viernes 3 diciembre, 2021
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REFLEXIONES DEPORTIVAS

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PEDRO VÁSQUEZ


GLORIA EN LAS ALTURAS

A Doña Gloria la conocí, en la década del noventa, gracias al entrenador Manuel Fortoul, quien me invitó a acompañarlo a dar unas declaraciones en Diario La Nación; mientras me contaba de las cualidades como baloncestista de Doña Gloria. Caminando, desde el gimnasio Arminio Gutiérrez Castro, insistía que no le temía a jugadoras más altas y corpulentas, se comportaba muy bien en las alturas, anotaba con facilidad.

En la redacción del periódico, ya había estado por asuntos deportivos; pero entrar a la oficina de la propietaria y editora fue una sensación estimulante que despertó en mí el interés por escribir. Esto lo entendí varios años después, y lo expresé en una entrevista, con Ramsés Díaz León, en la radio 1.060.

En el transcurso de los meses, por diversas razones basquetbolísticas, visité con más frecuencia las oficinas del periódico, fui atendido, siempre amablemente, por la redacción deportiva.  Con motivo del cambio de reglamentación impuesto por la FIFA, después del mundial USA 1994, de pasar de dos puntos por partido ganado, a tres puntos por cada victoria, me atreví a escribir mi primera opinión escrita que titulé: La media inglesa.

Me dirigí a diario La Nación, impúber en estas lides como escritor, con la esperanza firme de lograr que me publicaran, llevando como as en la manga, la intervención de Doña Gloria. El jefe de las páginas deportivas, Gustavo Carrillo, me atendió amablemente como siempre, se sorprendió que viniera ahora en plan de columnista. Revisó, me hizo observaciones sobre la extensión y la puntuación; además me preguntó cómo había nacido la inquietud de escribir sobre este tema siendo gente del baloncesto.

Ante esta interrogante, me redescubrí. Soy del deporte. Le manifesté que en los programas deportivos radiales estaban con esa discusión, sin claridad matemática, porque cuando se otorgaban dos puntos por triunfo la media inglesa era ganar de local y empatar de visitante, o sea hacer 3 puntos de 4 posibles. Ahora pues las cuentas no les cuadraban fácilmente y mi reflexión, en resumen, era que había que hacer el 75% de los puntos.

La media inglesa se publicó y el as continuó debajo de la manga. Seguí escribiendo, ocasionalmente, con la revisión vía fax del Dr. Jorge Castellanos Galvis, y algunos lectores me fueron alentando. Un día conversando, con Nelson Augusto Buitrago, en la puerta de Ecos del Torbes, brotó el nombre de reflexiones deportivas.

Con motivo de asistir al Mundial Juvenil de Baloncesto en Portugal, en compañía de Fernando Lobo y Edgardo Márquez, para transmitir las incidencias por Ecos del Torbes, me atreví a proponer escribir una columna diaria para La Nación. Era julio de 1999 cuando me acerqué a las oficinas del periódico. En deportes me dijeron que tenían que consultar, que pasara después. Pasé a los tres días y recibí una noticia positiva.

Mi primera incursión, como columnista diario, fue internacional. Susto. El aprendizaje estresante, sin trainer. Un palpitar diario por encima del promedio. En la sala de prensa del torneo, me facilitaban las estadísticas y un computador con su impresora. Me sugerían que usara Internet que, para esa época, aún era incipiente en Venezuela.

Una vez impresa la columna, la pasaba vía fax, a mi trabajo en la Alfarería Industrial Táchira, donde me hacían el favor de transcribirla. Vía telefónica se hacían las aclaraciones correspondientes, la imprimían y llevaban al periódico.  Esa faena duró 15 días, con el agregado de la diferencia horaria.

Ese año se hicieron otros cubrimientos,  del baloncesto nacional e internacional, que fueron reconocidos por la Federación Venezolana de Baloncesto al nombrar como medio impreso y emisora del año a Diario La Nación y a Ecos del Torbes respectivamente; quien escribe fue electo comentarista de 1999. Doña Gloria, con su sonrisa encantadora, recibió de mis manos la placa que acreditaba el reconocimiento mencionado.

Los escritos eran esporádicos y siempre publicados. Para el mundial de fútbol en Alemania 2006, con más entrenamiento, fui al periódico para ver la posibilidad de hacer reflexiones deportivas patrocinadas. En deportes me dijeron, tiene que hablar, directamente, con Doña Gloria y le anticipo que su hijo Fabio va a hacer una columna al respecto.

No necesitaba un as bajo la manga. Necesitaba un póker de ases para lograrlo. Con el gusanillo que se tiene al lanzar tiros libres para asegurar un juego; solicité ser atendido por Doña Gloria. Al entrar y verla con su semblante sereno, con su cabello impecable y con una sensibilidad, a flor de piel, que la iluminaba, las palabras tardaron en salir.

Una vez afiné, le expliqué mi propuesta. Esa mixtura de mujer ejecutiva con la elegancia de Carolina Herrera, la bondad de Teresa de Calcuta, y un brillo en el rostro como la Mujer Maravilla, me dijo: “Pedro hable con Carrillo, yo lo llamo”.

Subí las escaleras rápido, con el orgullo agigantado, para ir a la redacción deportiva. Llegué en menos de 30 segundos. Al llegar me dijo el jefe de deportes: Listo, Pedro, ya Doña Gloria me llamó.

Esa era Doña Gloria, siempre dispuesta a colaborar, a enseñar, a apuntalar. La ciudad hace varios años que la extraña, ahora la despide y reconoce como una de las mujeres más importantes que ha tenido el estado Táchira.

Las reflexiones deportivas continúan con el consentimiento de los ejecutivos del periódico y la anuencia de Homero Duarte. Siempre estaré agradecido a Diario La Nación, en particular a Doña Gloria, por permitir expresar mis opiniones asociadas al deporte.

La presencia celestial de Doña Gloria está garantizada pues bien dicen las sagradas escrituras por sus obras les reconoceréis. Ahora, nos queda como buenos tachirenses aprovechar los viajes de los amigos: Doña Gloria, en las alturas, intercede por la paz que los venezolanos anhelamos.

 

 

 

 

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