanto, el común de la gente, el que sí tiene que calarse la cola desde la madrugada o de la noche anterior, espera pacientemente que la cola ruede y le llegue su turno que le dará tranquilidad por un rato, porque la crisis vuelve a adquirir dimensión, cuando ve que la aguja que marca la gasolina en su tablero llega de nuevo a la mitad del medidor. Comienza entonces el escozor por la nueva jornada a emprender para conseguir los 40 litros.

Humberto Contreras