EDICIÓN FRONTERA | Economía descendió por cierre de los puentes internacionales

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Comercios cerrados y solos forman el panorama económico de Ureña.

EL DATO

Las ciudades de San Antonio del Táchira (capital del municipio Bolívar) y Ureña (capital del municipio Pedro María Ureña) eran referencias comerciales. Los habitantes del estado y de otras entidades aledañas veían en estos urbanismos una excelente y oportuna alternativa para realizar importantes compras, de todo tipo. Ahora se vive otra realidad

DE INTERÉS

Jhon Carrillo, alcalde del municipio Pedro María Ureña, solicita al Gobierno nacional evaluar la posibilidad de una apertura total de la frontera y restablecer el libre paso por los puentes que unen a estas dos naciones hermanas

Por Favio Hernández

este lunes, 19 de agosto, se cumplieron cuatro años del cierre indefinido de la frontera venezolana con la república de Colombia, ordenado por el presidente de la nación, Nicolás Alejandro Maduro Moros, como consecuencia de una serie de hechos violentos que se registraron en la población de San Antonio del Táchira.

Como era de esperarse, este dictamen trajo consigo sus respectivas consecuencias, las cuales van desde lo económico hasta lo social, afectando de manera considerable la actividad entre las poblaciones fronterizas, tanto de Venezuela como de Colombia.

Desaparición comercial

Una de las materias en las que más se reflejaron las consecuencias que trajo el cierre fronterizo se refiere a la actividad económica de las zonas que conforman la línea limítrofe con el Estado neogranadino.

Precisamente, los municipios Bolívar y Pedro María Ureña resultaron notablemente afectados por la decisión presidencial, pues a lo largo de su historia han sido dos pueblos que, prácticamente, han vivido de la actividad económica que el movimiento fronterizo les proporciona.

Anteriormente, las ciudades de San Antonio del Táchira (capital del municipio Bolívar) y Ureña (capital del municipio Pedro María Ureña) eran referencias comerciales. Los habitantes del estado y de otras entidades aledañas veían en estos urbanismos una excelente y oportuna alternativa para realizar importantes compras, de todo tipo.

Para el comercio fronterizo es vital la interacción con sus homónimos del otro lado del puente, pues tanto empresarios colombianos como venezolanos están destinados a sostener buenas relaciones comerciales y así obtener mutuo beneficio.

Por ende, el cierre ocasionó el impedimento del libre tráfico de mercancía por los canales regulares, dejando a Venezuela sin materia prima para la producción, y tampoco el material ya acabado.

Esto llevó al éxodo de muchos comerciantes, tanto formales como informales, hacia la ciudad de Cúcuta, Colombia, para continuar ahí sus actividades económicas, dejando al sector comercial de la frontera venezolana en total abandono.

Economía por el suelo

Durante estos últimos cuatro años, la economía fronteriza ha sufrido un considerable descenso, repercutiendo directamente en el bolsillo del venezolano, pues ahora se ha visto en la obligación de la adquisición de otras monedas (pesos y dólares) para la compra de artículos que necesita, es decir, lo que antes lo hacía en bolívares y en territorio venezolano, actualmente lo debe hacer en moneda extranjera y en suelo colombiano.

Tal lo reflejan las principales avenidas de San Antonio y Ureña, en las cuales se pueden apreciar más de la mitad de los locales con sus santamarías abajo, y los que aún siguen abiertos ya no ostentan la opulenta mercancía que años atrás exhibían.

Ante la escasa producción por parte de Venezuela, a los propietarios de los negocios de la frontera les ha tocado importar su mercancía desde Colombia, a través de vías ilegales, como el paso por las trochas.

Obviamente, esto conlleva un costo mucho más elevado en el producto, por lo que al comprador le es más difícil concretar su adquisición, prefiriendo trasladarse él mismo a Cúcuta, o simplemente no adquiriéndolo, dejando dinero en la economía vecina y no en la local.

Clamor popular

La petición es unánime en todo el sector fronterizo; pueblo y autoridades están conscientes de la situación desfavorable y claman por una pronta apertura total de la frontera con Colombia.

Jhon Carrillo, alcalde de Ureña.

Jhon Carrillo, alcalde del municipio Pedro María Ureña, manifestó la necesidad que tienen los habitantes de la frontera criolla con respecto a mejorar la golpeada economía del sector, por lo que él mismo solicita al Gobierno nacional evaluar la posibilidad de una apertura total de la frontera, y restablecer el libre paso por los puentes que unen a estas dos naciones hermanas.


Otros problemas

 Los problemas acarreados por el cierre fronterizo van, también, más allá del factor económico, pues abarcan lo social, lo que origina más necesidades en los habitantes de las poblaciones que conforman esta importante zona geográfica patria.

Indicó Carrillo que en Ureña existe una gran población estancada de individuos procedentes de otros estados del país, que se trasladaron a la frontera por diferentes finalidades, como lo son la migración, mejoras económicas, entre otras.

No obstante, algunos, “por una u otra razón”, no pueden llevar a cabo su intención principal, por lo que no tienen otra alternativa más, sino la de establecerse en estas ciudades de la frontera.

Indica el alcalde de Ureña que dichos asentamientos incrementan la demanda social en Ureña y San Antonio, puesto que deben gozar de los múltiples servicios públicos que el pueblo percibe, tanto en lo sanitario y residencial, como alimentario y educación, entre otros.

“A pesar de que hemos llevado a cabo algunas jornadas sociales en las que este grupo de personas se han logrado beneficiar, no han sido suficientes para saciar sus necesidades”, aclaró la principal autoridad del municipio Pedro María Ureña.