miércoles 16 junio, 2021
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«Nos quedamos atónitos al saber que un supuesto amigo fue el asesino”

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Raúl Márquez


La familia de Karla Luzbey Sánchez Ramírez, la joven de 16 años que fue vilmente asesinada a puñaladas junto a su amigo, Énder Carrillo, de 15 años, no sale de su asombro tras la captura de un vecino muy cercano, como el presunto autor del terrible doble asesinato acaecido el pasado lunes 26 de abril en el sector Los Cruceros, en la vía a La Azulita, jurisdicción del municipio Fernández Feo, en la zona sur del estado Táchira.

Vanessa Sánchez Ramírez, hermana de la adolescente ultimada, como vocera de la familia, comenta que cuando las comisiones del Eje Contra Homicidios del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas, de la delegación Táchira, detuvieron a J.J. Rengifo López, de 33 años de edad, como el presunto homicida, quedaron asombrados y sin palabras.

A Karla Luzbey le gustaban los girasoles. (Foto: cortesía)

«Nos quedamos atónitos y desconcertados al saber que fue él quien asesinó a los muchachos. Él trabajaba en la misma finca que papá; era un vecino muy cercano, compartía con nosotros. Era, supuestamente, amigo de la familia. Luego del crimen, él se hizo presente, fingió ayudar a mis padres, a consolarlos; incluso fingió auxiliar a Karlita y a Énder, para reanimarlos, y le decía a Énder: ´tú puedes, tú puedes´».

Indica Vanessa además que, en los días siguientes al hecho, el presunto homicida se mostró solícito y colaborador, apoyando a la familia en todo. Cuenta que ellos lo atendieron como siempre. Muchas veces comió con ellos, mostrándose triste, pues según decía, “Karla era su vecina favorita”.

«Él estuvo en la casa: comió, bebió, se le atendió con cariño. Pero no nos arrepentimos, pues el Señor conoce nuestros corazones y Él recompensa. La recompensa viene de manos de Dios», subraya Vanessa Sánchez. 

“Cuidamos a sus hijos”

«Cuando los detectives de la policía científica se los llevaron a él y a la esposa, los niños quedaron solos, pero nosotros decidimos cuidarlos, darles comida. En fin, estuvieron bajo nuestra custodia y protección. Ellos preguntaban por sus padres, sobre todo el más grande, el de 10 años, y le decíamos cualquier cosa para que no se preocupara. Si hubiesen caído en manos de personas vengativas, hubiesen actuado contra ellos, pero somos una familia cristiana y Dios nos enseña en su palabra, en Romanos 12, 14: ‹No os venguéis vosotros mismos, hermanos míos, sino dejad lugar a la ira de Dios, porque escrito está›; también dice que ‹Amad a vuestros enemigos›, en el evangelio de Mateo».

«Le pedimos a Dios que lo perdone»

En medio del profundo dolor por la manera como fue asesinada la adolescente, que este año recibiría su título de bachiller, por lo cruel e inesperado, por esa vida inocente y llena de sueños que fue segada con tal saña, sus padres y hermanos le piden a Dios que perdone al presunto autor del atroz hecho, pues más allá de la justicia terrenal y divina, saben que solo Dios puede llenar el profundo vacío de su ausencia.

«En nuestros corazones debería reinar el rencor, pero gracias al Señor, no lo hay. No tenemos odio contra él. Y le pedimos al Señor que, si se arrepiente, lo perdone, pues él también es un ser humano. Porque, aunque nos duela su partida física, sabemos que Karlita está con Cristo Jesús: por su humildad, sencillez, por la persona que fue en esta tierra. Y como le gustaba cantar, sabemos que estará cantando como siempre, pero ahora en el coro del Altísimo».

«Aún nos parece mentira»

Han pasado 15 días desde aquel aciago lunes en el que se perpetró el doble homicidio de los estudiantes, que consternó al sur del Táchira, y la familia de Karla Luzbey sigue preguntándose el porqué. A la par de este sentimiento que los embarga de desasosiego, la recuerdan, rememoran anécdotas, sus chiquilladas, su talento para el canto y el modelaje, su fragilidad y ternura.

«Todos estos días han estado marcados por un dolor muy profundo. A Karlita la amábamos mucho. Desde el mismo momento en que mamá nos dijo que iba a tener un bebé, para papá y nosotros fue una gran alegría. La amábamos mucho y la extrañamos. Su voz, su sonrisa, su forma de ser, tan cariñosa, tan sencilla, tan frágil…En estos días, recordamos que ella amaba los girasoles y una vez le dijo a papá que sembráramos bastantes girasoles en el patio, para ella algún día tomarse fotos entre ellos, algo que nunca podrá ser».

Por último, piden a las familias y a la sociedad venezolana acercarse a Dios, en estos tiempos convulsos, de crisis y en los que, en muchos casos, no se valora la vida. «Queremos que la sociedad reflexione, que entienda que sin el poder de Dios, ni las hojas de los árboles se mueven. Esto nos ha conmovido mucho, nos ha causado mucho sufrimiento, pero ponemos todo en manos del Señor».

(Raúl Márquez)

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