domingo 20 septiembre, 2020
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“El ego es uno de los grandes problemas del hombre”

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Para el ex atleta tachirense Carlos Ramones el apoyo de su familia y su comunidad es algo difícil de retribuir. También los momentos que sigue viviendo en nombre de la ULA, institución a la cual representó en numerosas competencias nacionales e internacionales

 

Leoner Hernández


Primero un pie y luego el otro, poniendo antes el talón y provocando el bamboleo del cuerpo. Cuando Carlos Ramones empezó su carrera deportiva, la técnica no era la misma. En ese entonces, todavía era un niño de 12 años y simplemente corría con otro grupo de muchachos alrededor de la manzana, en La Concordia. Tras correr en competencias nacionales y ganar el maratón de San Sebastián, sí puso en práctica la técnica que impide a marchistas alzar los dos pies al mismo tiempo, pero que a él lo elevó entre sus rivales.

Ahora, en el tramo posterior a su retiro, Ramones no se desliga de la disciplina que le llevó a ganar 30 campeonatos nacionales, ocho títulos universitarios, ser doble campeón centroamericano y del Caribe, campeón suramericano y subcampeón bolivariano. También a obtener puestos destacados en Canadá, Estados Unidos, Argentina, Cuba, Colombia, República Dominicana y Puerto Rico. Eso sí, ahora sigue ejercitándose desde su casa con las precauciones que exige la cuarentena.

“Yo inicié aquí en el 77 o 78 los entrenamientos de marcha atlética. Era un tiempo en el que la gente de acá no había visto la técnica”, recuerda Ramones sobre el peculiar movimiento desconocido en el Táchira, pero muy explorado en Caracas, Anzoátegui o Carabobo. Lo practicó en las madrugadas y ya para 1979 viajó a la capital del país para participar en su primer gran evento. Resultado: cuarto lugar.

“Regresé sorprendido porque pensé que iba a ganar como ganaba aquí y no fue así. Allá había mejores atletas y me ganaron. Pero regresé pensando que iba a ser el campeón de Venezuela al año siguiente y empecé a entrenar”. Dicho y hecho. En 1980 se realizó el Campeonato Nacional de Atletismo en el Táchira y Ramones participó en la caminata de los 20 kilómetros. La consecuencia fue su primera gran medalla de oro como marchista y el estreno del estado en lo más alto del podio nacional.

—¿Se considera una gloria deportiva de la región?

—No lo sé, ese es uno de los grandes problemas del hombre, el ego. Ahorita estoy en el Salón de la Fama del Atletismo Venezolano desde el año pasado y llegué a tener siete récords nacionales. Me han tumbado cinco pero después de 33 años. Todavía me quedan dos récords y uno de ellos es el más antiguo del atletismo venezolano: 50K en pista de 1985, de 4 horas y 45 minutos.Yo pensaba que durarían solo semanas porque había mucha competencia y me repetía a mí mismo: ‘Si coloco el récord por 10 días, sería grande’. Pero no es algo que me corresponda a mí valorar.

¿Cuál es el otro récord?

—El de los 10K en 40 minutos y 56 segundos.

Precisamente ese éxito en el campeonato de 1980 llevó a Ramones a participar en la Semana Internacional de la Caminata en México al año siguiente. Allí, en Ciudad de México, Guadalajara, Xalapa y frente a atletas de todo el mundo, el marchista tachirense logró colarse entre los cinco primeros en la prueba de los 10K. «Cuando quedé quinto lugar en México, todo el mundo se preguntaba quién era Carlos Ramones y yo dije: ‘Hace unos días, nadie me paraba. Yo soy Carlos Ramones'», recuerda sobre aquel viaje, en el que además compitió con las botas rotas.

Ese vuelo fue uno de los más emblemáticos para Ramones, aunque no tanto como la primera vez que ganó la medalla de oro en los Juegos Centroamericanos y del Caribe en Guatemala. Allí logró alzarse en la prueba de los 20K y escuchar el himno nacional en el estadio. En esa contienda, recuerda, los rivales eran México y Colombia. Como siempre.

Ramones recuerda que se unieron todas las universidades para enviar atletas y hubo una delegación bastante completa para participar. “Había equipos en 12 deportes. Incluso, nosotros nos fuimos en un avión de la Fuerza Aérea de Maracay y nos llevaron directo a Guatemala. Antes Venezuela era uno de los animadores de esos juegos, pero todo eso se quedó atrás”.

La familia tiene un lugar importante para Ramones. Al inicio de su carrera, su mamá apoyaba sus aspiraciones deportivas aunque no viviera en Táchira. Sin embargo, su papá no opinaba igual. A él no le gustaba que practicara deportes y a Ramones le tocaba entrenar a escondidas. Pero luego comenzó a ganar competencias y él entendió que era algo sano. «Independientemente del resultado de una competencia, la familia siempre está con uno. Hay que diferenciar entre fanático y familia. Cuando uno deja el deporte, ellos te siguen apoyando”.

Igual de importante a sentirse satisfecho por su carrera, es no tener ninguna espina clavada con nadie. Pero, claro, sí recuerda con decepción la vez que no pudo ir a los Juegos Olímpicos de Seúl y el Comité Olímpico sancionó el atletismo por problemas dirigenciales. No pudo viajar. «Cuatro atletas no nos pudimos subir al avión. Eso no me inquietó. Estuve unos días mal, pero luego seguí compitiendo”.

—¿Qué fue lo que le diferenció de otros competidores y le dio resultado?

—Hay muchos factores, pero yo pienso que la decisión de ser el mejor. Cuando yo inicié no tenía nada, ningún equipo que me acompañara, ni logística alguna. Pero yo estaba decidido a ser el mejor de Venezuela y tenía mucha actitud. No me amilanaba muy fácil. Luego está el apoyo de la familia y del sector en el que vivo. La universidad también me dio un apoyo importante y pude competir muchas veces representando a la Universidad de Los Andes (ULA). Todo eso me permitió llenar mis expectativas y superar mis metas.

Su última carrera como profesional fue el Campeonato Suramericano en Santiago de Chile, en donde a los 52 años ganó los 5K y quedó segundo en el de 10. «Ahí dije que ya no quería seguir compitiendo. Ya estaba cansado, es una vida muy bonita pero también sacrificada. Además, quería retirarme ganando un evento grande. Vivir como alguien normal”.

Y esa normalidad la logró. Ramones sigue entrenando sin las ataduras que la profesionalidad exige y ayudando a los prospectos que emergen, como el Club de Patinaje Panda. La idea es guiarlos, como alguna vez lo hizo Luis Apolinar con él y sin sobrecargar la importancia del éxito que consigan porque, como dice Ramones, “el éxito es por un momento».

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