miércoles 8 julio, 2020
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Juan Alberto Sánchez: mirada de asombro ante lo cotidiano

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Norma Pérez

Juan Alberto Sánchez tiene el don de transformar lo rutinario en arte. Atrapar en el momento preciso el lugar, el paisaje, el gesto. Lo que al ojo común pasa desapercibido para él es la oportunidad de captar una imagen única e irrepetible. En su mirada hay asombro ante lo cotidiano.

Fotógrafo de vocación más que de profesión, este ingeniero agrónomo que nació en La Grita un 6 de mayo de 1951, dedica el tiempo libre que le obsequió su jubilación como presidente de la Fundación para el Desarrollo de la Ciencia y la Tecnología del estado Táchira, a preservar vivencias e historia, del desencuentro y el olvido.

A la fecha tiene un valioso registro fotográfico donde recrea momentos de su pueblo, su familia, iglesias, capillas, paisajes, casas, siembras, personajes, costumbres y carreteras del municipio Jáuregui. Del ser humano en su hacer y quehacer. De la vida misma.

Tras las huellas de su padre

Como niño huérfano de madre, Juan Alberto Sánchez fue muy apegado a su padre, quien era aficionado a la fotografía y tenía una cámara pequeña con la que hizo los primeros disparos. De sus manos también recibió como regalo su primera cámara, una kodak instamatic 25. Era el año 1966 y ese instante señaló significativamente su destino.

Comenzó a tomar fotografías en blanco y negro porque estos rollos eran más económicos y recuerda que a partir de allí se abrió un mundo de posibilidades. Todo cobró matices nuevos frente al lente rudimentario y maravilloso a la vez.

En su época de estudiante universitario comenzó a ahorrar hasta que reunió el dinero para comprar una cámara de procedencia rusa marcha Zenit, recomendada en los libros de fotografía para principiantes. Para él era una cámara maestra.

A la par continuaba formándose en este arte, leía textos especializados y aclaraba dudas con el personal del departamento de audiovisuales de la Universidad del Zulia, donde cursaba la carrera de ingeniería agronómica. Poco a poco fue aprendiendo y comenzó a hacer diapositivas porque le gustaba el sistema que después le permitía verlas como una película. Por nostalgia tal vez, guarda un proyector de carrusel.

A punto de graduarse compró una cámara profesional Olympus M1, que unos amigos le trajeron de Estados Unidos y todavía conserva; compañera de muchas jornadas de trabajo ya que la usaba para documentar la labor que realizaba sobre conservación de cuencas en el Ministerio del Ambiente, después en Corpoandes donde trabajó con sistemas de riego, en la Unidad de Programación Especial del Suroeste y la Corporación Venezolana del Suroeste, en el área de planificación agrícola y ganadería de altura de San José de Bolívar.

Durante este trajinar profesional, aprovechaba los pocos momentos libres para profundizar por medio de la lectura de revistas especializadas y con un fotógrafo que trabajaba con él, Ricardo Ramírez, quien le enseñó de manera práctica a revelar en blanco y negro así como otras técnicas.

Fotografía y vida

Entre risas recuerda el artista un aspecto anecdótico de su vida y es que en La Grita era al primero a quien invitaban a las fiestas. Bautizos, bodas, cumpleaños, aniversarios y demás celebraciones. Pero no era para contar con su grata presencia, sino para que llevara la cámara y tomara las fotos del evento social. Una manera fácil de no gastar en pago de fotógrafo.

Mientras recorría los municipios del eje de montaña en los años 80, hizo una recopilación fotográfica de trojas, que son estructuras para guardar las cosechas. Este tipo de arquitectura cobró su atención porque está prácticamente desaparecida. Su intención es editar un libro con esa colección de imágenes; mientras llega ese momento, adornan las paredes de su casa.

Una de las trojas de la colección

Las trojas

Con satisfacción menciona que a su esposa y a sus hijos, una odontólogo y dos ingenieros informáticos, les gusta la fotografía y que fueron estos últimos quienes le animaron a abrir una cuenta de Facebook e Instagram y después un blog para mostrar su quehacer artístico. Hubo una experiencia previa en la página  web “Gente de La Grita”, donde comenzó a publicar fotos en el año 2013.

Con su blog www.humogria.com, sitio web que desarrollaron sus hijos para él, quiso ir más allá de la imagen y le agregó texto con datos sobre la historia o características del lugar, de manera amena y resumida. El nombre de Humogría lo adoptó porque así llamaban los aborígenes a La Grita.

En esta experiencia dice que aprovechó dos hábitos más de su padre: el de la lectura y escribir, por lo que ya tiene varias crónicas de personajes de su pueblo. “Mi interés radica en dar a conocer cada lugar, así como aportar datos que en algunos casos son desconocidos por las personas. Documentar las imágenes, darle contenido para que quien la observe conozca los detalles. Eso me abrió otra perspectiva, la fotografía con un contenido”.

En su haber artístico, diversas exposiciones de colecciones: las trojas, serie de cien rostros y actualmente completa la serie de cien casas de campo. En el blog archiva unas mil 500 fotografías, todas con su texto explicativo.

Belleza del campo jaureguino

“Cuando me retiré de Fundacite después de 16 años me dediqué de lleno a la fotografía ya en su era digital; cuando se entra a la tecnología digital es un vuelco para el fotógrafo. Hay oportunidad de ensayar y corregir. Es un cambio enorme y extraordinario”, manifiesta, con el sentimiento de quien se formó con esfuerzo, sin desmayar en su empeño durante años.

Para Juan Alberto Sánchez la fotografía es parte de su vida: “Lo que más me llenó fue cuando hice la serie de las trojas, me marcaron la vida. No he visto a nadie que las vea y no les guste. Cuando las expuse fue una muestra muy visitada. También tener una foto de alguien que ni se imagina que existe. Me atrevo a escribir. Eso es un valor agregado a la imagen. Un poco el mundo en que he estado en la fotografía”.

Un aprendizaje que no cesa. Siempre entre ensayo y error. Durante mucho tiempo quiso hacer la mejor fotografía de la luna pero no le salía muy bien. Recientemente la modelo no fue esquiva. El eterno indagador autodidacta lo logró.

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