domingo 13 junio, 2021
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“Una misión muy linda”

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Freddy O. Durán


A sus 81 años, Gladys Mireya Useche, habitante de Zorca-Piedecuesta, es una persona con todas las facultades para ejercer lo que más ama: la docencia y su destacado rol de madre.

Hablar de su vida de docente le resulta tan emocionante como referirse a su papel materno, pues gracias a su profesión pudo levantar un hogar de 6 hijos: Wilfredo Antonio, César Augusto, Carlos Mario (+), José Vicente, Solery y Jesús Omar, del que partió una descendencia que incluye 10 nietos y 6 bisnietos, algunos de los cuales debe conformarse con verlos en videos y fotografías, pues viven en el exterior.

—Ser madre es una misión muy linda; es un maravilloso ser que Dios ha creado, pero lo tenemos que hacer con principios, sembrando valores como el respeto, la generosidad, la honestidad, para que ellos sean buenos ciudadanos, útiles a Dios y a la patria. Una madre, así no cuente con el apoyo de un padre, debe procurar lo mejor para su hijo, buscando que este “sanito” de cuerpo; pero principalmente “sanito” de alma. Siempre buscando el ejemplo de María. Yo le doy gracias por la familia que me dio, pues mis hijos siempre están pendientes de mí, por lo que tengo y por lo que soy, y en medio de todo me considero una persona generosa, buena— expresa.

Sobre la docencia, recordó que desde muy niña sabía que eso era lo que quería, y sus juegos de niña consistían en llevar a sus compañeritos a un rincón de la casa, y con el vestido y los tacones de su mamá, ser la maestra.

Luego de 32 años de jubilación, se unió a su hija Sorely Delgado, licenciada en Educación Preescolar, para juntas buscar alternativas en medio de la pandemia y qué mejor manera que a través de las tareas dirigidas, en los solariegos espacios de su hogar, adaptado como salón de clase, con medidas biosanitarias incluidas, por supuesto.

Aunque al principio, hace un año aproximadamente, muchas inquietudes surgieron, pero hoy con dos turnos, de 10 niños cada uno, aproximadamente, ya en parte han sido despejadas.

Ganas de vivir

En las tremendas ganas de vivir de doña Gladys, así como en su brío y lucidez, se proyectan las satisfacciones de su familia, que la admira por las ganas que le invierte a su proyecto personal; pero también se solapa en momentos de sufrimiento, al haber perdido a un hijo y dos nietos en circunstancias trágicas.

—Para mí, perder a mi hijo durante un accidente laboral en Telares Táchira fue uno de los dolores más grandes de mi vida; ni tener un dolor físico se le compara. Para mí, un hijo nunca muere -dijo con voz quebrada-. He sabido superar eso, que ocurrió por el año 1989.

Desde muy corta edad, no solo descubrió que podía enseñar, sino que también cantaba, pintaba y bailaba. Tanto talento no quiso su padre, un humilde campesino de Zorca-Buenos Aires, que se desaprovechara, así que intentó encaminarla por un oficio, y aunque él pensaba en la enfermería, ella insistía en ser normalista.

—Mi familia fue muy católica y arraigada a costumbres cristianas, desde los tiempos de mis tatarabuelos. Mi papá fue un agricultor, cultivaba muchas hortalizas y no me da pena decirle que en el mercado que quedaba frente a la iglesia El Santuario yo le ayudaba a vender, incluso matas ornamentales, de esas que llaman suspiros, unas plantas de color púrpura, grandes— narra en detalles.

Agrega con hermosas palabras que en esos tiempos las cocinas eran de leña, “y uno debía colaborar con los deberes de la casa; eso se los transmití a mis hijos, que también debían preparar los alimentos, sobre todo cuando uno estaba toda la mañana en la escuela”.

—Mi papá me mandó a los 14 años a estudiar al Instituto Católico Femenino, en el estacionamiento frente a la sede del Mavet. Ahí fue donde me gradué, en el año 1958, durante el gobierno de transición de Wolfgang Larrazábal, y casi inmediatamente ocupé una vacante en el Ramón Pompilio Oropeza de la ciudad de Carora; luego me trasladaron a Rubio y me dieron la jubilación estando en el liceo Tarabay de Zorca-San Isidro. A mí no me ha costado retomar la enseñanza, porque ha sido la profesión que he amado toda la vida, y me siento tan bien con los niños. Es una forma de dar mi aporte y hacer el bien— contó.

Más que madre, amiga…

Para su hija Solery, referirse a su mamá, sin que las lágrimas le desborden por sus ojos, le cuesta, porque ella no la considera simplemente la persona que le dio vida y crianza, sino ante todo una amiga -su única amiga subraya-, al lado de la cual ha vivido acontecimientos gratos y también otros muy complicados.  Fue su inspiración para encaminarse por la docencia, y también modelo a la hora de criar a sus cuatro hijos.

—Ella es muy cariñosa, muy humilde y muy amorosa, muy dada -sostuvo Solery Delgado-. Mi mamá es para mí lo principal. Es mi mejor amiga y mi ejemplo permanente, para mí y mis hermanos. Ella sabe mucho de Historia, es muy inteligente. Siempre andamos las dos para todos lados. Pinta en tela, ha hecho grabados, ha trabajado la madera, la cerámica; si necesitamos algún dibujo para las tareas de los niños, ella de inmediato nos sale con algo bonito. No sabía que iba a trabajar con mi madre jamás, y ahora es mi mano derecha, para todo.

Mujer emprendedora

En su comunidad, a Gladys Mireya Useche se le ha reconocido su liderazgo social, pues desempeñó varios roles, como presidenta de una Cooperativa de Ahorros de Zorca, presidenta del Club de Boys Scout y de la Asociación de Vecinos de su localidad.

Hoy en día, la posibilidad de retornar a la docencia la recibe con la misma emoción de sus años activos en aulas. Y al respecto trajo a colación ese precepto católico que reza “el que no vive para servir, no sirve para vivir”.

—A mí me encantaba tomar los alumnos de primer grado. Mi satisfacción era ver cómo mis niños, que llegaban sin saber agarrar un lápiz y no podían leer, en abril ya manejaban muy bien esas habilidades. Descubrir esos progresos era mi satisfacción, mi premio, mi orgullo.

Muy preocupada por las nuevas generaciones, no se guarda sus impresiones y consejos en esos temas.

—La juventud está como creciendo sin ideales. No hacen de su vida una bonita, hermosa y gran realización, porque no llevan ideales. Van al son que les toque el momento. Da dolor ver a los muchachos en las esquinas, no haciendo nada, y el ocio es la madre de los vicios. Y una de las cosas que han dañado a la humanidad es la droga— dijo.

Explicó que crio a sus seis hijos y les enseñó a trabajar, el primero que llegara debía preparar el almuerzo, pues ella tenía que trabajar de 7:00 a.m. a 12:00 del mediodía.

—Uno no puede tolerarles a los muchachos cosas que redunden en un mal camino; no, no, eso no se debe permitir. En esta situación, en esta crisis tan difícil, uno tiene que estar en continua comunión con Dios para dar caridad, para dar amor. Tener respeto a los demás y llevar una vida tranquila, conforme con lo que Dios le va a uno dando, es lo más importante— precisó.

De salud, dijo sentirse bien, aunque debe cuidar la presión con medicamentos. La sal y el azúcar, trata de consumirlos al mínimo, y trata de no salir mucho, en prevención del coronavirus.

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