viernes 23 octubre, 2020
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El combustible del vecino país gana terreno en la frontera

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Cada día se hace más común la venta de combustible colombiano en casas del casco central de San Antonio del Táchira


 Jonathan Maldonado


La escasez de gasolina en Venezuela ha provocado un hecho atípico en la frontera: la venta de combustible colombiano está cobrando fuerza en Bolívar y Pedro María Ureña, dos municipios que se mantienen en toque de queda y en aislamiento total a causa de la pandemia.

El camino utilizado para cruzar la línea invisible, que separa a ambas naciones, son las trochas. Por esas sinuosas rutas pasan las pimpinas llenas, que otrora hacían el recorrido a la inversa, de Venezuela a Colombia, para abastecer al departamento de Norte de Santander.

Su color verduzco genera un poco de desconfianza, “pero no hay otra opción”, señalan los consumidores del lado venezolano, quienes suman varias semanas sin poder acudir a una estación de servicio para surtir. La poca gasolina que arriba es para los vehículos que integran el plan de contingencia por el virus.

El actual panorama ha generado que el vecino país implemente vigilancia policial en las gasolineras con el propósito de frenar el contrabando de combustible hacia Venezuela. La medida fue acordada entre los propietarios de las estaciones de servicio y el comandante de la Policía Metropolitana de Cúcuta, José Palomino.

“A 6.000 pesos dos litros”

En San Antonio del Táchira ha crecido la venta de gasolina en diversos barrios de la localidad. Algunos la exhiben en las aceras; otros solo tienen un letrero que permite entender el tipo de producto que se ofrece, y también está quien, por el tiempo en el negocio, ya cuenta con clientes fijos, sin necesidad de tantos aspavientos.

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“Los 36 litros ya están en 100.000 pesos”, soltó, algo impresionado, Javier Rivera, quien, desde hace seis meses, se dedica a la venta de gasolina en el casco central de la ciudad fronteriza. “Yo soy administrador, pero la covid-19 ha generado más soledad y desempleo, son pocas las alternativas que nos quedan”, acotó.

Rivera suele exhibir un embudo, como sinónimo de que tiene el anhelado carburante. “Ya las ventas no son clandestinas, muchos lo hacen por necesidad y frente a la mirada de todos”, recalcó mientras atendía a un mototaxista que arribó al sitio a comprar cuatro litros. Pagó 12.000 pesos.

“A muchos nos asustan los controles que se están implementando en Cúcuta para evitar el contrabando. Eso está haciendo que la gasolina nos llegue más cara”, lamentó el caballero de 47 años, al tiempo que aseguraba que el combustible que le traen para revender entra por la parroquia El Palotal y de ahí la trasladan hasta San Antonio.

Según Rivera, actualmente solo le están quedando 10.000 pesos de ganancia por los 36 litros que suele adquirir, cada dos días o tres; “todo depende del flujo de clientes que se presenten. No siempre es igual, hay jornadas buenas y otras un tanto pésimas”, resaltó.

En envases de refresco

Los envases de refresco, de dos litros, son los recipientes usados por los revendedores de combustible en la frontera para guardarlo. “La gasolina colombiana ya la están llevando a otras ciudades no fronterizas del estado Táchira”, apuntó.

En este negocio, mujeres y hombres están saliendo al trote sin perder las esperanzas de que la pandemia culmine pronto para emprender otros oficios que no impliquen riesgos y contratiempos. “Nunca imaginé que terminaría vendiendo combustible”, subrayó Javier Rivera.

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